La puerta abierta

Durante los últimos 18 meses el gobierno mexicano se ha dedicado a sustituir deuda a través de div
Luis Martín González G.

Para la mayoría de los especialistas, la llave que abrirá la plena disposición de los mercados internacionales para que México pueda ofrecer sus papeles en las mejores condiciones y a plazos amplios, es que exista un correcto manejo de la economía (y se tenga la habilidad de demostrarlo).

- Las incursiones del gobierno en los mercados durante el último año y medio parecieran mostrar una estrategia más agresiva, tal vez con el fin de evitar nuevos colapsos financieros y poner el pie en la puerta, para que no se vuelva a cerrar y asegurar así, también, la entrada permanente de emisiones privadas.

- Avanzar en la recuperación económica ha significado, además, convencer a los inversionistas de que sus capitales estarán seguros en el país, donde recibirán rendimientos superiores a los que ofrecen otras alternativas regionales.

- Con todo esto, lograr no sólo que las agencias calificadoras mejoren su recomendación para los papeles mexicanos, sino que el propio país obtenga el “grado de inversión”, ha requerido, al decir de muchos, de “gigantescos” esfuerzos para refinanciar los compromisos ante los vencimientos en los mercados. El objetivo sería eliminar cualquier riesgo parecido al que México enfrentó en 1994 con la crisis de pago de los Tesobonos.

- Martín Werner, director general de Crédito Público de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), sostiene que, en este momento, las autoridades realizan estos esfuerzos al incursionar en los mercados “con instrumentos novedosos”, que permitan además ampliar las posibilidades para futuras emisiones del propio gobierno y de las empresas.

- El caso más evidente, sin duda, es la reciente emisión de un bono global en el mercado de dólares por un monto de $1,000 millones, a un plazo de 20 años y con una tasa de interés anual equivalente al rendimiento de los Bonos del Tesoro estadounidenses al mismo plazo, más 4.45%. Esta emisión es mucho más favorable a las equivalentes anteriores, en plazo y tasas, respectivamente, llevadas a cabo en febrero y mayo pasados.

- El “riesgo México”
El funcionario comenta que, como primer punto, este riesgo se refleja en los precios de los activos mexicanos que cotizan en los mercados internacionales, consecuencia de lo que percibe la comunidad financiera internacional respecto de la evolución de la economía doméstica.

- “Después de la devaluación hubo pánico y la percepción del ‘riesgo México’ se elevó, pero una vez en marcha los diferentes programas para enfrentar la emergencia económica, en 1995 empezó ha disminuir significativamente y en la medida en que avanza el programa económico, continúa mejorando”. Añade que esto está permitiendo al gobierno y a las empresas mexicanas entrar otra vez a los mercados para contar con crédito y capital para financiar sus inversiones. Sin embargo, aclara, hoy todavía se paga una cantidad muy importante como prima de riesgo.

- Werner indica que los programas de bonos han buscado obtener las mejores condiciones para refinanciar, en primera instancia, los Tesobonos y, ahora, los vencimientos del paquete financiero. En otras palabras, en los últimos 18 meses se han dedicado a sustituir deuda.

- “Cuando se desató la crisis teníamos que refinanciar un monto muy importante de Tesobonos, casi $30,000 millones de dólares —señala—. Una parte se financió con préstamos del FMI y del Tesoro estadounidense, y otra con recursos del mercado; en el segundo semestre de 1995 se empezó a accesar a los mercados. Este año hemos refinanciado el paquete del Tesoro que, de un saldo de $12,500 millones de dólares, disminuyó a $3,500, con el prepago de $7,000 que se hizo en agosto pasado”. Agrega que ese monto se cubrirá en 1997, con mejores condiciones de costo y plazo.

- Lo que se ha buscado con diferentes instrumentos —la nota dual, el intercambio de bonos Brady, la emisión de notas bancarias, además de los instrumentos tradicionales de bonos a plazos fijos, en dólares, yenes y marcos—, es diversificar las alternativas de fondeo con que cuenta el gobierno.

- “Durante 1996, con la emisión en yenes japoneses, hemos cubierto el programa de refinanciamiento de pasivos. En el mercado de esta moneda, hace apenas cuatro o seis meses emitimos bonos a 6% a seis años y hoy, al mismo plazo, estamos emitiendo a 5%. Esto es muy importante porque se trata de una reducción de casi 20% en la tasa, lo que demuestra que hay interés y mejores expectativas para la economía mexicana en el mercado japonés”.

- Werner indica que de aquí a fin de año ya casi no hay vencimientos. El único, añade, es el de noviembre próximo, cuando venza la nota dual emitida afuera en el mismo mes del año pasado. En este caso hay que pagar la tasa Libor-Cetes menos seis puntos —por un monto de $1,500 millones de dólares—, aunque ya está refinanciado en 90% con la emisión de yenes.

- Para 1997 los vencimientos totales de deuda ascienden a $9,000 millones de dólares. “Sin embargo, es muy importante distinguir entre ‘mercado’ y ‘no mercado’. El primero se refiere a los vencimientos de bonos y de papel comercial en los mercados internacionales; el segundo, a los vencimientos con las fuentes multilaterales y bilaterales de crédito, que se refinancian siempre con éstas mismas y no representan presión en los mercados. Así, contamos con un perfil de refinanciamiento manejable”.

- Competencia internacional
Según Werner, existen tres elementos relacionados con la competencia con otros países. El primero, dice, es responsabilidad de México, “porque lo que da valor a las emisiones es que en la medida en que la economía y la política del país marchen correctamente, los inversionistas tienen mejores oportunidades comparativas, y por ello van a ingresar capitales”.

