La gran noche

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Ricardo Medina

Otra vez se miró al espejo, acomodó unos milímetros a la izquierda el nudo de su corbata de un subido color amarillo. Con cuidado, con la conciencia de quien se sabe centro, protagonista de un momento histórico, había seleccionado el terno, la camisa, la corbata, las ondulaciones de cabello. Mientras tanto tarareaba: “¿qué pasará, qué misterio habrá?, hoy será mi gran noche...”

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Más inquieto que de costumbre, acentuados los involuntarios movimientos nerviosos (tics, les llaman), el cigarrillo encendido consumiéndose en el cenicero, Porfirio cantaba en las vísperas del gozo.

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Por fin, el sueño largamente acariciado. El anhelo máximo de un campeón de oratoria. Porfirio hablaría desde la más alta tribuna del país, sería “Porfirio, el tribuno”, el nuevo Séneca. Destilaría cadenciosamente su sabiduría sobre la nación. Como martillazos sobre el mármol sus palabras irían esculpiendo la grandiosa figura de la patria (sorprendentemente parecida a sí mismo), sí, ¿o serían como golpes sobre el bronce?, lo mismo da... y volvió a tararear: “Hoy será mi gran noche...”

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Todo está a punto. El atuendo, los aromas, la entonación serena pero vigorosa, la actitud de desenfado republicano, la cortesía distante. ¿O las palabras, mejor, serían como afiladas dagas para clavar en el cuello del enemigo?, no, el momento histórico demanda dejar a un lado, por ahora, la ironía cáustica. El momento histórico, este parteaguas, hay que decirlo modestia aparte, exige elegancia, alguna cita histórica contundente que ilustre a estos silvestres... Sí, se dijo otra vez a sí mismo, “hoy será mi gran noche”, al tiempo que ensayaba ante el espejo, inadvertidamente, esa infalible combinación de mirada inteligente y dura con un ademán adusto de la mano derecha.

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¿Qué pensaría mientras tanto el pobre Arturo? Debe estar pasando las de Caín, pensó... sí, Caín. Humillado y ofendido, vejado. Ah, reflexionó, qué tiempos tan maravillosos vive México. Por fin esta patria tendrá un tribuno a la altura de sus mejores sueños. Cómo se emocionarán los ciudadanos cuando yo, Porfirio, le recuerde al Presidente que hay que saber obedecer, obedecernos, para poder mandar. ¡Qué golpe!, ¡qué maestría!, modestia aparte. “Hoy será mi gran noche...”

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Pobrecillos Emilio, Arturo y todos los demás. No entienden que los tiempos han cambiado, no saben que ha llegado la hora del pueblo (“mi gran noche”), la soberanía radica en el pueblo y yo, Porfirio, soy el representante del pueblo, el mejor representante, el más dotado, el más lúcido, el más brillante. Yo, reflexionó... yo... sí, yo soy el pueblo. Por lo tanto, ¿yo soy el soberano?..., pues bien, sí, soberano republicano. ¿Por qué no?

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No han podido conmigo, siguió reflexionando en el automóvil rumbo a la gran fiesta..., ¿no que no? Es el fin de un largo camino. Es el parteaguas. Se dirá en el futuro: “Antes del discurso de Porfirio, después del discurso de Porfirio”. Quedarán deslumbrados, sé que están inquietos, mordiéndose las uñas por saber qué voy a decir. No se preocupen, no los voy a decepcionar. Quedarán sorprendidos, extasiados. Claro, algunos refunfuñarán, se sentirán víctimas del escarnio, pero esos tales se lo merecen. ¡Qué lección les voy a dar! “Hoy será mi gran noche...y al despertar todo el mundo sabrá algo que no conoce, la, la, la, la... la, la, la, la, hoy será mi gran noche!”.

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Yo subiré a la tribuna y ellos al patíbulo de la historia. Parlamentario, qué hermosa palabra. De todo el mundo llegarán las felicitaciones, los comentarios elogiosos, el anuncio: “He aquí a un gran político, a un gran parlamentario, al artífice del cambio en México, al tribuno Porfirio”.

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Por fin terminó todo y se rubricó con aplausos emocionados. Sí, sí fue “mi gran noche”. Al bajar de la tribuna y entre abrazos, palmadas en la espalda, felicitaciones, Porfirio pregunta anhelante: “¿Cómo estuve, cómo me viste?”... y la respuesta ya conocida a la pregunta retórica: “Estupendo, Porfirio”, “grandioso”, “te sacaste un 10; no, más que un 10: un 10 plus”

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Y al fin y al cabo, un trago o dos o más para celebrar el triunfo. Rey por una noche... el reyecito republicano y parlamentario.

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