La estrategia de Adrián

El piloto más famoso de México celebra cuatro años como empresario en una etapa crucial para su e
Adolfo Ortega

Revisar presupuestos, analizar inversiones, buscar patrocinios… Nadie pensaría que éstas son actividades de un piloto de carreras. Excepto si se habla de Adrián Fernández. El piloto que ha logrado correr en categorías profesionales que habían estado desiertas de mexicanos desde hace más de dos décadas, ahora se consolida como empresario en su cuarto año al frente de Fernández Racing.

- Sin embargo, su etapa como propietario debe vivirla en medio de los momentos más difíciles para este deporte.

- Los problemas iniciaron en la década pasada cuando aparecieron las primeras restricciones para anunciar tabaco en eventos deportivos, lo que mermó el número de patrocinadores. Vino la crisis de la serie Cart, en donde Adrián corría desde 1993, que provocó una ruptura entre sus miembros, lo que dio origen a la serie Indy Racing League (IRL). Los patrocinios se dividieron y la lucha por ellos se duplicó.

- Ante problemas administrativos y financieros, la serie Cart, en donde Adrián corría hasta marzo pasado, cambió de dueño. Pero en la curva de aprendizaje, los nuevos organizadores tuvieron varios derrapones como no tener confirmado el calendario de las carreras cuando la temporada estaba comenzando y no dar detalles de las transmisiones por televisión a los equipos participantes.

- Esta incertidumbre significó que varios pilotos protagonistas de la serie cart decidieran irse a correr al campeonato antagonista, IRL, además el retiro de varios patrocinadores, lo que causó la quiebra de varias escuderías.

- En medio de tanta pirueta en el sector, el mexicano tiene que enfrentar varios desafíos como empresario.

- El primero es luchar por la sobrevivencia de su equipo. Para ello, hace ocho meses decidió imitar a otras escuderías y abandonar la serie Cart hacia la IRL.

- Aunque ahora tiene más certeza sobre el campeonato en que participa, este cambio significó uno de los más duros golpes a sus patrocinadores nacionales, ya que Adrián dejó de correr en México, la IRL no tiene en su calendario, compuesto de pistas de óvalo, ninguna fecha en el país.

- Su segundo desafío será elegir al piloto que heredará su lugar en el equipo Fernández Racing, con una restricción presupuestal que le impide convencer al candidato ideal para sucederlo: Michael Jordain.

- Este cambio debe hacerse al mismo tiempo en que convence a los patrocinadores de que mantengan sus marcas en el auto, aunque él ya no esté al volante.

- Pero Adrián no frena, ni en esta curva. Este año, a pesar de llegar tarde a la serie IRL y tener sólo 11 días para preparar su primera carrera en el campeonato, se coló al quinto lugar general al conseguir tres banderas a cuadros y un segundo lugar, y sumar 445 puntos.

- Esta destacada actuación lo animó a buscar patrocinios por $8 millones de dólares para agregar un tercer auto a la escudería Super Aguri Fernández Racing. Al cierre de la edición, aún seguía la negociación.

- Además, una nueva camada de jóvenes pilotos, entre los que destacan Luis Miguel “Chapulín” Díaz y Antonio Pérez, hace prever que alguno de ellos pueda ocupar el casco que pronto se quitará el piloto mexicano más popular desde que corría Héctor Alonso Rebaque, en la década de los 80.

- El mercado de los patrocinadores también está a punto de tener un impulso extra con el regreso a México de la Fórmula Uno en 2006, para lo cual se invertirán unos $100 millones de dólares en la organización y promoción del evento, y la construcción de un autódromo en Cancún.

- Quizá para entonces Adrián esté a punto del retiro, pero mientras eso sucede, los expertos lo mencionan como uno de los favoritos para ganar el siguiente campeonato de la Indy Racing League, lo que le multiplicaría el prestigio, el saldo de la chequera y el futuro de Fernández Racing.

- Así es como Adrián Fernández quiere manejar un negocio que corre a 370 kilómetros por hora.

- Detrás de los pitts
Adrián conoce bien el negocio en el que está metido: toda su vida ha estado en medio de la velocidad.

