La banca binacional

¿Quiere una hipoteca a tasas de interés de Estados Unidos? Espere y verá. La banca se disputa un
Santiago Pérez*

Un nuevo mercado emerge en las riberas del Río Bravo. Tres años después de que la ola de fusiones y compras comenzara a transformar al sector bancario mexicano, los principales grupos financieros del país participan en el desarrollo de un mercado binacional. El potencial es gigantesco.

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Los actores principales de este proceso son los cerca de 20 millones de residentes de origen mexicano en Estados Unidos y sus familiares al sur de la frontera. Quienes ayer cruzaban la línea en busca de oportunidades podrían tener hoy en sus manos la revolución de la industria de servicios financieros a escala internacional.

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El lanzamiento de productos bancarios nuevos, como servicios de transferencia de dinero mediante cajeros automáticos y el surgimiento inminente de un mercado hipotecario mexicoestadounidense, representan las primeras acciones estratégicas de un selecto grupo de instituciones bancarias con fuerte presencia en ambos lados de la frontera.

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El proceso no sólo está intensificando la competencia de una manera nunca antes vista en México; también amenaza el dominio de algunas empresas en sectores que ahora empiezan a transformarse.

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Los líderes en la jugada son los grupos financieros Banamex y Santander Serfin, que cuentan con una extensa red en las dos naciones involucradas. “Este es uno de nuestros segmentos más estratégicos”, refiere Marcos Martínez, director general de la firma ibérica. Su filial mexicana cuenta con el respaldo crucial de Bank of America, que en marzo adquirió una participación de 25% en el tercer banco nacional por $1,600 millones de dólares.

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En el caso de Banamex, el número dos en México después de BBVA-Bancomer, su venta al estadounidense Citigroup hace dos años por $12,500 millones de dólares le abrió la puerta al vasto y rentable mercado hispano de la unión americana.

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El potencial de crecimiento es inmenso, tomando en cuenta que alrededor de la mitad de los connacionales que residen en el vecino país del norte no tienen cuentas en ningún banco. “Queremos bancarizar a estos mexicanos”, afirma Eduardo Vergara, vicepresidente de Productos Multiculturales en Bank of America. Esto es particularmente importante para los cinco millones de indocumentados y más aún para sus familiares al sur de la frontera, quienes están menos familiarizados con los servicios que ofrece el sector financiero en México.

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Remesas, la columna vertebral
del mercado binacional
Los familiares de estos 20 millones de emigrantes son receptores de importantes recursos a través de las remesas, una fuente de ingresos de creciente importancia para la frágil economía nacional y la columna vertebral del nuevo mercado bancario binacional.

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El gobierno mexicano calcula que el país captará por ese concepto $12,000 millones de dólares este año, una cifra nunca antes vista que representa casi el doble de lo recibido tan solo tres años atrás.

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Ya no son los paisanos quienes entregan personalmente el dinero a su perentela en los poblados del territorio. El notable incremento en la cifra se debe –según el Secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz–  al creciente uso de transferencias electrónicas operadas por bancos y empresas especializadas, como Western Union y MoneyGram. Esto permite al Banco de México dar un mejor seguimiento al dinero procedente de Estados Unidos, que antes no podía calcularse debido a que se entregaba por mecanismos informales.

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El crecimiento responde también al abaratamiento de las transferencias. A mediados de los 90 las comisiones que cobraban las compañías por hacer llegar dinero a México representaban el exorbitante 40% del monto que se enviaba; actualmente son inferiores a 10%. “La competencia entre los bancos ha aumentado”, sentenció Gil Díaz en su última comparecencia ante el Senado.

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Al ser más baratas y menos arriesgadas, los trabajadores mexicanos en Estados Unidos optan cada vez más por las transferencias electrónicas.

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Los cajeros automáticos, en consecuencia, tienen un papel preponderante en la lucha por captar a estos clientes. Es uno de los pocos mecanismos con los que cuentan los bancos para romper con las barreras de entrada de organizaciones establecidas, como Western Union, que cuenta con una red de 6,000 puntos de cobro, incluyendo 1,400 sucursales bancarias de Banamex.

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De acuerdo con la firma de análisis Celent Communications, Western Union es el único jugador con un alcance global. Controla 24% del mercado mundial de remesas, que asciende a $138,000 millones de dólares anuales.

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“Durante las últimas dos décadas, mediante una agresiva expansión de su red mundial de agentes, la estadounidense ha creado barreras de entrada monumentales para participantes externos –afirma la correduría en una reciente investigación–. Aparte de MoneyGram, ninguna compañía ha tenido éxito al enfrentarse a ella en materia de tamaño y reconocimiento de marca.”

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No obstante Gwenn Bezard, analista de Celent, considera que la red de 20,000 cajeros automáticos operada por las instituciones bancarias a lo largo y ancho del país podría ser la herramienta indicada para ingresar exitosamente a este mercado. “Los bancos ven a los inmigrantes como una fuente de crecimiento y ganancias.”

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Western Union no se inmuta: “El panorama en México es muy positivo, y el hecho que los bancos planeen entrar no es una noticia nueva para nosotros”, afirma Wendy Carver, vocera de la corporación.

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Recientemente, Banamex y Santander Serfin lanzaron –con una diferencia de días– nuevas tarjetas de transferencia que permiten a los mexicanos en Estados Unidos enviar dinero desde los cajeros automáticos en Estados Unidos, mientras que los familiares también pueden retirar los fondos en la red mexicana.

