La última herencia

En unos cuantos días la administración zedillista cede la estafeta del poder al nuevo gobierno fox

Es cierto: la economía está relativamente en calma, las grandes cuentas cuadran y el país que hereda la administración zedillista se halla lejos de aquel que, prendido con alfileres, dejó el gobierno salinista. Pero es falso que la transición de terciopelo aplique también a la economía.

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El problema se llama deuda. Y más bien hay que decirlo en plural: deudas. Baste con citar tres monumentales compromisos que, de inmediato, quedan sobre el escritorio de Vicente Fox y su gabinete económico, y que deberán ser solventados durante 2001: los intereses sobre los pasivos del Instituto de Protección al Ahorro Bancario (IPAB), el pago de pensiones del IMSS el nuevo y peligroso iceberg de deuda llamado Proyectos de Impacto Diferido en el Registro del Gasto (Pidiregas). En total, sólo para el primer año de gobierno de Fox, hay cuentas por pagar –casi inesperadas– que rebasan $18,000 millones de dólares, sin considerar el tradicional servicio de la deuda externa ni muchos otros capítulos.

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Llama la atención, sin duda, el tercer concepto. Durante 1999 y 2000, más de la mitad de la inversión en el sector energético se ha realizado a través de Pidiregas, instrumentos que fueron una solución cortoplacista (¿le parecen aún raras estas soluciones en México?) para financiar la urgente inversión en energía. ¿Conoce la suma invertida bajo este esquema? $385,530 millones de pesos, ya actualizados con todo y costo financiero. Supuestamente, estos proyectos serían autofinanciables, pero ocurre que lo más probable es que no lo sean, por lo que el erario público tendrá que salir, una vez más, al rescate. Increíble. Aquí está un primer síntoma importante del bloqueo legislativo a la reforma del sector eléctrico.

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Esos números demuestran que la última administración priísta no transmitirá esas cuentas tan maravillosas que exclamaron a los cuatro vientos. Una vez más, como se ha insistido desde tantas trincheras, se demuestra que en economía los trazos en los pizarrones son absolutamente insuficientes para manejar la complejidad de una nación. De ahí que las altas esferas de la burocracia no logren, siquiera, contemplar oportunamente problemas como el de sus propios trabajadores, que salieron a la calle a reclamar un bono sexenal y que, disfrazado ahora con otro nombre, representa un costo más para las finanzas públicas. México es muy, muy complejo. Y eso no se aprende en universidades extranjeras.

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Llegó, pues, la hora de la verdad para Vicente Fox. A todos los grandes retos que tiene enfrente, sume ahora nuevas cuentas por pagar. Difícil comienzo.

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