La fusión con Banamex sería deseable

El directivo regiomontano acepta, sin embargo, que es prematuro considerar esa unión. Antes, explic
Ulises Hernández

El responsable del segundo banco más importante de México piensa que no serán necesarios más rescates como el de Serfin; que la cartera vencida y las pérdidas compartidas con el Fobaproa son manejables, y que los bancos mexicanos tendrán que fortalecerse para no dejar en manos de instituciones extranjeras la suerte del sistema financiero del país.

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A pesar de cinco años de esfuerzos de autoridades y banqueros para consolidar el sector, la banca no está saneada todavía. ¿Qué ha faltado?
Primero, un problema con el tamaño del que tuvimos no se resuelve rápidamente. Otros países han tenido experiencias como la nuestra –más bien: han sido pocos los que no las han tenido– y en todos los casos ha sido un proceso que toma años –hasta 10 años, según algunas estimaciones– recuperar en su totalidad la salud del sistema financiero. En nuestro caso falta un par de años para que podamos decir que el problema está superado.

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Por otro lado, es importante mencionar que los casos graves se han atendido –ya no tenemos un problema sistémico–, y que el gobierno, en este caso el IPAB (Instituto de Protección al Ahorro), ya no tendrá que salir a rescatar a los bancos con cantidades monstruosas, como sucedió antes. Los pendientes son bastante manejables, y hemos tenido la capacidad para irlos absorbiendo.

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¿Ya no se verán más rescates financieros de la magnitud de Serfin?
Definitivamente no. La propia contracción del crédito hace que se reduzca el tamaño de los activos en riesgo del sistema financiero; además de ser distinto al que teníamos en 1994, cuando había problemas muy serios en la calidad de los activos de los bancos, el riesgo hoy es muy bajo. Así por ejemplo, experiencias recientes como las crisis en Rusia y Brasil, que impactaron a México en lo relativo a tasas de interés y tipo de cambio, no deterioraron a la banca; ésta no sólo no dejó de ganar dinero, sino que incluso ganó más, por lo que creo que el riesgo de una explosión no existe.

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Lo que falta es recuperar la salud del sistema, es decir, que vuelva a ser un sector dinámico y rentable.

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A propósito de los activos y la capitalización, las autoridades anunciaron nuevas reglas que implicarán grandes retos para los bancos. ¿Podrán hacerles frente las instituciones bancarias?
Sí. Todavía no existe un proyecto definitivo, no tenemos las reglas finales en ese tema, pero el plazo en el que se plantea la entrada al nuevo régimen –que es de tres años– es suficiente para terminar de absorber los problemas que quedan y tener una capitalización adecuada. No creo que haya ningún problema en ese sentido.

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Funcionarios gubernamentales han comentado que los seis bancos más importantes del país requerirían alrededor de $5,000 millones de dólares para capitalizarse. ¿De dónde saldrá ese dinero?
Es una cantidad exagerada. No creo que hagan falta $5,000 millones de dólares. No sé exactamente qué bancos están en esa lista, pero seguramente entre ellos están Bancomer, Banamex, Bital, Banorte.

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Si vemos los activos en riesgo que tenemos en estas instituciones, notaremos que las necesidades de capital no son muy grandes; lo que ocurre es que hay confusión respecto de lo que falta por limpiar en los balances, es decir, la cartera vencida que aún queda, las pérdidas compartidas del Fobaproa, el famoso loss sharing; la suma de todo eso a lo mejor da una cantidad de este tipo.

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Pero al resolver esos pendientes el capital requerido se hace menor, porque en las instituciones de crédito éste sirve para sostener el riesgo, y al bajar el riesgo pues bajan las necesidades de capital. A veces me da la impresión de que simplemente se suma todo: vamos a quitarle el riesgo y además a meter más capital. No hacen falta las dos cosas, con una es suficiente. Si bajamos el riesgo, bajan las necesidades de capital. Lo que falta es manejable, además de que las fuentes de capital existen, entre venta de activos, etcétera.

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Dentro de estas posibilidades, ¿cabrían algunas diluciones o mayores colocaciones accionarias?
Sí, aunque no en este momento, porque definitivamente los precios de las acciones bancarias están muy castigados y no sería aconsejable hacer un aumento de capital con la dilución que eso implicaría. Pero eso no quiere decir que para el segundo semestre del próximo año las perspectivas no puedan cambiar, sobre todo si México entra en una transición política tranquila, con una fortaleza financiera como la que hoy tenemos y que pueda cambiar la percepción de riesgo del país; eso podría volver a darnos acceso a los mercados de capital en condiciones más atractivas, pero no antes. Sin embargo, hay capital disponible; ya veremos cómo se van comportando los mercados para ver qué alternativa tomamos.

