La mordida inalámbrica

La solución para deshacerse de los cables se llama Bluetooth. Tiene sus inconvenientes, pero funcio
Antonio Puertas

A nadie en su sano juicio le gustan los cables. No sólo son desagradables y torcidos por naturaleza; también tienden a guardar polvo en exceso, estorban el paso y las diarias labores de limpieza, y son sobre todo la excusa perfecta para discusiones sin fin con amas de casa poco sensibles a temas tecnológicos. Pero son inevitables y, cuando uno trabaja en una oficina casera, hay que usarlos para conectar todos los dispositivos que usamos: CPU, monitor, teclado, mouse, impresora, cámara digital, PDA, etcétera.

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Siendo una de las víctimas cotidianas de esta ciega intolerancia a los cables, se puede entender mi entusiasmo por la cada vez más amplia adopción de Bluetooth –un protocolo más o menos reciente para enlaces inalámbricos de corto alcance– entre diversos dispositivos. Sin embargo, el asunto de su configuración es (como se dice) otro cantar, y su melodía tiene cierta tonadilla sentimental.

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Pero vayamos por par-tes. El primer paso para poder utilizar esta tecnología inalámbrica –que utiliza frecuencias de radio– implica por fuerza comprar un adaptador Bluetooth (los más recientes modelos de PC portátiles pueden incluirlo ya de fábrica). Existen varias opciones en el mercado y su costo es bastante accesible (entre $399 y $899 pesos). Por lo regular, este adaptador va conectado a uno de los puertos USB de la computadora. Aquí salta la primer veleidad de Bluetooth: como todos los amantes celosos, el dispositivo exige todo un puerto universal para él solo y no está dispuesto a compartirlo con un multiplicador de puertos (o hub).

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Segundo obstáculo: Bluetooth no es plug–and–play, esto es: no descubre en automático dispositivos con el mismo protocolo y, por lo tanto, no los conecta a nuestra PC. Con frecuencia hay que instalar un driver especial en nuestro sistema operativo y, más importante, es recomendable ponerlo al día con las últimas actualizaciones (léase SP2 o Service Pack 2 para Windows XP, indispensable si se quiere utilizar Bluetooth). En fin: todo sea por reducir el cablerío (y ahorrarme discusiones bizantinas con Delfina, mi empleada doméstica).

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Afortunadamente, el SP2 ya incluye un módulo especial para conexiones Bluetooth, que facilita mucho el siguiente paso: indicarle a nuestra computadora que determinado dispositivo puede conectarse con ella sin problema ni riesgos.

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A esta acción, en la literatura Bluetooth, se le llama “parear” o pairing; para un servidor es como hacerle al Celestino y “presentar” entre sí a los dispositivos para que se “hablen” e inicien su peculiar romance: computadora, éste es mi teléfono; teléfono, ésta es mi PC; ahora entiéndanse entre ustedes. Una advertencia: evite que su dispositivo esté expuesto o sujeto a ser descubierto automáticamente por otros en lugares públicos. Ya han aparecido un par de virus o gusanos que aprovechan esta tecnología para insertarse en los equipos.

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En el fondo, lo que hace Bluetooth es crear lo que llaman “puertos seriales virtuales”, asignándole uno y sólo uno a cada dispositivo. Así, es posible utilizar un mismo adaptador para conectar un número variable de componentes. También es por ello que cuando sincronizo los datos de mi agenda con los de mi teléfono, ésta no termina gastándose las hojas de mi impresora. Podrá ser un amante celoso y rejego, pero nadie podrá decirle que no es ordenado.

* Periodista independiente, especializado en temas de tecnologías de información. Para cualquier pregunta, sugerencia, crítica o reclamo puede dirigirse a la dirección electrónica: apuertas@expansion.com.mx

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