- Su único antecedente familiar en este deporte eran sus tíos Santiago y José Fernández, quienes corrían autos por entretenimiento. Su padre, también de nombre Adrián, era un aficionado de esta actividad pero no la practicaba.

- A pesar de ello, a los ocho años compitió por primera vez en carreras de Motocross. A los 16 participó en las 24 Horas de México y, aunque no terminó, esta prueba fue suficiente para ganarse el apoyo de su padre en su aspiración a ser piloto profesional. “Yo dormía, vivía, respiraba carreras en todos los aspectos”, recuerda.

- Un año después, participó en la Copa Marlboro en un auto de Fórmula Vee. Su primera incursión en esta carrera le valió ser el “Novato del Año”. Más adelante ganó dos veces este mismo campeonato.

- “Nadie le ha regalado nada. Todo lo ha logrado con méritos propios”, dice Carlos Rosas, editor del sitio de internet especializado Sportcar.com.

- La misma dificultad que tuvo para destacar en el deporte, la está padeciendo como empresario. “Ha bajado el (negocio del) automovilismo. No es lo que era en 1993 o 1994”, dice el piloto que en 2000 arrancó su escudería en sociedad con Tom Anderson, quien fue director del equipo Chip Ganassi Racing, que ganó cuatro veces el campeonato Cart.

- El negocio no es pequeño. El chasis de cada auto cuesta unos $350,000 dólares, aunque hace apenas unos años su precio era de $500,000 dólares. Los problemas de la serie y los adelantos tecnológicos abarataron los costos, pues antes dichas estructuras cambiaban cada temporada mientras que hoy lo hacen cada tres años.

- Tener un auto en la pista requiere de un presupuesto de $8 millones de dólares por temporada, sin contar la nómina del piloto. El equipo del mexicano tiene dos unidades, y al cierre de esta edición seguía en tratos para agregar un auto más. “Estamos tratando de poner tres autos. Va a ser una inversión mayor para todo el equipo y para mí en lo personal, pero hay que invertir para crecer”, dice el piloto.

- La economía de las carreras de autos tiene características muy especiales. Las escuderías no participan de las entradas a los autódromos y el concepto de ventas es muy diferente al de una empresa tradicional.

- El dinero para correr lo obtienen a través de patrocinios. En el auto del piloto mexicano, las marcas que logran mantenerlo en las pistas son Quaker State, Telmex y Tecate.

- Es verdad que existen los premios monetarios a los ganadores. Un equipo puede ganar medio millón de dólares en premios. Si se gana el campeonato la recompensa es de un millón. Y quien gane las 500 Millas de Indianápolis recibe un cheque por $1.7 millones de dólares. En todo caso, ningún piloto o dueño de equipo, por más seguro que se sienta, se atreve a presupuestar este tipo de ingreso.

- El riesgo del negocio empieza en las pistas. Lo primero que debe evitarse, por supervivencia del piloto y de la empresa, son los accidentes. En una temporada, los daños pueden costarle a un equipo hasta un millón de dólares.

- Claro que existen pólizas de seguros, pero cuando se trata de autos que son conducidos a más de 350 kilómetros por hora, sus precios suelen ser cifras elevadas. “Nosotros usualmente no los aseguramos”, dice Adrián. En el caso de su compañero de equipo, el japonés Kosuke Matsuura, la escudería paga todos los daños, hasta 500,000 dólares. Si el costo de la reparación es mayor, lo paga el patrocinador.

- Y si alguien sabe de riesgos es un piloto de carreras que además es empresario. A Adrián ya le tocó pagar su cuota por arriesgarse a montar un negocio. Quizá se acuerde de Gokartmanía, que era indoor karting para aficionados. Lo que intentaba el piloto era formar un sistema para impulsar el automovilismo a nivel infantil y juvenil. “Es la semilla del automovilismo”, decía el piloto en 1999.

- Cada una de estas unidades, con nueve caballos de fuerza en su motor, valía entre $4,000 y $8,000 dólares. Pero el negocio se fue por la borda. “Crecimos muy rápido, no se le dio la atención necesaria… el negocio tronó y sí, me costó mucha lana”, recuerda ahora Fernández.

- Por ello, el piloto se enfocará solamente a hacer negocios en la actividad que él conoce: los patrocinios, como empresario, y las carreras de autos, como piloto.

