La Frontera Norte, un mundo aparte

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Cuando hablar de frontera no necesariamente equivale a decir confrontación, se puede entender mejor cómo las disparidades económicas y culturales no conducen necesariamente a un barranco. Menos ahora, cuando los mercados se globalizan, en ocasiones muy a su pesar.

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En el caso de la franja de más de 3,000 kilómetros que divide a México de Estados Unidos, una visión así, al margen de los encabezados de la prensa y desatenta a las disputas nacionales entre Washington y el Distrito Federal, es necesaria para captar la dinámica cotidiana de ciudades como Ciudad Juárez, Laredo o Tijuana; para entender cómo se preparan para recibir y relanzar las mercancías en la era del Tratado de Libre Comercio; para comprender cómo las maquiladoras se han despojado de esa imagen añeja de planta limitada al armado de piezas; para conocer el escenario social que configuran, conjuntamente, la avalancha constante de mexicanos del interior en busca de oportunidades y la población local, preocupada por las seguridades de su entorno; para percibir los conflictos derivados del comercio ilegal (de estupefacientes, por ejemplo) con el más grande mercado consumidor en el mundo.

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Verdadera válvula de escape para cientos de miles de mexicanos para quienes las oportunidades de trabajo son nimias en su lugar de origen, la frontera norte debiera provocar acciones serias por parte del gobierno federal antes que sólo condolencias para los mexicanos que no lograron la gracia de pasar al país vecino en busca de un mejor nivel de vida. Las ciudades fronterizas necesitan, además de todo, atender con infraestructura a una población que crece artificialmente a causa de la emigración, pero no podrán hacerlo mientras los impuestos de estas zonas altamente recaudadoras vayan a dar a las arcas federales.

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Cierto es que, en las condiciones de la economía mexicana, para muchos compatriotas obtener un puesto de trabajo es una bendición, así sea en una maquiladora. No es ficción: las ciudades fronterizas son las únicas que no están abultando las estadísticas nacionales de desempleo. Sin embargo, su desarrollo exige más que sólo extender permisos para la apertura de nuevas plantas. Después de todo, los beneficios de éstas regresan a su lugar de origen, sin que la industria fronteriza mexicana haya aportado más allá de 2% en los productos. En el entrelazamiento de ciudades de uno y otro lado de la franja subsiste, no hay que olvidarlo, la dependencia con respecto a las economías del sur de Estados Unidos, más sólidas y mejor controladas. De este lado, sería importante que las autoridades respondieran a eso con un impulso claro y proyectado a futuro en favor de las fuerzas económicas locales, a menos que quieran que la frontera se le siga asociando con persecuciones, delitos e indignados reclamos diplomáticos.

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Informática” y “Mercadotecnia” se transforman
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A partir de la edición que el lector tiene en sus manos, las secciones “Informática” y “Mercadotecnia” se transforman en “Cibertips” y “Tianguistecnia”. No se trata de un simple cambio de nombre: “Cibertips” redoblará el esfuerzo de registrar las novedades del amplio mundo cibernético, haciendo especial énfasis en las necesidades de los usuarios. “Tianguistecnia” —no es gratuita la referencia a la mexicanísima forma de comprar y vender—, quiere ser un observador de las batallas que toda marca, producto o servicio debe librar día a día para conquistar la mente y el bolsillo de los consumidores.

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