- El segundo es la habilidad de diseñar estructuras de financiamiento interesantes, que le ofrezcan valor al inversionista. De ahí la conveniencia de buscar instrumentos novedosos.

- “En noviembre pasado, por ejemplo, emitimos la nota dual, que es una forma de captar, a un costo menor, la inversión que antes se hacía en Cetes y por extranjeros. Ahora se compra un título emitido afuera, con un plazo de por lo menos un año y con un costo menor que los Cetes. Otra operación fue intercambiar bonos Brady: en abril-mayo éstos —emitidos en 1989 a raíz de la reestructura de la deuda externa y que fueron diseñados para bancos— tenían un colateral en bonos del Tesoro y una parte sin colateral; fue un instrumento híbrido que respondía a las restricciones regulatorias de la banca internacional.”

- En todo caso, esto fue favorecido por el desarrollo de una base muy grande de inversionistas en el mundo, que no son bancos y compran papeles en los países “emergentes”, para quienes el diseño anterior del bono Brady no es eficiente, dada su mezcla de colateral del gobierno estadounidense y “riesgo Mexico”. Estos inversionistas quieren únicamente este último, porque el precio de estos bonos es muy bajo y genera una percepción mayor del “riesgo México”.

- Por esto —continúa Werner— se pensó que era importante cambiar esos bonos por otros de “riesgo México” a largo plazo. “Con la operación de intercambio logramos cancelar $2,300 millones de dólares de bonos Brady, emitimos $1,750 millones y un nuevo bono a 30 años; es la primera vez que el gobierno emite a este plazo y ha sido una operación muy exitosa”. Originalmente se colocó a un diferencial sobre el bono del Tesoro a ese plazo de 552 puntos base, y de mayo para acá, debido al cambio en la percepción de los inversionistas sobre la evolución futura de la economía, este diferencial se ha reducido a 480 puntos base. “Es un esquema muy novedoso que nos permite recuperar dicho colateral, emitir bonos de muy largo plazo y conseguir financiamiento.”

- Otro instrumento novedoso fue la colocación, realizada en julio y agosto para refinanciar el paquete con el Tesoro estadounidense. Dicho organismo tenía ciertos derechos en el caso de que México no cumpliera, “lo que nunca ha hecho”. Entre tales derechos, podía cobrarse —de las cuentas del Banco de México en el Banco de la Reserva Federal, en Nueva York— el pago de intereses y de capital. “Lo que hicimos fue tratar de privatizar esa operación y ofrecimos a los inversionistas una garantía similar a la que ya tienen con el Tesoro, con un instrumento a tasa flotante a un plazo de cinco años, que nos ahorraba casi 300 puntos base con respecto al Tesoro. Este instrumento obtuvo el “grado de inversión” por las agencias calificadoras y nos amplió la base de inversionistas”. En la operación, se combinó el mercado bancario —que no se había accesado desde los años 80— y el mercado tradicional de inversionistas en bonos emergentes; con ello se logró que, de una oferta inicial de $3,000 millones se colocaran $6,000 millones de dólares, con una demanda que llegó a $10,000.

- “Así —concluye el director de Crédito Público— anticipamos el pago de los recursos del Tesoro, que vencían en 1997 y 1998, restándole $1,500 millones de dólares por año, con lo que el país ahorró $125 millones anuales por la baja en las tasas de interés. Un tercer beneficio es que al prepagar un monto importante damos una señal de solidez que nos permite accesar más fácilmente a los mercados internacionales.”

- Según él, el reto más importante en el manejo de la deuda pública externa es saldar el financiamiento de emergencia otorgado por el Tesoro de Estados Unidos. Aún se adeudan $3,500 millones de dólares, pero si se logra refinanciar una parte en plazos de 10 a 30 años, no habrá vencimientos abultados y mejorará la perspectiva del “riesgo país”.

- Tareas pendientes
Lo que es fundamental es que haya una mejor percepción de los mercados sobre el comportamiento de la economía mexicana. Las actuales condiciones todavía dejan fuera al país de la venia de las agencias calificadoras (el anheladísimo “grado de inversión”).

- Esta calificación abriría las puertas a una inmensa cantidad de inversionistas y a mejores condiciones de financiamiento, para realizar los urgentes proyectos de inversión tanto públicos como privados. En el ínter, apunta Werner, es vital accesar los mercados de manera responsable, cuidando que las emisiones sean exitosas para garantizar nuevas incursiones. “Esto es un juego repetitivo y, por el tamaño y la interrelación de México con la economía internacional, el país se mantendrá en los flujos de comercio y de capitales por muchos años. Tenemos que garantizar que las puertas de los mercados estarán siempre abiertas para México.”

- El gobierno tiene un monto muy grande de bonos en el mercado. Los Brady y otros que se han colocado en los mercados internacionales suman más de $50,000 millones de dólares de títulos mexicanos “en manos de inversionistas que confían en el país. Y esa gente debe estar cómoda, porque tenemos que lograr que invierta más”.

- Por lo pronto, mientras disminuye el costo del financiamiento, el gobierno mexicano debe seguir pensando en plazos largos, además, claro, como el mismo funcionario lo admite, de tener un flujo constante de información con los dueños de los capitales.

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- “Cada tres meses sostenemos conferencias telefónicas con más de 1,500 inversionistas, para tenerlos al tanto sobre la marcha de la economía nacional”, asegura Werner.

- El fantasma del error de diciembre todavía no logra disiparse.

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