La isla de la fantasía

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“Todo lo que sube, baja”. No es una máxima científica, pero los analistas empiezan a citarla para no quedar en ridículo cuando  la economía estadounidense deje de dar noticias tan optimistas.

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Cada día Estados Unidos presenta un indicio de fortaleza. La producción creció 4.5% en el primer trimestre. La bolsa de Nueva York batió los récords y en menos de un mes el precio promedio de las acciones aumentó 10%.

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Nadie sabe cómo o por qué habría de terminar esta bonanza. La advertencia de que la bolsa crece demasiado no funciona. Ahora hay actividad en prácticamente todos los sectores y no sólo en tecnología.

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Hay quien dice que la Unión Americana es una isla de prosperidad en el mundo. Sus consumidores tienen para comprar, pero los mercados externos, no, aunque algunas regiones como Asia vuelven a dar señales de vida. “Es una isla, pero una isla un poco grande”, ironiza Héctor Chávez, director de análisis de Serfin. “A México le va a ir bien, como lo muestra el avance de sus exportaciones manufactureras”.

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“La productividad de los estadounidenses explica gran parte de este auge”, añade Carlos Sámano, analista de la Casa de Bolsa Bancomer.

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Ambos prevén que esta bonanza no se traducirá en inflación, cuando menos hasta el segundo semestre, porque los salarios y los precios de las materias primas se han mantenido estables.

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Hasta el siempre pesimista Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal, festeja los avances, pero advierte que deberá mantenerse el crecimiento en productividad.

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Los más previsores se refugian en papel gubernamental. Servir para evitar golpes, en caso de que se aplique la ley de gravedad.

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