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Las 16,000 personas que se forman diariamente en las sucursales de Banamex para cobrar sus remesas  son el mercado objetivo de la Tarjeta Tricolor, que también puede usarse como tarjeta de débito en miles de comercios, de acuerdo con Luis Peña, jefe de Mercados Hispanos en Citigroup.

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BBVA-Bancomer, que afirma controlar la mitad del mercado de remesas a través de su alianza con el servicio postal estadounidense, se asoció con el banco californiano Wells Fargo para ofrecer un plástico con características similares.

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Pero el banco mas grande de México tiene un problema estructural: carece de una red bancaria propia en el vecino país del norte que le permita ofrecer una gama de productos más amplia en el futuro.

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“Vemos a Estados Unidos como una de nuestras alternativas estratégicas”, aseguró en una reciente visita a México José Ignacio Goirigolzarri, director general de BBVA, el gigante español propietario del 59% de la filial mexicana.

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Otro notable ausente es HSBC Holdings, el segundo banco a escala mundial. La firma británica aún parece estar digiriendo las importantes adquisiciones realizadas recientemente en ambos lados de la frontera, incluyendo la compra el año pasado de Grupo Financiero Bital, el quinto más grande de México, por $1,140 millones de dólares.

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Será cuestión de tiempo para que este coloso integre sus operaciones y entre plenamente al mercado binacional.

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Matrícula para todos
Un importante actor ha sido el gobierno mexicano a través de sus 47 consulados en la unión americana. Las necesidades de los inmigrantes indocumentados son grandes, y la mayoría no cuenta con ningún tipo de identificación. Actualmente, casi un millón y medio de trabajadores mexicanos que residen en Estados Unidos cuentan con la llamada matrícula consular.

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Desde marzo, Bank of America y Wells Fargo abrieron alrededor de 100,000 cuentas cada uno a nuevos clientes que usan tal documento como identificación.

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Muchas firmas, como Citibank, la filial insignia de Citigroup, se acercan a los clientes potenciales apenas reciben la matrícula en las cercanías de los consulados mexicanos. “Si esperamos que la gente vaya a las sucursales, algo logras –asevera Peña–. Que se corra la voz es un mecanismo poderoso, pero es más efectivo decirle a la gente: aquí estoy.”

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Una vez que los clientes cuentan con una tarjeta de transferencias que también funciona como tarjeta de débito, el potencial para ofrecer más productos se expande notablemente.

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¿Hipotecas  binacionales?
El próximo paso que los bancos puedan dar quizá sea de mayor importancia y complejidad: ofrecer créditos hipotecarios a residentes en Estados Unidos interesados en comprar una casa en México.

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Este aspecto puede tener gran potencial que Bank of America envió recientemente un equipo a nuestro país para analizar el mercado potencial. “Estamos viendo qué puede hacerse legalmente”, informa Eusebio Rivera, el titular de Iniciativa Hispana en la organización.

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El gobierno ya trabaja con Banamex para desarrollar hipotecas binacionales, donde el préstamo se otorgue en Estados Unidos para que las familias de los mexicanos tengan acceso a la vivienda.

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Pero aún hay mucho por hacer, sobre todo en materia de estructuración, es decir, la forma en que se otorga el préstamo en dólares y se reducen los riesgos por falta de pago. Éstos podrían incluir diferencias de tipo de cambio en el valor de propiedades que estarían denominadas en pesos y dificultades para recuperar las propiedades que garantizan los créditos si el deudor deja de pagar.

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Si esta iniciativa prospera, el mercado hipotecario mexicano obtendría un importante impulso desde el norte: una hipoteca a 30 años con tasas de 5.4% es un sueño guajiro en México, pero una realidad en Estados Unidos.

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El plazo máximo que los bancos mexicanos otorgan a una hipoteca es de 15 años, a una tasa promedio de 15%; esto es tres veces más de lo que cobran sus contrapartes en Estados Unidos por un préstamo con plazos similares.

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“Como producto podría tener sentido –dice Philip Guarco, analista bancario de la firma de calificación de riesgo Moody’s Investors Service–. Básicamente, el problema ha sido que las hipotecas en México sólo pueden otorgarse en pesos, no en dólares, y la gente quiere tasas de interés más bajas, lo cual podría ser una ventaja.”

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Bank of America podría lanzar hipotecas binacionales denominadas en billetes verdes durante el primer trimestre de 2004, según Ribera.

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Algunos participantes especializados del mercado ya están poniendo un pie adentro, probando la temperatura. Hipotecaria Su Casita, por ejemplo, ya abrió una oficina en el estado de Colorado para ayudar a los paisanos a comprar una propiedad en su país. El programa Un pedacito de México se paga en pesos de acuerdo con el valor de la propiedad, pero se cobra en dólares en Estados Unidos. Los ejecutivos de la firma, que cuenta con una cartera hipotecaria superior a $13,000 millones de pesos, creen que esta iniciativa puede tener un impacto positivo a escala social. En lugar de gastar sus ahorros en dólares en bienes de consumo, los inmigrantes pueden crear un patrimonio tangible: una casa en su comunidad de origen.

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Es así como el sueño de muchos inmigrantes puede traducirse en desarrollo social y reducir la inmigración a Estados Unidos en el futuro. Un fenómeno que es la médula de este mercado emergente y prometedor.

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*Santiago Pérez es corresponsal en México de la agencia de noticias Dow Jones Newswires.

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