Julia Carabias <br>&#34Los empresarios

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Mudarse del pequeño cubículo que ocupaba en la Facultad de Ciencias a la amplia y luminosa oficina desde la que ahora atiende en la Secretaría de Ecología, Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca (Semarnap), parece una operación simple. Sin embargo, no lo es. Porque a Julia Carabias le ha tocado llevar el timón de los asuntos ambientales de México justo en medio de una fuerte crisis económica y en el momento en el que, en nombre de la modernización, el presidente Ernesto Zedillo decidió unificar en una sola institución todo aquello que andaba disperso en otras secretarías de Estado.

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Uno de los temas en los que ustedes más han insistido es el desarrollo sustentable, pero se han hecho pocos esfuerzos para que la población entienda el concepto y su importancia. ¿Qué es el desarrollo sustentable?
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Durante los años 70 y a principios de los 80, las naciones en vías de desarrollo tuvieron un significativo auge económico que no significó una mejoría en las condiciones de vida de la población. En muchos casos, incluso, el crecimiento de la pobreza fue notable. Esto llevó a un cuestionamiento de las teorías económicas en boga y de las políticas de desarrollo imperantes, en el sentido de lo difícil que resultaba empatar desarrollo y crecimiento económico. Se introdujeron entonces como parte del desarrollo -indicadores sociales (salud, educación, vivienda, bienestar) y se retomó el concepto de desarrollo pero sin dejar de discutirse que con éste se debería alcanzar una redistribución del ingreso. En 1992, durante la Cumbre de la Tierra celebrada en Brasil, surge el concepto de desarrollo sustentable y señala el problema de que las bases materiales del desarrollo en el largo plazo se van a acabar y que las futuras generaciones no van a poder contar con ese mismo desarrollo. Se plantea entonces la idea de incorporar criterios ambientales y buscar que las políticas de crecimiento estén basadas en un desarrollo que permita la mejoría de las condiciones de vida y el bienestar de la población y que, a su vez, permita que las generaciones futuras cuenten con las mismas condiciones de vida que las generaciones actuales. Esto obliga a que la base material del desarrollo, que son los recursos naturales, tengan una forma de incorporarse en los sistemas productivos sin que se elimine o se extraiga de la naturaleza más de lo que ésta pueda renovar y no se deseche a la naturaleza más de lo que ésta puede asimilar. El desarrollo sustentable es, entonces, dar una orientación a las políticas económicas tal, que reconozcan y valoren las bases naturales del progreso y el bienestar y que sean capaces de incorporar los beneficios del desarrollo a los millones de habitantes que aún viven en la pobreza.

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La Semarnap tiene una serie de funciones y controla aspectos que aparentemente no tienen que ver entre sí: lo mismo está involucrada en los problemas de la pesca en alta mar que en los asuntos ambientales propios de las grandes urbes. ¿Cómo priorizar, clasificar y resolver los problemas?
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La idea de concentrar tantas funciones en una sola institución se basa en el criterio del Presidente de tener integrado el manejo de los recursos naturales con los criterios ambientales. Esto siempre había estado separado, lo que no nos permitía trabajar con una visión integral del desarrollo. La institución ahora tiene bajo su control toda la gestión ambiental y de recursos naturales y esto nos lleva a la posibilidad de administrar los recursos naturales de modo mucho más coherente y con dos componentes: revertir las tendencias del deterioro y lograr que todas las actividades productivas puedan incorporar criterios de sustentabilidad y se planteen a largo plazo. ¿Cómo hacerlo? A través de instrumentos y mecanismos que tienen que ver con el fortalecimiento del marco normativo, con la participación social y con la descentralización de las actividades, de manera que haya una corresponsabilidad institucional nacional.

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¿Cuáles son las prioridades? Fortalecer el sector forestal y detener las tendencias de deforestación, erosión y pérdida de la -biodiversidad que vienen juntas. Tenemos muy claro que eso no se va a poder revertir en el corto plazo. Lo mismo vamos a hacer con la contaminación de aguas y aire, con programas específicos de calidad del aire y de control de la contaminación de las aguas, fortalecimiento de la biodiversidad a través de las áreas naturales protegidas, de los programas de manejo de la vida silvestre, reforestación y recuperación de los suelos.

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¿Cómo piensan detener el deterioro de los recursos naturales propio de los procesos productivos y darle este giro de -sustentabilidad?
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Estamos poniendo en marcha todo nuestro potencial productivo y trabajando con quienes están involucrados en la producción para que incorporen a su actividad los criterios de sustentabilidad. Ello implica, por ejemplo, lograr un ordenamiento de la actividad pesquera. Esto permitirá diversificar las pesquerías, que actualmente se concentran alrededor de muy pocas, y generar más empleos. Además, permitiría fortalecer el resto de la cadena productiva hacia el procesamiento, distribución y comercialización de los productos pesqueros.

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En la parte forestal, tenemos cada vez un número mayor de tierras degradadas. Hay que revertir esa tendencia mediante un subsidio autorizado por el presidente Zedillo de hasta 65% en inversión en plantaciones comerciales para revertir el proceso de deterioro del suelo y fortalecer la actividad industrial de recursos forestales. Tenemos, asimismo, el programa de apoyo a bosques y ecosistemas naturales nativos con el cual trabajamos directamente con comunidades indígenas que habitan en regiones forestales. Para ellas hay apoyos, asistencia técnica, mejoramiento de la estructura carretera, para fortalecer el resto de la cadena productiva. Con eso se pretende mejorar las condiciones de producción y de vida de las poblaciones que ahí habitan y también provocar un repunte de la actividad industrial.

