La función no termina

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Andrés Piedragil Gálvez

Pocas empresas mexicanas pueden presumir una historia corporativa que rebase los 100 años. En la portada de la edición número 134 de Expansión (6 de marzo de 1974) aparece una de las organizaciones que forma parte de ese selecto grupo: El Circo Atayde Hermanos, cuya primera función se realizó el 16 de agosto de 1888.

- Hace 30 años, cuando registraba ventas por $10 millones de pesos, esta empresa dedicada al entretenimiento –comandada en ese momento por la tercera generación de la familia Atayde– enfrentaba un entorno complicado. El público se alejaba de las carpas. ¿Las razones? Había nuevos espectáculos populares y el bolsillo de los mexicanos no pasaba por uno de sus mejores momentos (gastar entre $30 y $40 pesos por un buen boleto para el circo parecía un irresponsable derroche monetario). Semejante contexto, resultaba preocupante para un compañía con complejos procesos logísticos, 200 empleados permanentes y gastos de manutención que muchas veces superaban los $2,000 pesos mensuales.

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- Afortunadamente, esta notable tradición circense subsiste hasta nuestros días; a pesar de espectáculos más modernos, audiencias más pequeñas y la competencia desleal de circos “piratas”. El Circo Atayde se ha adaptado a nuevos tiempos.

- Quizá, sólo un detalle no habrá cambiado: los elefantes machos están prohibidos en la empresa. Según lo declarado a los editores de Expansión de 1974, durante una gira por El Salvador, un ejemplar macho enloqueció y causó un tremendo desastre (incluyendo varios heridos). Desde ese día, el Circo Atayde prefiere las dulces y mesuradas cualidades del género femenil de los paquidermos.

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