La multiplicación de los panes

Salón del empresario 2003
Gabriela Ruiz

ROBERTO SERVITJE
(1928)
Grupo Bimbo

- A la hora de nacer le partieron el húmero. Su padre dejó de dormir en la misma habitación que su madre porque el bebé lloraba incesantemente. Empezó a trabajar desde muy chico. Mientras sus amigos se iban de vacaciones a Acapulco, la familia se quedaba a trabajar en la panadería. A temprana edad su padre murió y hubo que apoyar a mamá. Este fue el principio de un empresario que es ya un legado de la sociedad corporativa mexicana, junto con su hermano Lorenzo.

- A sus 75 años Roberto Servitje, actual presidente de Grupo Bimbo, es un hombre entero que relata anécdotas de su vida con una sorprendente claridad. Ríe y bromea sobre pasadas vicisitudes en su austera oficina. “Por supuesto que sé hacer pan, roscas de reyes, galletas Marías. Vengo de familia de panaderos”, aclara orgullosamente. Pero ¿cómo fue la transición entre los aromáticos hornos de El Molino y el sitio que ahora ocupa en las listas de empresarios a escala mundial?

- Trabajó en ventas, contabilidad, manejando camiones, explorando nuevos mercados, haciendo talacha, desarrollando nuevas plantas. “Mi mamá me preguntó qué quería estudiar y no me interesaba ni la medicina, ni una carrera contable. Así que me dijo que me fuera a estudiar inglés a Canadá.” Llegó a una escuela francesa donde aprendió latín y griego. Tiene muy claro lo que a él le gusta. “La mecánica. Hasta componer relojes. Me gustan las armas, las cámaras fotográficas y los encendedores.” Durante su estancia en el norte del continente era requisito formar parte del grupo de cadetes de aviación de la Real Fuerza Canadiense, donde le dieron clases de mecánica, habilidad que sería clave en la expansión de Grupo Bimbo.

- Al regresar a México terminó la carrera de contador. Su hermano Lorenzo le ofreció el puesto de Ventas dentro de la compañía. Era el comienzo de una carrera ascendente como empleado de la panificadora.

- Al inicio de las operaciones de Bimbo los vehículos para distribuir el pan eran cinco chasises nuevos, cinco usados y hasta ambulancias viejas que arreglaron y pintaron. “Todavía no terminaba la Segunda Guerra Mundial y no había camiones nuevos.” Cuando el consorcio creció y hubo que comenzar a conducir en carretera con las carcachas, éstas se desbielaban, consumían demasiada gasolina y lubricantes e incluso hubo accidentes. Con la experiencia que obtuvo en Canadá le pidieron que organizara el departamento de vehículos. “Tomé el asunto con enorme interés. Me conseguí todo el material que tenía del ejército estadounidense para el mantenimiento de los camiones. Encontramos métodos de conservación preventivos. De cero organizamos todo un sistema. Se hicieron cursos de capacitación para los conductores y los mecánicos. Todo esto tomó varios meses. Se creó el primer tallercito improvisado y luego ya se hizo otro, que considero es uno de los más avanzados de México.”

- Así, su afición por la talacha desde muy corta edad le dio la inquietud para buscar nuevas oportunidades. Después de los camiones empezaron a utilizarse los traileres. “En algunas ocasiones me tocaba suplir a los choferes en viajes a Guadalajara completitos de ida y vuelta, sin dormir. No creas que no me gustaba. Sí me gustaba.” Tras haber sido actor clave en el éxito del negocio, hoy una de sus prioridades es mantener a una empresa con alma, responsable respecto a sus trabajadores, sus clientes y su entorno.

- “Soy una persona con muchísima suerte. Conocí gente muy buena y sencilla. Desde que empezó la compañía, me tocó trabajar con hombres muy humildes.” No por nada desde el personal de seguridad hasta sus asistentes personales se refieren a él como “don Roberto”.

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