La comida casera

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Héctor Zagal

Me gusta comer con tortillas hechas a mano, sopa aguada de estrellitas o de -fideos, el arroz a la mexicana, guisados aguaditos y frijoles refritos -acompañados con una salsita martajada, picosita.

- Por eso sufro al mediodía. Cerca de mi oficina, no hay sino unas ‘méndigas’ -hamburgueserías, tres o cuatro pizzerías donde sirven plástico horneado, y -dos de esos establecimientos cuyo nombre prefiero omitir (no quiero enfrentar -una demanda por difamación), y que son fácilmente reconocibles porque logran -que todo tenga el mismo sabor: el coctel de frutas, el consomé de pollo, el -club sandwich o los huevos estrellados. Estos lugares son limpios, eso sí. Por -eso termino comiendo en ellos.

- Pero no soy el único que sufre. El tamaño de la Ciudad de México y el -tráfico en horas pico nos obliga a comer fuera de casa: en promedio uno de cada -cinco adultos en días de trabajo comen casi siempre fuera de su casa, y las -proporciones aumentan a uno de cada cuatro en los extremos oriente y poniente -del DF. Un poco más de la mitad de las personas que no comen en casa, -frecuentan restaurantes y fondas, el resto consume alimentos en la vía -pública.

- En resumen, los mexicanos procuramos comer en familia, salvo caso de -necesidad y recreo. Aún así, existe un mercado que aún no ha sido lo -suficientemente explotado dentro de la industria restaurantera, pero que ya ha -sido descubierto. La fonda, hogar de la comida casera, es la opción de miles de -trabajadores de clase media que buscan buena comida y que no pueden costear los -precios de los grandes restaurantes. Al mediodía, la mayoría de chilangos -gastamos en restaurantes entre 25 y 50 pesos (que es el rango de una comida ‘corrida’). -Sólo un elegante 12% gasta más de los 50 pesos.

- La variedad del menú, los platillos de temporada y la sazón son fuertes -cualidades que le permiten a las pequeñas fondas competir con algunas de las -franquicias más fuertes. Son varios los motivos que determinan el éxito o -fracaso de los restaurantes en nuestra ciudad, pero los comensales tienen sus -preferencias claras. La elección de la mitad de los ciudadanos es dominada por -un criterio: limpieza. Cuatro de cada 10 se fija en el precio y sólo 10% usa -como criterio principal que sea un lugar conocido. Parece mucho pedir que -además la comida sea sana, pero deberíamos empezar a considerarlo. En el -último estudio sobre la salud de la OCDE, México aparece como el segundo país -con más obesos sólo debajo de EU, el país del fast food.

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- Ojalá algún emprendedor se animase a entrarle al negocio de las fondas y -ofreciese una comida casera –sin plastificar– en condiciones higiénicas, a -buen precio y saludable. El problema es que con la comida pasa lo mismo que con -la ropa, si se produce en serie, pierde gracia, y si se produce artesanalmente -es mala o cara. ¿Qué con tantos avances de la ciencia no seremos capaces de -fabricar tortillas ‘a mano’ pero hechas en serie?

- Con la colaboración de Pablo Riveroll
-Comentarios a: hzagal@yahoo.com.mx

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