La economía del amor

¿Qué tipo de operación financiera es un matrimonio? La dicha marital y las fórmulas matemáticas
Winthrop Quigley

Luces bajas. Música suave. Fuego resplandeciente. Está con la persona que ama. Ése es el momento justo para susurrarle: “El equilibrio no cooperativo que hemos logrado se aproxima óptimamente a Pareto”. Es una de esas dulces tonterías llamada dones del lenguaje económico, que puede salvar un matrimonio, según un artículo del economista Allen M. Parkman, de la Universidad de Nuevo México, publicado en Economic Inquiry.

- Parkman, profesor de la Escuela de Management Anderson, sostiene que elementos como la empatía, las charlas y las flores son tan importantes en un matrimonio como el resultado material del mismo. Si bien esto resulta obvio para el poeta, el artículo de Parkman insta a los economistas a repensar el tipo de transacción que es el matrimonio.

- Los economistas comenzaron a estudiar al matrimonio seriamente hace 30 años, tomando muchos aspectos de la teoría lúdica. En general, han acordado que el matrimonio es una empresa no cooperativa, en el sentido de que es difícil crear contratos de obligaciones entre los socios-esposos.

- La dicha marital sería ese lugar donde se encuentra la ‘Perfección de Pareto’, un diagrama para detectar los problemas que tienen más relevancia. Para los expertos, el matrimonio puede ser una combinación donde hay pocos asuntos importantes contra muchos detalles triviales. De alguna manera, se refiere a un estado en el cual la situación de cada uno mejora tanto como sea posible sin dañar la situación de la otra persona.

- Para los economistas, el grupo familiar es una unidad de producción similar a un taller mecánico. Una pareja de esposos especializa su actividad para producir bienes de tal modo que cada uno estará mucho mejor de lo que estaría sin el matrimonio.

- Esta sociedad produce bienes privados, como la falda que usa ella, o bienes públicos, como la televisión que todos miran. Los cónyuges continuamente negocian la división de ganancias potenciales del matrimonio.

- La visión económica tradicional del matrimonio es que éste se da cuando una pareja espera estar mucho mejor a través de la producción y de la distribución negociada de bienes públicos y privados. Fracasa cuando sus miembros no logran esta mejoría.

- La descripción más acertada de este modelo se remonte probablemente a las épocas del Nuevo México Territorial, menciona Parkman. En aquellos días, la única manera de asegurar cualquier tipo de confort material era a través del matrimonio.

- Existía poca movilidad social y menos movilidad geográfica, por tanto había menos opciones para casarse. Era relativamente fácil observar quién sería un buen proveedor o una buena ama de casa.

- Ahora el matrimonio está menos ligado al bienestar material y mucho más al bienestar psicológico, apunta Parkaman. El reconocimiento de una pareja potencial que sea capaz de brindar bienestar psicológico es mucho más difícil.

- “Mis padres se divorciaron cuando yo tenía cuatro años”, dice Parkman. “En cambio, yo hace 30 años que estoy casado. Siempre me ha intrigado saber qué es lo que hace que un matrimonio funcione”. Allen Parkman hizo su primera publicación académica sobre este tema en 1992. Allí sostenía que el advenimiento del divorcio por mutuo acuerdo en los 70 podría ser la causa del aumento en el número de mujeres de clase media con educación sólida que seguían trabajando después del matrimonio.

- Antes de los divorcios por mutuo acuerdo, señala Parkman, el cónyuge que quería salirse del matrimonio debía probar que de alguna manera su pareja era culpable. Generalmente, uno de los cónyuges acusaba al otro de alguna forma de crueldad. A menudo esto iniciaba las negociaciones entre las partes, un cónyuge aceptaba no objetar el divorcio a cambio de un acuerdo sobre los bienes.

- Los divorcios por mutuo acuerdo significaban que los cónyuges podrían salirse del matrimonio y que la división de bienes se hacía automáticamente, según las leyes de bienes comunes o mancomunados del Estado, explica Parkman. Los bienes adquiridos durante el matrimonio se dividían por la mitad. Esa división resultaba injusta para el cónyuge de menores ingresos, generalmente la esposa, ya que no contemplaba el ingreso futuro del que el matrimonio podría disponer, razona el economista.

- No sólo eso, el divorcio por mutuo acuerdo facilitaba las cosas para que los hombres abandonaran el matrimonio con menor responsabilidad financiera. Las mujeres podrían retornar al trabajo como medio de supervivencia ante un futuro divorcio, escribía Parkman.

- Sin embargo, Allen Parkman se equivoca. Los datos de encuestas demuestran que las mujeres son más propensas a pedir el divorcio que los hombres. En su último artículo este controvertido economista afirma que es su intento “por explicar por qué las mujeres estadounidenses buscan el divorcio”, aunque enfrenten “repercusiones financieras severas”.

- Parkman revisó los datos de la Encuesta Nacional de Familias y Grupos Familiares del Centro para la Demografía y Ecología de la Universidad de Wisconsin en Madison. Encontró que tanto hombres y mujeres quieren los dones que produce el bienestar psicológico, pero las necesidades de los hombres son bastante simples.

- Estabilidad y sexo
“Las esposas buscan cariño y empatía por medios diferentes de los hombres”, afirma. Como unidad de producción, un matrimonio exitoso es eficiente en el uso de tiempo y dinero para la producción de bienes privados (la falda), bienes públicos (el televisor) y dones.

- No sólo es prioritario saber antes del matrimonio si un cónyuge va a ser un productor eficiente de dones, también resulta difícil para un esposo transformarse repentinamente en un productor eficiente de empatía.

- Allen Parkman no es consejero matrimonial, pero sí hace lo que él denomina ‘la recomen-dación de la botella entera’ para ayudar a que sigan fluyendo los dones: cuando una pareja decide sentarse a tomar una botella de vino, deberían acordar consumir la botella entera.

- La pareja deberá ser capaz de repasar lo que pasó en el día, contarse las noticias familiares, y planificar quién lleva los niños a la escuela al día siguiente en el tiempo que les lleva tomar la primera media botella. “Durante la segunda media botella es el momento de hablar de esas cosas que acercan a las personas”, señala Parkman. “Cualquiera que no sea un economista diría que esto es obvio”.
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WINTHROP QUIGLEY. 2005, ALBUQUERQUE JOURNAL.
-DISTRIBUIDO POR KNIGHT RIDDER/TRIBUNE

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