La puerta de China

Para hacer negocios con la gran potencia asiática, Hong Kong es una buena puerta de entrada; hasta

Desde las ventanas de los centenares de rascacielos hongkoneses puede observarse el puerto Kwai Chung en movimiento. La recesión ha dejado su huella aquí como en todas partes, pero a simple vista no se advierte. Siempre están llegando algunos de los 110,000 barcos que parten anualmente de las plantas industriales ubicadas en el delta del río Perla, en China continental. Todo el tiempo, una parte de los 37,000 buques portacontenedores, puede verse amarrada a las terminales para descargar o recibir mercancía. El panorama transmite tal dinámica que la región parece estar más allá de cualquier retroceso económico mundial.

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Desde que los británicos llegaron hace 160 años, Hong Kong explota los únicos recursos que tiene: el puerto de aguas profundas, su gente y la proximidad con China. Ahora que esta última ingresa a la Organización Mundial de Comercio (OMC), los hongkoneses se preguntan a qué apostarle entre dos caminos que se abren hacia el futuro: volcarse hacia esa potencia económica para ser su área dinámica de apertura comercial, o ser una ciudad internacional para toda la región del lejano oriente.

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A cuatro años de que Gran Bretaña devolviera esta bahía a China, las inquietudes acerca del respeto a la libertad individual y económica se han disipado. Hong Kong es ahora una región administrativa especial (RAE) de China y ésta se ha comprometido a respetar su Ley Básica, una norma que establece el sistema capitalista durante por lo menos 50 años. Por lo tanto, la decisión sobre su futuro es una cuestión de negocios.

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La RAE es un conjunto de península e islas que ocupa un área de 1,100 kilómetros cuadrados –menor al Distrito Federal–. Sin embargo, según datos de 2001, es la décima potencia en el comercio internacional, adelante de la nación mexicana, que ocupa el número 12. Eso no se debe a que los 6.7 millones de ciudadanos produzcan tanto para vender, ni que demanden en cantidades tan altas; lo que ocurre es que de los $391,000 millones de dólares de comercio exterior total que realiza Hong Kong al año, $340,000 corresponden en realidad a los flujos comerciales que realiza como mero intermediario de China; la ciudad es un conducto para el tránsito de 35% del comercio de ese país con el resto del mundo.

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Depender tanto del sector exterior es como subirse a la montaña rusa. De un crecimiento del producto interno bruto (PIB) de 10.5% en 2000 el indicador se desplomó al avance minúsculo de 0.1% en 2001. El número de contenedores manejados por las terminales de Kwai Chung decreció 4.8%, pero la caída se debió no sólo a la recesión, sino también  a la competencia de los puertos vecinos de la propia China.

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Conforme la gran potencia asiática se moderniza, sus terminales marítimas, Yantian y Shekou, empiezan a quitarle negocio a la RAE. Por el momento, asegura el secretario adjunto del Consejo Marítimo y Portuario, Lee Yuk Kwong, los servicios de estos puertos no representan una amenaza, pues ofrecen un servicio de menor calidad. La lucha está por venir. Aún así, “no pasa nada”, sostiene el funcionario, porque con la competencia vendrá mucho más movimiento de exportación e importación. Esa es la respuesta de moda estos días en Hong Kong frente a la apertura china: el pedazo comercial que le toca a la bahía puede ser mucho menor  que el de China, pero no habrá pérdida porque el   tamaño del pastel crecerá. A los escépticos se les recuerda que en 2001, mientras el mundo se deceleraba, la nación continental seguía creciendo por arriba de 7%.

De todos modos, las grandes corporaciones hongkonesas que poseen terminales marítimas en Kwai Chung, como Hutchingson Whampo que también opera en México, tienen inversiones en los puertos cercanos. Los antecedentes de los empresarios –como impulsores del desarrollo de la zona–, hacen pensar que seguramente sabrán cómo adaptarse y prosperar, aunque cambie el papel de Hong Kong frente a China.

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Para servirle
Por su ubicación geográfica y su importancia en el transporte marítimo, el puerto de Kwai Chung siempre estará íntimamente ligado a China continental. Pero ese es sólo uno y ya no el más importante de los servicios de Hong Kong. Los otros están orientados a China así como a toda la región del lejano oriente y compiten con los de Shanghai y Singapur.

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La RAE tiene la economía más fuerte en servicios del mundo, presume Alan Wong, director de Promoción de Servicios en el gubernamental Consejo de Desarrollo Comercial (CDC). Éstos generan 85% de su PIB y se dirigen principalmente a los negocios. En Estados Unidos, donde los servicios también representan un alto porcentaje del PIB aproximadamente 71%, están enfocados básicamente al consumidor.

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Una parte de la oferta de servicios en la RAE surgió por su vocación de comercio. La historia de Jebsen & Co., que distribuye la cerveza Corona, entre muchos otros productos, demuestra la evolución de la industria y la ciudad. Dos capitanes de barco daneses que transportaban mercancías entre Europa y China formaron en Hong Kong una empresa de transporte marítimo en 1895. Pasaron pronto al negocio de importar y exportar. Luego la compañía empezó a añadir valor a los productos con distribución, mercadotecnia y centros de servicio. Hoy vende en Hong Kong y el continente asiático una variada gama de bienes que incluye vinos, cámaras fotográficas, autos, generadores eléctricos y pigmentos para plásticos. Como parte de su negocio de distribuir la marca de autos Porsche, abrió una sala de exhibición a 500 metros de la plaza Tiananmen en Beijing, informa Werner Brenker, miembro del Consejo de Administración de la firma. Casi la mitad de sus ventas en 2001 se hicieron en China y con la entrada de este país a la OMC la proporción se incrementará, asegura.

