La ciudad-fábrica

Los caminos de Pastejé huelen a industria. Esta comunidad rural se transformó en el imperio de los
Javier Martínez Staines

De manera casi religiosa y cuando está en el país, Carlos Peralta Quintero aborda diariamente, a las 7:30 de la mañana, su helicóptero en Santa Fe, con destino al Complejo Industrial Pastejé, en el Estado de México. Ahí, observa la entrada simultánea de 5,000 trabajadores del turno de las 8:30, quienes puntualmente estarán en sus puestos para echar a andar las líneas de producción de todo lo imaginable e inimaginable en una microciudad de 800 hectáreas donde se cuentan 23 naves industriales.

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Cualquier testigo presencial entenderá por qué la apuesta competitiva del presidente de Grupo IUSA se dirige al desarrollo de productos que conlleven un alto contenido de mano de obra. No importa que se trate de tubos de cobre, conductores eléctricos, medidores de luz, calzado, válvulas de gas, centros de telemercadeo o termostatos, Peralta desea continuar con la tradición de su padre –don Alejo–: “El país necesita crear fuentes de trabajo y, en este sentido, el área que requiere mayor volumen de oportunidades es el campo. Tenemos que evitar el desarraigo de la gente, que tengan que irse a las grandes ciudades o al extranjero...”

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Se entiende, por supuesto, que la abundancia de mano de obra exige una inversión menos intensa en capital. El costo hora-hombre en México permite desarrollar grandes volúmenes de producción, de lo que sea. Un buen ejemplo es el de los medidores de luz, en el que IUSA no conoce la competencia. “Es muy sencillo –responde Peralta–: tenemos una integración de 97%. Cada vez que alguien más ha intentado fabricar medidores en México, al depender de partes compradas a terceros, jamás nos pueden igualar en costos. En una de estas plantas tenemos como socio General Electric y le puedo asegurar que no quiso estar con nosotros por nuestra linda cara. Hoy, somos la fábrica más grande del mundo y la que tiene la mejor estructura de costos.”

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Pastejé es la integración en su máxima expresión. Y ese es el esquema que el consorcio reproduce, de una forma u otra, en los distintos productos que fabrica. En las postrimerías del siglo, IUSA mantiene aún su mayor fuerza productiva en los derivados de la transformación del cobre: conductores eléctricos, tuberías para conducción de agua y gas, cintas, barras, alambre, etcétera. A continuación, la mayor relevancia recae en productos para la transmisión y distribución de energía eléctrica, así como el control de gas: medidores, equipos de control, aisladores, pararrayos, válvulas, reguladores, termostatos y una larga lista de etcéteras.

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La facturación anual del grupo asciende a $1,300 millones de dólares. Con un buen tamaño para cotizar en los mercados de valores, ¿por qué mantenerse como empresa privada? Peralta medita un momento, y responde: “Cuando estás en un proceso de rápido crecimiento, ser privado te permite desarrollar los proyectos con gran velocidad, ya que no requieres pasar por varias operaciones y formalidades como cuando eres público. Y por ahora no queremos perder esa posibilidad.”

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Pero las tendencias son las tendencias. Así, este “taurófilo” –quien tiene en su hacienda aledaña a las plantas un zoológico personal (“pequeña reserva ecológica”, él le llama) con hipopótamos, antílopes, jirafas, avestruces y, por supuesto, toros de lidia– no descarta la institucionalización de las distintas empresas de IUSA, a través de la colocación de acciones en los mercados internacionales, dentro de un par de años. Este plazo no es arbitrario: es cuando pretende terminar con una reestructura interna de procesos, a la que están sometidas todas las empresas del corporativo.

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¿Socios? Por ahora, sólo dos: General Electric, en el negocio de los medidores, y Bell Atlantic, en Iusacell, firma en la que Peralta se mantiene como accionista mayoritario, aunque no participe en la operación cotidiana.

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Cuando el siglo nos alcance
El contraste entre las plantas tradicionales y las construidas para nuevos negocios es muy grande. Basta con meter un pie a la flamante IUSA Footwear International (IFI) para corroborar que la “clase mundial” ya llegó a Pastejé. Ese día hay dos pequeños tours por esa unidad industrial: una es para el representante de esta revista, otro para el presidente mundial de Reebok. El primero fue a hacer preguntas; el segundo, a hacer negocios.

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IFI, en etapa de pruebas, es la más reciente apuesta de Peralta: 20,000 pares diarios de zapatos exclusivamente para exportación, con maquinaria de última generación traída de Italia y Alemania y una base laboral de 1,500 personas. Los contratos ya están firmados: Reebok (primero en la lista), Timberland y otros. A mediados del año 2000 la planta trabajará a plena capacidad.

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“Echamos a andar este negocio –se ufana Peralta– sin un solo cliente contactado. Sabíamos que este mercado es tan grande, y que nuestra ventaja competitiva sobre los países asiáticos es tan clara, que los clientes irían llegando. Y, bueno, ya tenemos contratada toda nuestra capacidad.”

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Del otro lado, la planta de tubos de cobre opera al 100%. El tablero de la entrada refleja que la producción está al día y los pedidos han sido cubiertos satisfactoriamente. Esta unidad la dirige un joven de 28 años: Ernesto Peralta Cánovas, sobrino del presidente de IUSA. Muestra, entusiasmado, cómo las máquinas van estirando el cobre: un lingote de un metro se transforma en más de un kilómetro de tubería. “Tenemos una participación de 65% del mercado nacional y de 27% del mercado estadounidense”, anota. ¿Se necesita otra razón para el entusiasmo?

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Así es Pastejé. La fusión del maíz, del ganado, de la industria. Tan lejos y tan cerca del cosmopolitismo de Peralta, quien el año pasado estuvo más días fuera que dentro de México. Centro de reunión laboral de más de 10,000 trabajadores, quienes acuden desde un radio de, cuanto más, ocho kilómetros de distancia. Aquí entran y salen 120 tráilers al día. Aquí tienen salas de cine, tiendas, carnavales, estancias infantiles, escuela para los hijos... Aquí se practica la integración total. Y se sustenta el futuro de Grupo IUSA, con su estrategia de “mientras más manos, mejor”.

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