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¿Cómo percibe el actual escenario de fusiones y adquisiciones?
Al sistema le conviene consolidarse todavía más, puesto que, desafortunadamente, el tamaño de los bancos y, por tanto, de los mercados, se ha contraído fuertemente, tanto en captación como en crédito. Esto hace que la infraestructura se tenga que reducir. Un camino para hacerlo son las fusiones, y a ese respecto los casos pendientes, como Serfin o Bancrecer, probablemente no sean comprados por alguien de fuera sino por alguna de las instituciones que ya estamos aquí. Eso ayudaría a consolidar el sistema aún más.

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Se especula sobre una posible fusión entre Bancomer y Banamex. ¿Qué hay de cierto?
Hay algo de cierto, en el sentido de que es deseable –yo creo que es deseable–, aunque en este momento quizás las condiciones no están dadas, pues se percibe todavía que una fusión de ese tipo generaría una concentración de mercado muy fuerte. Sin embargo, el mercado bancario cambia radicalmente, y la capacidad de los competidores nacionales y extranjeros para actuar en los diferentes segmentos por medios electrónicos y el uso del teléfono es tan grande, que esa supuesta concentración no es tan real; la presencia física no es tan importante.

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Con el paso del tiempo será una idea que merezca una consideración seria, quizás en los próximos dos años. Pero por ahora no hay nada concreto, sólo especulación; nosotros hemos especulado sobre eso y creemos que es una idea muy interesante, porque sería una alternativa para formar un banco en México de un tamaño razonable. Pero no hay nada en concreto.

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¿Se ha evaluado con Banamex esta posibilidad?
No, no se ha evaluado tan seriamente, no se ha negociado; se ha comentado como algo que sería interesante: formar un banco mexicano con más capacidad para competir no en los mercados internacionales, pero sí en los regionales de Norteamérica.

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A propósito de la banca extranjera, hay quienes creen que es la mejor solución dada la falta de capitalización de los bancos locales. ¿Qué piensa usted de eso?
La banca extranjera juega un papel importante en un país como México; sin embargo, es deseable tener bancos mexicanos también fuertes, pues los extranjeros siempre verán a México como una parte de su portafolio; eso les permite tomar decisiones más drásticas –como entrar y salir del mercado– que las instituciones que estamos aquí en forma permanente.

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Una banca totalmente extranjera no es lo mejor para el país, pues siempre estaríamos dependiendo de las decisiones que se tomen en algún otro lugar. Ya hemos visto como, a veces, por un problema en Brasil los inversionistas deciden salir de México. Puede pasar igual en la banca, que un banco internacional, por necesidad o conveniencia, diga: me salgo de México como una forma de reducir operación en Latinoamérica. Esa es una decisión que nos perjudicaría y que no tiene nada que ver con México. Por eso es conveniente que haya una mezcla y un balance adecuado entre los bancos nacionales y extranjeros.

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El gobierno les pide mejorar los niveles de capitalización y la calidad del capital, ¿ustedes que pedirían a cambio?
Para que la banca pueda ser un negocio dinámico y rentable, creemos que es indispensable, como ya lo hemos dicho en muchas ocasiones, que exista una conciencia profunda en el gobierno y en la sociedad de que difícilmente vamos a ver en México un mercado dinámico si no hay condiciones para que el crédito pueda operar eficientemente, se pueda cobrar cuando hay una falla, sea posible recuperar las garantías y los procesos jurídicos no sean exageradamente largos. Eso no quiere decir que, sin ello, la banca no sobreviva, sobrevive, pero el que sufre es el que necesita crédito, pues éste es escaso y muy caro; el ahorrador también padece, porque en la medida en que no hay crédito, el rendimiento que se le paga es menor.

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Es muy importante, entonces, que se den esas condiciones en el marco jurídico, como también lo es –y esto creo que se ha logrado bastante– que recuperemos la estabilidad en precios, o sea, acabar con la inflación para poder operar con tasas de interés reales y nominales más bajas. Esa también es una condición indispensable para que el sistema financiero pueda prosperar.

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Es decir que, básicamente, son necesarias las reformas legales, que están pendientes, y condiciones macroeconómicas estables…
Sí. En cuanto a las reformas legales es importante enfatizar que no es nada más cambiar las leyes, es necesario, pero no suficiente. Se requiere que el proceso de la administración de la justicia, tanto por parte del Poder Judicial como del Poder Ejecutivo, en lo que a cada uno corresponde, sean efectivos; o sea, se requiere la aplicación estricta de la ley para todos.

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Se ha criticado mucho el rescate bancario. Se dice que su costo se traducirá en un decrecimiento económico de menos del 1% anual durante las próximas cuatro décadas. ¿No es un costo muy oneroso?
El impacto negativo de no haber hecho el rescate bancario probablemente nos hubiera llevado a que, en una década cuando menos, no regresara la confianza del ahorrador. Tendríamos en consecuencia una fuga permanente de capitales y, por tanto, más devaluaciones e inflación, así como una capacidad mínima de crecimiento de la economía.

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No creo que el rescate bancario le vaya a quitar crecimiento al país, al contrario, está permitiendo que el país crezca. Los países que han atacado más rápidamente las crisis bancarias han sido los que han recuperado su crecimiento más rápido.

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