La hora de la verdad

La provincia canadiense espera el referéndum para definir su soberanía. Si gana el oui para la sec

La disputa ya lleva tres décadas, y se acrecentó hace 12 años, cuando la provincia de Quebec no fue reconocida como una sociedad diferente al resto de Canadá y fue la única que no firmó el acuerdo para que este país se separara legalmente del Imperio Británico.

- Esto ha sido la causa de los subsecuentes fracasos para lograr el proceso constitucional canadiense, en 1990 con el acuerdo de lago Meech, y en 1992 con el de Charlottetown. Para los quebequenses, ahora ya no es suficiente que se les reconozca un estatus de sociedad distinta sino que se les concedan facultades para decidir, entre otros aspectos, sobre comercio exterior, telecomunicaciones e inmigración.

- Quebec es la mayor provincia del este de Canadá, con una extensión de 1.9 millones de kilómetros cuadrados y siete millones de habitantes, de los cuales seis millones son francófonos, y el resto indios o de habla inglesa.

- En su momento, Lucien Bouchard, ex militante del Partido Conservador y fundador en 1990 del Bloque Quebequense (BQ), declaró que sólo se aceptaría un acuerdo con la federación cuando se reconozca a Quebec su soberanía política dentro de la esfera económica canadiense; un acuerdo similar al de Maastricht para la Unión Europea.

- Federalistas y separatistas están próximos a enfrentarse en la segunda contienda electoral de importancia que decidirá el futuro de la provincia. Cada bando afirma tener la mayoría, pero en realidad no se sabe cómo votarán los quebequenses cuando se convoque a referéndum en el próximo otoño, para decir oui o non a la separación de Quebec.

- Anteproyecto de soberanía
La primera batalla electoral fue ganada el año pasado por los soberanistas a través del Partido Quebequense (PQ), cuando 44.7% de los votos favorecieron a Jacques Parizeau como primer ministro de la provincia, pero sólo logró 0.4 puntos más que su oponente del Partido liberal; a nivel federal, el BQ logró la mayoría en el Parlamento, lo que da mayor fuerza a los separatistas.

- La tercera y definitiva batalla será más difícil para Canadá y Quebec: si gana el oui, tendrán que negociarse los términos y condiciones de la separación. Y la maquinaria del gobierno de Parizeau ya está en plena marcha: en enero se integró una Gran Comisión Provincial y 15 comisiones más, para informar y convencer sobre el anteproyecto de ley para la soberanía, que comprende 17 artículos. La población podrá estudiar, modificar y sugerir con base en este anteproyecto, que incluye desde cómo debe llamarse el nuevo país, qué debe decir el preámbulo de la Declaración de Soberanía, los alcances en política económica y social, y el manejo de las entidades que hasta la fecha son federales.

- Las comisiones entregarán las propuestas a la Asamblea Nacional para que realice los cambios necesarios al articulado y fije la fecha exacta del referéndum.

- La propuesta de soberanía incluye cinco aspectos: mantener el estado de derecho, con su constitución y la Carta de Derechos y Libertades de la Persona; garantizar los derechos de los grupos étnicos o nacionales y de las minorías; respetar el principio de inviolabilidad de limites territoriales, sólo modificables a través de acuerdos comunes; retomar todos los compromisos sobre desarme y no proliferación de armas nucleares, y comprometerse a solucionar por acuerdo lo que corresponda a la sucesión de los jefes de Estado.

- Electroshock
Federalistas y separatistas argumentan en contra o en pro de la soberanía, pero definitivamente la moneda está en el aire. Por ejemplo, del total de la población con derecho a voto, alrededor de 50% es mayor de 45 años jubilados o pensionados que temen perder sus beneficios socio-económicos).

- Parizeau confía en que ahora finalmente se logrará la separación, máxime que casi 60% de los habitantes se define como quebequenses. Quienes están en contra "ya se fueron de Quebec, por lo menos hace 30 años, y los que vivimos aquí tenemos bien identificados nuestros propósitos".

- En todo caso, el conflicto ahora es más de índole económico-político. Robert Normand, viceministro de Asuntos Internacionales, señala que Canadá está enfermo financiera y políticamente. Su déficit suma $650,000 millones de dólares, y para pagar los intereses "tenemos que pedir prestado; los programas de gobierno son caros, igual que los servicios públicos".

- Por otro lado, económicamente Quebec aporta más a Canadá de lo que recibe: entrega 25% de los impuestos totales del país. Por consiguiente, dice Normand, es necesario "un electroshock, para que la gente despierte a nivel nacional y se dé cuenta de la situación económica y política; la soberanía de Quebec es la respuesta".

