La banca y los votos

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Flaco favor le ha hecho a la naciente democracia mexicana don Antonio del Valle Ruiz. Con sus recientes declaraciones, el presidente de la Asociación de Banqueros de México (ABM) no sólo gastó saliva en asuntos obvios (rechazar la propuesta económica del Partido de la Revolución Democrática, que se vale) sino que, además, lanzó amenazas a nombre de los empresarios (que no se vale), enturbiando un ya de por sí nebuloso ambiente político y social. Alguien, entre sus asesores, debería señalarle al señor Del Valle que el camino hacia la democracia no se construye con base en amenazas, amagos y bravatas.

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Que Cárdenas y los más poderosos empresarios mexicanos no se entiendan, no es novedad; incluso, debe señalarse que se trata más de un problema para el primero que para los segundos. Es evidente que el candidato perredista al gobierno del Distrito Federal, al despotricar contra las Administradoras de Fondos para el Retiro (Afores), puso de -cabeza a más de uno de sus asesores al andar por terrenos que está lejos de dominar. De paso, refrescó en muchos la imagen de un político con discutibles resabios estatistas.

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Pero tampoco se vale que el representante oficial de un sector tan poderoso como la banca utilice su tribuna para amenazar con el espantajo del caos y la ruina. A Del Valle parece olvidársele que la crisis de 1995 –derivada de los tristísimos “errores de diciembre” que cometieron funcionarios de la actual administración– fue un fenómeno eminentemente financiero, atizado por la salida masiva de capitales especulativos. Alguien debe recordarle al presidente de la ABM que la crisis encontró su mejor punto de apoyo en el -sobreendeudamiento de muchísimos mexicanos, el cual fue exacerbado a finales del pasado sexenio por la sobreoferta de un crédito que, en general, privilegió al consumo y castigó a la actividad productiva.

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Llevado por la temprana euforia de una recuperación aún tímida, Del Valle también parece olvidar que los banqueros tuvieron que recurrir al apoyo del dinero público (dinero de todos) para evitar que sus instituciones y el sistema financiero se colapsaran. ¿Finge amnesia ante los enormes costos que, de una u otra forma, esto ha tenido para todos los mexicanos, electores incluidos? ¿Y no fue otro líder de los -banqueros, Roberto Hernández, el que también amenazó en 1994 con el caos y la debacle en caso de que los resultados electorales favorecieran a la oposición?

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A todas luces, banqueros y empresarios que se manejan bajo los mismos parámetros de Del Valle suponen que la mexicana sigue siendo una sociedad de menores de edad, indefinidamente sojuzgada por el miedo a elegir. Que se discutan –y debatan si es preciso– los proyectos de nación en pugna. Las estrategias del miedo y del simplismo deben quedar desterradas.

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