La invención de Kronos Quartet

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Ernesto Flores Vega

La buena música no conoce fronteras. Brota lo mismo en el siglo XII que en el XX; en África, América, Asia o Europa. Surge del pueblo o de las élites. La buena música es, la materia prima con la que desde hace más de una década trabaja Kronos, el innovador cuarteto de cuerdas estadounidense.

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Kronos no hace distingos estériles entre periodos, escuelas o regiones; tampoco entre "alta" y "baja" cultura. Asume, con el mismo esmero, la ejecución de un cuarteto de -Dimitri Shostakovich o de Béla Bartók, que de un tango de Astor Piazzola, un blues de Willie Dixon, o una versión de la explosiva "Purple Haze", de Jimi Hendrix.

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Ecléctico es un adjetivo que le viene como anillo al dedo a Kronos, agrupación de verdaderos polinizadores culturales que ha comisionado obras a compositores australianos, argentinos, azerbaijanos, japoneses, mexicanos, polacos y zimbabwenses). "Tratamos de ofrecer conciertos y grabaciones que le transmitan a nuestros escuchas una idea del amplio mundo de la música que estamos descubriendo", dice en entrevista David Harrington, violinista y director artístico del cuarteto.

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Harrington ha estimulado en Kronos una actitud de curiosidad y aventura. Él es el tipo de persona que considera "peligroso" ir a una tienda de discos ("siempre salgo con una bolsa enorme y me sale carísimo"); un intérprete tan heterodoxo que ha pasado la mañana escuchando música doo-wop y vietnamita antes de sostener esta charla. "Amo el contraste en la música –expone–; me encanta la idea de que un concierto o una grabación puedan explorar tanto los sonidos más suaves como los más fuertes, y que emocionalmente la música pueda ir de la más feliz, extática y gozosa, a la más melancólica y triste."

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Kronos ha edificado una discografía –antologada en Released. 1985-1995 (Elektra Nonesuch)– que también se distingue por su atención a la vanguardia. Son notables sus interpretaciones de la obra de los tres grandes minimalistas estadounidenses: Terry Riley (Salome dances for peace), Steve Reich (Different Trains) y Philip Glass (sus cuartetos de cuerdas No. 2, 3, 4 y 5). Pero también ha parado la oreja en dirección a otras latitudes. Su grabación más exitosa –comercialmente hablando– es Pieces of Africa (Elektra Nonsuch), una colorida colección de piezas de compositores de Gambia, Ghana, Marruecos, Sudáfrica, Sudán, Uganda y Zimbabwe.

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La amplitud cultural de Kronos se manifestó muy bien el pasado 2 de octubre, en Guanajuato, cuando el cuarteto estrenó, en el marco del XXV Festival Internacional Cervantino, "Altar de muertos para cuarteto de cuerdas y cinta", una pieza de la mexicana Gabriela Ortiz. En un espacio de papel picado y veladoras, con cascabeles anudados a los pies y máscaras cubriéndoles el rostro, los integrantes de Kronos hicieron una ofrenda musical.

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Tanto Harrington como sus compañeros John Sherba (violín), Hank Dutt (viola) y Joan Jeanrenaud (cello) son proclives a la experimentación. Desde hace tiempo, han comisionado obras en las que la palabra hablada se combina con la música. Howl, USA (Elektra Nonesuch) es un disco que demuestra cómo un discurso de J. Edgar Hoover, excéntrico director del FBI, y Aullido, el gran poema beatnik de Allen Ginsberg, pueden servir de libreto para una reflexión corrosiva sobre la democracia estadounidense. Dice Harrington: "Crecimos en los años 60 y aún creemos en muchas cosas, como en no creer en todo lo que leemos en los periódicos".

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Early music (Elektra Nonesuch) es la grabación más reciente de Kronos y quizá la que más honor le hace al nombre del cuarteto: se trata de un zigzag musical a través de los siglos. Sorprende la familiaridad sonora entre obras compuestas ha-ce centurias –como las de Kassia, Hildegard von Bingen, Perotin y Guillaume de Machaut– y piezas escritas hace unas décadas, como las de John Cage, Alfred Schnittke o Arvo Pärt. La música puede haber sido escrita hace 1,200 años y sonar como si fuera del siglo XXI, o puede haber sido escrita recientemente y sonar como si tuviera cientos de años –dice Harrington–. De algún modo, la calidad artística de esta música toca ciertas partes de nosotros como seres humanos que ninguna otra forma de arte puede tocar".

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Es fin, casi principio de siglo: es tiempo de Kronos Quartet.

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