La evidencia que no queremos ver

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Cuauhtémoc Sánchez *

Cuando un experto señala la experiencia de otros países como ejemplo de lo que deberíamos hacer en México, nos inclinamos a descalificarlo. Decenas de veces he escuchado que el modelo de Singapur no es aplicable aquí “porque es un país muy pequeño e infinitamente menos complejo que el nuestro”. De la economía de mercado estadounidense dicen que no nos queda “porque ellos tienen mucho dinero” (¡!) y nosotros no. Los logros económicos de Chile se desestiman “porque todo el avance se debe a la inhumana dictadura de Pinochet”.

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Nos desahogamos echándole la culpa al “gobierno corrupto”, a la “burguesía opresora” y a los “neoliberales insensibles”, y aplaudimos a quienes prometen sacarnos de la miseria con dádivas a los viejitos o papillas a los niños. Se evita a toda costa adoptar sistemas de países avanzados que exigen la creación de valor, trabajo duro, productividad, honestidad y sometimiento a la ley.

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Hay numerosas evidencias de éxito en otras naciones, de las que mucho podríamos aprender. Una de ellas es Australia.

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Los números macroeconómicos indican que el PIB de México es 47% mayor que el de aquel país; nuestro crecimiento en la década pasada fue ligeramente superior al suyo. Exportamos cerca de 2.6 veces más que ellos. Su inflación oscila entre 2 y 4% y la nuestra para este año va a estar en ese rango. Sus reservas internacionales rondan $20,000 millones de dólares; las nuestras superan $50,000 millones.

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Sin embargo, Australia ocupa el segundo lugar en calidad de vida en el mundo y México el 51. Su PIB per cápita es 3.5 veces mayor que el nuestro. El costo de una vida digna en aquel país es casi 20% más bajo que aquí.

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No faltará quien quiera descalificar el ejemplo aduciendo la disparidad en tamaño territorial y dotación de recursos naturales. Sin embargo el PIB de Australia depende en menos de 8% de su actividad primaria y en más de 70% de los servicios (algo similar a lo que ocurre en México).

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Las diferencias fundamentales están en la competitividad global, donde Australia ocupa el lugar 14 y México está abajo del 40. En ambiente propicio para los negocios ellos ocupan el escalón 14 y nosotros no llegamos al 30. En índices de innovación, Australia es el número cinco; México ronda el 50. Australia es el país menos proclive a pagar “mordidas”; nosotros no llegamos al lugar 50.

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Viendo estos números, ¿no está claro en qué deberíamos concentrarnos? ¿O los ejemplos de fuera no nos sirven?

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* Comentarios: csanchezosio@hotmail.com.

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