La economía con Vicente Fox

El Presidente electo, Vicente Fox, ganó las elecciones con la promesa del cambio. Harto del mismo r
Jonathan Heath

A los pocos días del ya famoso 2 de julio, un taxista entusiasmado con la victoria de Vicente Fox y la derrota del PRI resumió el sentir popular con la expresión: “Ahora sí, dan ganas de trabajar”. En esa misma semana, en un seminario organizado por el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF), titulado “México Frente al Cambio”, hubo varios paneles sobre las perspectivas económicas y políticas analizadas por todas las corrientes. Las conclusiones eran muy optimistas, aunque en momentos cautelosas. Allí mismo se mencionó que si se realizara una encuesta para ver quiénes votaron por Fox, resultaría que 80% de la población diría que lo apoyaron.

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Sin lugar a dudas, tanto los especialistas como el pueblo en general ven el futuro de México con buenos ojos. Pasamos la prueba del ácido en cuanto a nuestra incipiente democracia. Dejamos atrás un régimen autoritario y arrogante y le damos la bienvenida a un gobierno que ofrece ser plural e incluyente. La posibilidad de una crisis sexenal se ve muy remota, lo cual significa que por primera vez en casi 30 años tenemos la esperanza de empezar el sexenio sin tener que pasar el primer año sacando al buey de la barranca.

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Nuestras expectativas son inmensas. Esperamos mucho, quizás demasiado. ¿Podremos ver nuestros sueños realizados con el nuevo gobierno? Nos ha prometido un crecimiento sostenido que llegará a promediar 7% en los últimos años del sexenio. Se generarán 1’350,000 empleos por año. La inflación llegará a igualarse a la de nuestros socios comerciales en 2003. Habrá un presupuesto balanceado al tercer año y después un superávit fiscal. Se resolverán los conflictos en Chiapas y en la UNAM. Se acabarán la impunidad y la corrupción. Se impulsará a la pequeña y mediana empresas y se distribuirá la riqueza en forma más equitativa. Habrá más y mejor educación para el que quiera. Esto y mucho más, es lo que nos ha ofrecido.

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En principio todo es posible. Hemos visto países como Chile que han logrado crecer a más de 7% anual por amplios periodos. Ya casi todos los países del mundo han superado el problema de la inflación. Sin embargo, habría que distinguir entre lo posible y la probabilidad de poder cumplir cabalmente todo el paquete. Habría que ser realista y admitir que es un paquete de promesas muy ambicioso. Es casi un hecho que no se va a poder con todo. Pero al final de cuentas, lo que importa es avanzar.

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La propuesta económica de Fox no es una serie de promesas aisladas, sino un cuerpo coherente de metas que requiere de mucha coordinación, trabajo y suerte. Por ejemplo, si se aprueba la reforma fiscal tal y como se planea, y funciona, habrá un aumento importante de ingresos. Los recursos permitirán realizar muchas de las obras y propuestas, manteniendo finanzas públicas sanas. La eliminación del déficit público ayudará a reducir la inflación y bajar las tasas de interés. La mayor disponibilidad de recursos financieros a menores tasas ayudará a desatar la inversión privada. La coordinación y apoyo del gobierno permitirán canalizar más de este crecimiento hacia la pequeña y mediana empresas. El crecimiento de este segmento de la economía ayudará a distribuir en forma más equitativa el desarrollo económico. Sin embargo, ¿qué pasará si no se aprueba la reforma fiscal? ¿Qué hará el gobierno si esta reforma no produce los recursos necesarios?

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Sin reforma fiscal, no habrá más recursos. En ese momento, el gobierno tendrá que escoger entre sostener la estabilidad macroeconómica o cumplir muchas de sus propuestas. Será mucho más difícil combatir la pobreza, mejorar la educación, otorgar créditos a los pequeños y medianos empresarios y generar los empleos necesarios. El problema es que aunque todos están de acuerdo en que se necesita una reforma fiscal, allí se acaban los consensos. Mientras que los empresarios quieren reducir los impuestos, el gobierno quiere aumentar la recaudación. Mientras que el PAN propone una sola tasa del IVA sin exenciones, el PRD plantea introducir tasas diferenciales para reducir la carga sobre la población más desprotegida. Mientras que los contadores premian conceptos meramente fiscales, los abogados se concentran en los aspectos legales y los economistas se enfocan a los criterios económicos. Cada partido y gremio parece planear algo distinto y el nuevo Congreso representa esta pluralidad.

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Aunque la reforma fiscal representa una pieza clave en la propuesta de Fox, no podemos afirmar que absolutamente todo depende de las posibilidades de que se apruebe y de generar más recursos. No hay duda de que será muy difícil cumplir todas las metas sin los ingresos adicionales que proporcionaría una reforma ideal. Sin embargo, podremos ver avances importantes en la dirección correcta aun si llegará a fallar.

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De entrada, la variable más importante en la generación de recursos es la propia actividad económica. Al evitar una crisis financiera de entrada, las perspectivas de crecimiento económico son bastantes buenas. Es factible observar tasas superiores a 5% anual en los primeros dos años del sexenio entrante, siempre y cuando la economía de Estados Unidos no presente una desaceleración importante. Al mismo tiempo, parece factible una reorganización del gasto público para reducir lo superfluo y establecer bien las prioridades. Con mayor actividad económica y eficiencia en el gasto público, deberíamos observar un incremento en los recursos disponibles.

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Muchos de los apoyos que ha propuesto Fox no emanan completamente de mayores recursos financieros. Existe mucho campo para eliminar las distorsiones que afectan la competitividad de las empresas. La política industrial propuesta deberá apoyar a los productores medianos y pequeños para integrar sus empresas en el proceso derivado del comercio internacional. En la medida en que esta integración empiece a funcionar, podríamos vernos situados dentro de una serie de círculos virtuosos.

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Habría que recordar la quita de deuda externa que brindó el Plan Brady a finales de la década de los 80. La quita efectiva en sí misma fue menor a 5%, sin embargo, fue lo suficiente para desactivar el problema abrumador de la deuda externa. Lo que nos hace falta no es necesariamente una gran cantidad de recursos públicos derivados de una reforma milagrosa. Lo más importante es entrar al circulo virtuoso del crecimiento sostenido con estabilidad. Ya iniciado, lo que faltaría es un gobierno honesto y verdaderamente comprometido con los mexicanos más necesitados. ¿Será?

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El autor es economista en jefe de LatinSource México.
Comentarios al email: heath@infosel.net.mx

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