- Banderas a cuadros
El negocio de las carreras de autos es como rentarle al patrocinador una gran vitrina, en donde mujeres hermosas, autos veloces y hombres audaces atrapan consumidores.

- Lo primero que se vende es el prestigio del piloto. Luego, la audiencia de la serie en que se participa. Pero en el caso de Adrián, que suele correr fuera de México, el impacto que promete a sus patrocinadores es de rebote, es decir, a partir de que los medios destaquen su participación.

- Desde 1991, el traje de Adrián luce el rojo de Tecate y el verde Quaker State. En 1994 se sumaron las letras azules de la marca Telmex. Han sido sus patrocinadores más fieles.

- Esta fidelidad se mantuvo intacta cuando en otoño de 2000, Adrián dio el salto a empresario al fundar Fernández Racing. Estas tres marcas son las principales responsables de aportar los dólares que cada temporada requiere la escudería para pelear por el campeonato.

- Si se maneja bien este presupuesto, el negocio aumenta. “Muchos gastos no son controlables, pero puedes calcular más o menos alrededor de $500,000 dólares y tratar de sacar un extra. Ésa puede ser tu utilidad”, explica.

- Los gastos incontrolables son un accidente o inversiones que proponen los ingenieros al motor, o cambios en las reglas de competencia. Ahí es donde se pueden generar pérdidas, aunque eso nunca le ha pasado al Fernández Racing.

- Será que algo aprendió Adrián de Carlos Slim, el empresario al que el piloto admira, el padre de su amigo Carlos Slim hijo, y el segundo patrocinador más importante.

- No significa que no haya desacuerdos entre el piloto y sus patrocinadores. El episodio más reciente fue cuando Adrián decidió cambiar de serie.

- Tecate disminuyó el monto de su patrocinio poco tiempo antes de que Fernández Racing anunciara el cambio de serial. Adrián niega que haya sido debido a esto y lo atribuye a un cambio en la estrategia de patrocinios de la marca.

- Entonces agregó a su auto un pequeño patrocinio: el de Aceros Vilag. Pero ahí tuvo otro problema. “Es de esos patrocinadores que te prometen pero no te cumplen. Se echaron para atrás cuando ya teníamos las calcomanías pegadas en el auto”, dice Adrián. Gajes del oficio.

- Recta final
Adrián es el segundo de tres hermanos y único varón. Pero su familia actual está compuesta por la escudería que se forma por más de medio centenar de personas entre ingenieros, asistentes, mecánicos y choferes que transportan el equipo y los motores. Pero como en toda familia, siempre llega el momento de hablar de la sucesión, y en la de Adrián Fernández éste es un tema que se toca sin rubor. “A mí ya no me quedan muchos años a este nivel”, dice el piloto de 41 años.

- “Si Adrián consigue el campeonato en la siguiente temporada es muy probable que se retire”, dice Rosas, de Auto-car.com. “Si no lo hace, correrá cuando mucho otra temporada más”, opina.

- Al dueño de Fernández Racing le gustaría ser sustituido por Michael Jordain, otro mexicano que ha destacado en la serie Cart; sin embargo, el alto sueldo del piloto aleja la posibilidad de sumarlo al equipo. “Eso ahorita es imposible. No tengo el patrocinio para podérmelo traer”.

- El sueldo de un piloto novato puede aproximarse a $300,00 dólares por temporada. Pero un conductor con prestigio puede cobrar hasta $4 millones de dólares.

- Además, existe otro inconveniente: “Nuestros patrocinadores están casados con Adrián Fernández… no les interesa un reemplazo”, dice el propio piloto.

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- Pero hay quienes creen que la jugada de Adrián viene por el lado de apoyar a jóvenes talentos menos populares. Cuando Adrián convalecía por un accidente, “Chapulín” Díaz lo sustituyó en una carrera de la serie Cart que se celebró en la Ciudad de México.

- Aunque reconoce que a su empresa no le ha pegado tanto la baja en el negocio de las carreras, el piloto empresario no se engaña: “Vienen años difíciles”, prevé. Lo único que le da seguridad es que es un camino que en otro tiempo ya ha recorrido y no tiene duda en que lo volverá a hacer.

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