La era del caos

La conversión informática a la que ha dado lugar el problema del año 2000 ya dio inicio, pero seg
Maurizio Guerrero M.

Es de esperarse que buena parte de las compañías no terminen la reconversión digital del año 2000. Según Joel Goldhammer, vicepresidente de estrategia global de tecnología de la información en la  firma global de consultoría AT Kearney, 84% de los proyectos de aplicaciones no han sido instrumentados según lo planeado. Pero aquellos que sí terminen a tiempo, todavía corren el riesgo de que algo falle luego del 2000.

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Sin embargo, esas anomalías pueden ser “reparadas” o, al menos, minimizadas, si se prevé que, además de la simple reconversión, “primera ola estratégica”, según el consultor, hay una “segunda ola” (los planes de contingencia), y una “tercera” (el manejo de eventos).

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El reto que plantea el ya tristemente célebre Year 2000 Kaos (Y2K) no sólo radica en la premura del tiempo; aún con un proceso de reconversión muy ordenado es probable que algo falle, no sólo en el sistema propio sino también en los de proveedores y clientes. Para ello, es conveniente elaborar planes de contingencia que disminuyan los efectos de factores que están fuera del control de las compañías. Se estima que un error durante la operación después del 1 de enero del 2000 tomará al menos 90 días en ser reparado, por lo que las pérdidas pueden ser millonarias.

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A pesar de ello, pocas compañías y organismos han tomado suficientes previsiones. Alrededor de 50% de las empresas lograrán terminar satisfactoriamente sus planes de reconversión, pero según Goldhammer sólo 30% cuentan con planes de contingencia. Aún no se aprecia el problema justamente.

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Lo que ha hecho la mayoría es delegar completamente la reconversión a los técnicos, lo cual constituye un grave error pues las decisiones que se tomen pueden ser críticas. Por ello, los altos directivos deben colaborar en la designación de las prioridades y alternativas que se tienen para resolver una eventualidad, además de diseñar escenarios de riesgo y posibles soluciones para casos anómalos donde no se puedan usar procedimientos estándares.

Anticipar, lo más complejo
Pero los planes de contingencia no significan sólo anticipación. Hay que identificar a proveedores críticos y saber cómo operan sus aplicaciones tecnológicas. Ello permite tener la certeza de que las estrategias que ellos manejan son tan buenas como las propias, lo que evitará que ocurran errores, los anticipará y hasta podría ayudar a resolverlos en el menor tiempo posible. “Se deben tener planes de contingencia para asegurar la continuidad del negocio”, sostiene Sergio García-Bulle, socio de AT Kearney México. -

Según los consultores, las instituciones financieras están resolviendo el Y2K aceptablemente; les siguen las empresas manufactureras y luego las oficinas de gobierno y las pequeñas empresas. El riesgo está en que cada compañía realiza sus conversiones a un ritmo propio. Con la interacción comercial que se verifica en el conjunto, es probable que se dé cierto descontrol. Así que no se trata de que falle un particular tipo de sistema o componente; el problema es general.

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Luego de la reconversión y de los planes de contingencia el que sigue es señalar los manejo de eventos, que es el proceso donde se enfrenta todo aquello que no se anticipó y no se previó. Esto requiere mucha coordinación entre los altos niveles gerenciales y técnicos de una compañía, pues los últimos deben tomar decisiones diseñadas por los primeros en caso de que surja algo que afecte el conjunto de la operación. Para ello, se necesita un alto grado de comunicación entre todas las partes de una compañía, para que todos sepan qué se hace y por qué.

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La comunicación es un aspecto básico de este problema, pues con ello se logra conjurar el posible pánico que el Y2K podría generar. Pero aquí las fallas pueden no ser sólo técnicas y estar también relacionadas con la falta de previsión; también pueden ser producto de una especie de histeria colectiva –como, por ejemplo, que la gente retire buena parte de sus ahorros en la víspera del 2000–. Para contrarrestar este tipo de eventualidades, Goldhammer recomienda a las compañías hacer públicos sus avances y crear un clima de confianza.

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Dada la complejidad del Y2K, el primer trimestre del próximo año será muy riesgoso para las compañías que no estén debidamente preparadas y que necesiten encontrar alguna solución “contra reloj” (como vender una parte de su negocio)

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Pero mientras algunas compañías perderán, otras pueden ganar. “Muchos ven el lado negativo del año 2000, como aquello de los gastos cuantiosos, pero hay que ver también cómo es que la empresa que esté lista podría ganar y los competidores no. Es tanto una oportunidad como un problema”, dice Goldhammer.

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