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Jebsen lanzó una consultoría para las empresas que desean aventurarse tras una de las últimas fronteras del liberalismo económico. “Puesto que China es tan grande, sólo puedes aprender con la experiencia. Hay veces que hasta nosotros tenemos dificultades porque los requisitos administrativos o legales en Shanghai pueden ser diferentes de Beijing”, dice Brenker. El conocimiento adquirido sobre la poderosa nación por parte de los empresarios de la región administrativa es lo que atrae a muchas organizaciones a Hong Kong, y además le promete a la ciudad una participación importante en el auge económico de China.

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Otro conjunto de servicios en la RAE nació con su desarrollo industrial. A finales de los años 50, los hongkoneses empezaron a desarrollar su sector manufacturero. Los objetos sencillos del principio como flores de plástico y pequeñas radios dieron paso a los más complejos como relojes y productos electrónicos, explica Wong. La época industrial terminó en 1979 cuando China se abrió a la inversión extranjera directa en la manufactura. Los costos de producción y otros gastos en Hong Kong, como el salario y la renta o compra de espacios para sus instalaciones se habían vuelto caros. Por lo tanto, las empresas trasladaron sus plantas al otro lado de la frontera, primero en la provincia aledaña de Guangdong y luego más allá. Pero se quedaron en la RAE los corporativos, tareas de diseño, control de calidad, pruebas de productos, compras, empaque, publicidad, contaduría y logística de transporte. Hong Kong (sea por sus empresarios o las subsidiarias de consorcios extranjeros) se transformó en la fuente más importante de inversión en China. En el sureste de este país, las empresas de la RAE emplean de cuatro a seis millones de chinos, comenta el funcionario del CDC. Alrededor del cerebro corporativo que se quedó en la región se erigieron compañías de servicios, despachos de contadores, abogados, consultores y toda la gama de servicios financieros y legales que suele necesitar el sector privado.

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Si se excluye la reexportación de productos fabricados en China, Hong Kong exporta más servicios que mercancías. Cualquier actividad como la de un abogado, contador o banquero que se comercializa fuera de Hong Kong constituye una exportación, aun si no se han desplazado de su despacho.

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Escasos mexicanos
Los rascacielos representan la escasez de espacio tanto como la concentración empresarial que tiene gran influencia  en la producción y venta de productos en China, y en buena parte de la actividad económica de la región asiática. Hong Kong es un polo de atracción para firmas extranjeras que buscan mano de obra china y servicios hongkoneses, con el fin de vender en Asia. En junio de 2000, unas 3,000 agrupaciones foráneas habían fincado sus operaciones regionales en la RAE, según un estudio de la dependencia gubernamental Invest HK. De ellas, sólo cuatro son firmas mexicanas con oficinas regionales: Grupo Gydsa, FEMSA, José Cuervo y Petrocel.

Teleglobe, el brazo internacional de la telefónica Bell Canada, transformó su oficina de Hong Kong en base regional para Asia y el Pacífico en mayo de 2001. Hubiera  podido escoger una oficina en Singapur, Japón o Australia. Optó por la RAE en parte por su población, asegura Andrew Kwok, director regional del consorcio. “En Hong Kong, la gente que empleas y con quien tienes interacción diariamente tiene mucha energía y hambre para los negocios.”

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El mexicano Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext) tiene su oficina para China y Hong Kong en el piso 32 de uno de los edificios corporativos. La Coordinadora de Fomento de Comercio Exterior del Estado de Guanajuato (Cofoce) también estableció su oficina regional en esa ciudad en 1999. Investigó la posibilidad de operar desde Singapur, que es un importante centro de comercio en la zona, pero sólo Hong Kong ofrece, además de un buen acceso a todo el sureste de Asia, las puertas de entrada al mercado chino, explica Luis Ernesto Rojas, veterano de varias misiones empresariales al Oriente y director de la oficina regional del municipio de Rincón. “En China no se cierran las negociaciones. Quienes realmente toman las decisiones de compra están en Hong Kong.”

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Rojas admite, empero, que Cofoce planea a mediano plazo cambiar la oficina a Shanghai, el centro industrial más importante de China. En la medida en que desarrolle los servicios, esa ciudad podría ganarle a Hong Kong como centro de decisión corporativa.

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Sin embargo, la mudanza no se hará pronto. China apenas prepara la apertura de sus mercados domésticos de servicios, por lo que sus bancos no están listos para competir, y Hong Kong lleva la delantera. Aunque eventualmente  la liberalización y modernización de China le quitará a la RAE su carácter de paso obligatorio para llegar al continente, sus empresarios y funcionarios recurren a la respuesta de moda: habrá tanto negocio que no importa si hay que compartirlo.

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En 1997, la mayoría de los hongkoneses temían que el gobierno chino forzara una integración que coartara sus libertades. De ahí el lema del gobierno de la región administrativa: La ciudad internacional de Asia. Hoy, muchos entienden que incluso a los gobernantes del gigante asiático les conviene tener a Hong Kong como motor capitalista y centro de financiamiento para su desarrollo –aún reinan aquí los bajos impuestos y la ley británica– y para la resolución de los conflictos comerciales, observa Ian Perkins, economista de la Cámara de Comercio de Hong Kong.

Dado este contexto, los empresarios presionan para aproximarse a China. Se habla de permitir incluso cambios a la Ley Básica, si es necesario, para un mejor acercamiento.

No hay que olvidarse que los hongkoneses se han distinguido por su olfato empresarial. La elección de la pequeña región administrativa entre China y una zona más amplia de Asia como apuesta para su futuro, parece enfocarse hacia la primera opción, aunque todo dependerá de los frutos reales que dé la apertura de los chinos y de la situación económica en el sureste asiático.
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