La incertidumbre

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Samuel García

La espesa columna de humo y polvo que cubrió el cielo neoyorquino el 11 de septiembre también nubló el horizonte de la economía mundial. El ánimo de los hombres de negocios y de los altos funcionarios gubernamentales ha cambiado y, con él, se han modificado las perspectivas de analistas y académicos sobre el futuro global.

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México, más que ningún otro país latinoamericano, está sufriendo los impactos inmediatos del cambio de prioridades en las agendas gubernamentales y privadas después de los certeros ataques terroristas que terminaron por derrumbar las Torres Gemelas de Nueva York.

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Si bien todavía no existen cifras oficiales definitivas que midan el impacto de estos lamentables acontecimientos sobre la economía mexicana, es evidente que la alta dosis de incertidumbre que hoy impera ha comenzado a provocar estragos que se manifiestan en deterioro de las exportaciones, cierres temporales de fábricas, despidos de personal, acentuado pesimismo entre consumidores y mayor volatilidad de los mercados financieros.

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No existe peor enfermedad para la inversión y sus provechosos efectos multiplicadores que la inseguridad. Peor aún cuando ésta se irradia desde el origen mismo de los flujos de capital; lugar en donde los dos últimos gobierno mexicanos decidieron depositar toda su estrategia para financiar el crecimiento económico del país. Una apuesta sin duda arriesgada, pero también muy atractiva dados los enormes y rápidos beneficios que ofrecía.

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No se trata de dar un paso atrás en la inserción de México en el mundo globalizado de hoy, pero sí es el momento de revisar la conveniencia de seguir alentando la política de colocar todos los huevos en la misma canasta. Quizás es tiempo de impulsar una seria y profunda diversificación de mercados de exportación, especialmente con nuestros socios comerciales europeos.

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Si la lucha por los capitales, dados los vientos recesivos en el mundo, ya se había agudizado antes del 11 de septiembre, las nuevas condiciones de incertidumbre económica provocarán que éstos se canalicen a cuentagotas. Ahora irrumpirá con fuerza un factor de inversión de capital externo en el que México está en franca desventaja: la seguridad para el capital. Ello implica desde la eficacia en la protección pública hasta la confianza en el sistema legal. Ojalá esta coyuntura de guerra contra el terrorismo sirva de acicate para trabajar seriamente en tal sentido.

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– El autor es economista y columnista de temas financieros.

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