La nueva caída de Roma

Tan italianas como las pizzas, las motos Vespa son ahora texanas. ¿Qué pasará con las otras empre
Jorge Gutiérrez Chávez

Con el fin de siglo ha entrado en crisis el capitalismo de las empresas familiares. Uno de los últimos representantes de este modelo es Italia, que debe gran parte de su riqueza a la atinada gestión de sus compañías familiares –ayudadas, claro, por los distintos gobiernos del país–. Los tiempos han cambiado y hoy muchas de estas empresas han comenzado a resentir el no haber podido o querido adaptarse a las nuevas condiciones.

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El creciente desempleo en Italia –12% de su población económicamente activa– y la sistemática venta de algunas de las más grandes y exitosas sociedades italianas ha sido la natural consecuencia. Marcas tan conocidas como Gucci, Cinzano/Buton o Lamborghini son sólo algunas de las empresas familiares que han pasado a manos de extranjeros.

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Iniciada a principios de los 90, la venta de estas empresas no había provocado demasiadas polémicas, pero hoy, con el anuncio de venta de Piaggio (productora de la motocicleta Vespa), a la multinacional Texas Pacific Group, toda Italia ha sacado de los roperos un empolvado orgullo nacional. Esta generalizada indignación no ha obedecido al monto de la operación ($700 millones de dólares aproximadamente) o a la conspicua facturación (más de $1,000 millones de dólares en 1998, con una utilidad de más de $5,000 millones después de haber perdido más de $28,000 millones en 1987) y menos aún al eventual reajuste del personal, sino al negativo efecto que ha tenido en el imaginario colectivo local saber que la italianísima Vespa dejará de ser italiana. “¿Qué cosa es más italiana que la Vespa? Por años, junto con la pizza, ha sido uno de los símbolos de nuestro país, sobre todo desde que Audrey Hepburn y Gregory Peck, con la película Vacaciones en Roma, la hicieron famosa”, escribe Giuseppe Turani, experto en economía del periódico La Repubblica.

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La venta de Piaggio ha hecho salir a la luz uno de los grandes problemas del capitalismo familiar italiano. “Uno se da cuenta que no se trata sólo de una fatalidad o de historias de familia sino de un sistema que no funciona y que puede llevarnos a perder muchas más empresas de las que podría ser justo y natural”, comenta Turani.

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El añejo sistema de producción familiar, muerto su fundador, crea innumerables problemas (falta de liquidez, herencias, fricciones entre familiares y parientes), los cuales muy a menudo son resueltos con la venta de las empresas, puesto que el dinero se reparte sin demasiadas complicaciones.

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Para los herederos que pretenden relanzar la empresa concluido un ciclo, las cosas tampoco son fáciles. Giovannino Agnelli, también sobrino de Gianni Agnelli, el último gran jefe del clan, había iniciado esta operación en Piaggio. Su repentina muerte y la ausencia de otro familiar con sus características son quizá el origen de la venta de esta sociedad.

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Todo esto, aunado a la tardía consolidación del capitalismo italiano, explica en términos generales la debilidad de su sistema productivo, el cual requiere de una urgente refundación no sólo porque el mundo ha cambiado sino porque su última generación empresarial gira en torno a la figura de su fundador.

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