La siesta, un lujo que hay que darse

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No hay excepciones, todo el mundo conoce la sensación y muchos la temen. - Que tire la primera piedra aquel que no haya tenido nunca un más o menos - grave ataque de somnolencia luego de comer, justo antes de entrar a una junta - importante. Frente a él, dicen los especialistas, más vale rendirse y, ¿por - qué no?, echarse una siestecita.

- Que falta la cama para hacerlo a gusto, que de dónde se saca el tiempo, - que qué van a decir los demás... A los famosos pareció importarles muy poco - el que dirán, quizá porque comprendían que un descanso en la jornada diaria - los conduciría siempre a tomar mejores decisiones.

- Baste saber, por ejemplo, que el mismísimo Winston Churchill no mostraba - empacho alguno al programar en su agenda una serie de siestas para estar - alerta y descansado cuando las circunstancias así lo requiriesen. Otro famoso - –Albert Einstein– creía que la siesta regular “refresca la mente” y - estimula la creatividad.

- Lo cierto es que la falta de sueño y la reticencia de algunos a “tirarse - un ratito” (aunque sea en el suelo de la oficina) es la causa de más de un - accidente automovilístico y la madre de muchas malas decisiones.

- Algunos culpan al mismo Thomas Edison de este déficit de sueño universal, - y es que a partir de la invención del bulbo en 1879 la tendencia a trabajar - más horas, sin saludables interrupciones, se ha convertido en obsesión para - muchos. Antes, y durante millones de años, el organismo humano se sujetó a - los ciclos solares, a la luz y a la oscuridad. Ese ciclo natural no es - arbitrario: la luz del sol regula más de un reloj interno, incluyendo aquel - que gobierna las alzas y bajas regulares de la presión sanguínea, la - temperatura corporal o la liberación de las hormonas del estrés. Los - endocrinólogos saben, también, que cuando la luz golpea la retina del ojo, - la glándula pineal estimula la secreción de melatonina, hormona que juega un - papel en los ciclos de fatiga, el sistema inmunológico, la memoria y, - justamente, los desórdenes del sueño.

- Pero como las jornadas de trabajo de seguro no cambiarán en honor a la - falta de sueño, lo mejor es ingeniárselas para salir lo mejor librado - posible. Aprender a hacer siestas relámpago es, sin duda, una salida.

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