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El otro paquete productivo que tenemos tiene que ver con los servicios y con la actividad industrial. En este campo tenemos mucho camino avanzado con los representantes empresariales; ellos han venido trabajando en el seno de nuestros comités, tanto en la normatividad como en la búsqueda de instrumentos que nos permitan acceder a tecnologías más limpias en los sistemas productivos y en el fomento de inversiones nuevas en el “mercado verde” para ir construyendo infraestructuras que hoy están muy rezagadas. Por ejemplo, los centros en donde se manejan residuos peligrosos y que constituyen una urgencia para el país, o las plantas de tratamiento de agua que hoy representan un cuello de botella (solamente 10% del agua es tratada, el resto de aguas residuales se arroja a distintos cuerpos de agua y esto genera severos problemas de contaminación).

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La otra vertiente tiene que ver con la actividad vinculada al turismo: nos interesa el ecoturismo como opción distinta, y esto se haría en zonas que incluso pueden ser reservas, áreas naturales protegidas pero que podrían significar una derrama económica para el país y para la región.

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Finalmente, yo señalaría como otra de nuestras prioridades la solución a los problemas de agua que hoy tiene México: hay que abastecer de agua potable, alcantarillado y sistemas de saneamiento a todas las comunidades que están rezagadas. Existen 12 millones de mexicanos sin agua potable y 27 sin alcantarillado. Eso ya no debe ser parte de un país en proceso de modernización.

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¿Cuál ha sido el papel de los empresarios? ¿Son más un “cuello de botella” que un apoyo para su gestión?
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Con ellos se han abierto cada vez más los incentivos económicos. En materia industrial se quitaron los impuestos a la importación de tecnologías más limpias, también hay mecanismos de simplificación administrativa, de manera que estos apoyos se sumen a las reformas a la ley que han quitado las trabas en materia de inversión en cuestiones ambientales. Los empresarios quieren participar y proponen.

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¿Es parejo el trato que se le da a los automovilistas y a quienes desarrollan actividades productivas y que también son culpables del deterioro del ambiente de la ciudad? La gente que tiene vehículos se queja de que está pagando platos que no rompió.
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El programa “Calidad del aire” no es solamente para los vehículos y cada vez que hablamos de ello señalamos que el programa de industria limpia es tan importante como el de los vehículos y que tenemos por igual un conjunto de normas que se han venido decretando en los dos últimos años y que están obligando a las industrias a ser cada vez más limpias en sus procesos productivos. Se están dando incentivos a la producción, al cambio en la reconversión tecnológica, incluso los procesos de certificación cuentan con estímulos a las empresas, como el ISO 14000, y cuando las empresas pasan este tipo de pruebas ambientales, abren la puerta para un mercado mayor.

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Con respecto a los automovilistas, hay que señalar que 75% de la contaminación ambiental está siendo generada por los vehículos y que de ese porcentaje son los autos privados los que más aportan. Los que tienen vehículo dicen que esto no es parejo; el problema es que la contaminación tampoco es pareja y quienes más están contaminando son las unidades con tecnologías más obsoletas y por ello las medidas tienen que ser más estrictas. Lo que tiene que ser parejo es que el que más contamina, más restricciones debe tener, independientemente de si se trata de vehículos, industrias, etcétera. También se ha insistido mucho en que esto no es parejo para los dueños de vehículos más viejos que pertenecen a gente de escasos recursos. Nosotros insistimos en que es muy difícil pensar en estímulos multimillonarios para las franjas de la -población que tienen autos de los años 70 y 80, puesto que no es la capa más pobre de la población. La capa más pobre circula en transporte público y es ahí en donde hay que dar mayores subsidios para poder tener un transporte más eficiente, digno y limpio.

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La Semarnap ha insistido mucho en la importancia de la participación social en la formulación y vigilancia de las políticas ambientales. ¿Cuál ha sido la participación de la sociedad?
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Aunque hay una enorme preocupación de la sociedad en los asuntos ambientales, pero esto no significa que todo mundo se ocupe. La gente no está dispuesta en muchas ocasiones a hacer el esfuerzo que requiere la solución de estos problemas, sea ahorro de agua, ahorro de energía, control sobre la basura y en escalas mayores y a nivel de la producción, no pensar sólo en beneficios a corto plazo sino incorporar los costos ambientales que las actividades productivas están generando.

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Por ello también los industriales y empresarios deben incorporar en su lógica productiva el no agotar ni dañar el recurso. Con las nuevas normas se están afectando muchos intereses creados, hay confrontación y la respuesta de la gente no es la que nosotros esperaríamos para avanzar como sociedad. La gente está de acuerdo con el desarrollo sustentable, con el cuidado del medio ambiente, pero ponerlo en práctica toca intereses. Sin embargo, comparándolo con años anteriores, el proceso de participación social en México se ha incrementado notablemente.

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El que más ha avanzado es el sector empresarial: tiene muy bien organizados los temas ambientales en el seno de sus organismos cupulares y esto nos permite una interlocución seria y responsable.

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