- Los separatistas argumentan que Quebec se ha colocado a la vanguardia en alta tecnología, sobre todo en telecomunicaciones, farmacéutica, óptica, aeroespacial, así como en finanzas, amén de su buen nivel de productividad -7° lugar a nivel mundial, antes de Japón- y de su cultura. Asimismo, es el octavo socio comercial de Estados Unidos: el intercambio es de 40% del total que tiene éste con México; incluso ostenta un superávit comercial de $13, 000 millones de dólares con la nación del norte. Las exportaciones crecen en 20% promedio anual, con ganancias crecientes en 41% y su Producto Interno Bruto crece 3.9% anualmente.

- Además, tiene la tasa impositiva más baja del país (cada provincia y sus municipalidades pueden fijar impuestos, independientemente de los federales). A la fecha, el impuesto federal sobre bienes y servicios es de 7% (las provincias aplican tasas que van desde 4% hasta 8%).

- Los separatistas sostienen que si ganan el referéndum no olvidarán sus responsabilidades y compromisos económicos, entre ellos el mantenimiento de entidades hasta ahora federales. También piensan que no habrá problemas si mantienen como su moneda al dólar canadiense, sobre todo si siguen incluidos en el Tratado de libre Comercio (TLC).

- Quebec, gracias a Canadá
Entre los federalistas, hay algunos cautos y otros resueltamente en contra de la secesión. El Partido liberal (PL), aun cuando cuenta entre sus filas con el Primer Ministro federal, Jean Chrétien, es un opositor definitivo.

- Chrétien prácticamente está contra la pared: es quebequense de origen, pero elude abordar el tema de la secesión. Afirma que "eso no ocurrirá". El PQ es más incisivo y, como señaló Normand, los anglófonos eligieron a un francófono para dirigir a Canadá, para que sea éste quien y una patada en el trasero a los quebequenses".

- Mientras tanto, John Ciaccia, diputado y representante del PL, afirma que si bien sus partidarios no quieren la secesión ello no implica oponerse a que los francófonos sean una sociedad distinta. Asegura que "si Quebec hoy es fuerte, dinámico y con representación internacional, es por su vinculación con Canadá". Con la soberanía, dice, se corren muchos riesgos, sobre todo económicos y comerciales.

- Señala además que ya no se contaría con los beneficios como el seguro por desempleo, que permite a los cesantes gozar de ingresos por 42 semanas y trabajar 10 semanas. A esto se añaden los gastos que ahora asume el gobierno federal con el manejo de diversas entidades públicas.

- Ciaccia agrega que Quebec, como parte de Canadá, influye directamente en acuerdos internacionales, en el GATT, en la OCDE, en el Grupo de los Siete y en la ONU, lo que se perdería al separarse. También perdería, destaca, lo ganado en el TLC; tendría que renegociar sobre todo con Estados Unidos en materia co-mercial, y tal vez perder la protección a la industria cultural, que se logró siendo parte de Canadá.

- Georges Farah, diputado y representante del PL de Quebec, expresa que la soberanía es algo superado, considerando el contexto mundial, donde se habla de agrupación de países, sobre todo en lo económico-comercial, y resultaría una desventaja separarse en estos momentos.

- Ciaccia y Farah coinciden en que los soberanistas no entienden que la separación les hará cargar con todo el peso de una mejoría "y hasta el momento no han podido demostrar cómo lo harán". Si, porque estos aseguran que lo primero es lograr el triunfo y luego verán qué hacer para servir a los quebequenses. Ciaccia puntualiza que están explotando el sentimiento de la población, porque ésta si apoya la separación pero con la firme creencia de que conservarán el pasaporte canadiense y que continuarán enviando diputados a Ottawa, a la Casa de los Comunes.

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- ¿La fuerza de las armas?
El politólogo Guy Léforest puntualiza que la soberanía "no resolverá los problemas entre los dos bandos". Coincide el investigador Jocelyn Létourneau, de la Universidad Laval, cuando advierte que los quebequenses no están unidos y que hay varios proyectos de lo que debe ser la provincia en el futuro, y no todo depende de ganar la secesión. Laforest afirma que tanto si ganan o pierden el referéndum, seguirán existiendo dos grupos políticos con suficiente influencia en la federación.

- Ambos avizoran que si se separa, Quebec enfrentaría una seria fuga de capitales, dificultad para reconciliar a la sociedad y lograr la reconstrucción de la provincia, además de que ésta tendría que absorber gran parte de la deuda externa de Canadá. Coinciden con otros estudiosos en que es preferible que Canadá y Quebec busquen una negociación. Empero, Laforest no descarta la posibilidad de que el gobierno federal haga una intervención muy brusca (militar) para evitar la secesión. Tampoco es remoto pensar en un bloqueo comercial por parte del resto del país, así como serios problemas con sus socios comerciales, Estados Unidos y México.

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