La tormenta perfecta

México nada en aguas tranquilas gracias a los factores geopolíticos. No para siempre.
Alejandra Leglisse

Esta vez no fue un ataque terrorista en Medio Oriente, pero la región y sus socios dejaron boquiabiertos a los mercados. Inesperadamente, la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP) anunció en septiembre un recorte de 3.5% en sus exportaciones a partir del primero de noviembre. Y sentenció que podría repetir la jugada en su reunión del 4 de diciembre. El objetivo: contener la caída de los precios –y advertir que no se apretarán el cinturón para abrirle hueco al crudo iraquí–.

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México se distanció de las medidas de los principales productores del hidrocarburo. Respondió poco después que el próximo año venderá los mismos 1.8 millones de barriles diarios que en 2003, aunque junto con Noruega y Rusia, los otros productores independientes, se reunirá con la OPEP en noviembre.

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Analistas del mercado prevén que el precio promedio de la mezcla mexicana bajará moderadamente en 2004, pero se mantendrá 30% arriba de la estimación que tiene la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) para este año: $18.35 dólares. Se conservará el escenario que evitó los recortes en el gasto público. Todo un respiro en lo que se resuelve el debate sobre la reforma fiscal.

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Para 2006, el precio promedio de la mezcla de crudo mexicano se cotizará entre $21 y $22.50 dólares el barril, según estimaciones de la consultoría Vanguardia Investment. Siempre que no se rompa el equilibrio actual entre productores. La futura irrupción del petróleo de Irak y la voluntad de Rusia de aumentar su cuota de exportación ensombrecerían el panorama para las finanzas públicas , que en los últimos años consideran en el presupuesto un precio para el petróleo que oscila entre $16 y $18 dólares.

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“No hay mucho que los gobiernos occidentales puedan hacer acerca del importe del petróleo, más que recurrir a sus reservas estratégicas para atender su demanda. Pero esta es una respuesta de mercado”, asegura Antoine Hafft, analista de la Agencia Internacional de Energía (AIE).

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Golpe económico
La decisión de la OPEP fue una llamada más de atención a la primera potencia mundial que desde abril del año pasado nada en aguas turbulentas. Una protesta semejante al embargo decretado por Arabia Saudí en 1973 tras la victoria de Israel en la guerra del Yom Kipur con el apoyo de Estados Unidos. La medida cuadruplicó los precios del crudo y empujó a la unión americana a la recesión.

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Hoy, la invasión a Irak y el apoyo tácito de la Casa Blanca a Israel frente a la debilitada Autoridad Nacional Palestina alimentan las protestas en las calles de los principales países del Medio Oriente.

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La AIE ya advirtió que la medida de la organización supone una amenaza para la titubeante reactivación mundial.

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 “Golpear económicamente –conjetura George Baker, director de Mexico Energy Intelligence, con base en Houston, Texas–, se puede ver como una protesta política por la acción de Estados Unidos en Medio Oriente.”

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México está por tanto a merced de las olas de un mercado en el que el principal jugador es la OPEP, que produce 24.5 millones de barriles diarios. ¿Debería sumarse a sus esfuerzos por mantener los precios elevados?

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“El país no puede ser el esquirol de la OPEP. Tendrá que seguir de forma simbólica la dirección que tome el cártel. Aunque se oponga a la meta de exportación de Pemex, no es contraria a la económica. Recortar las exportaciones  mantendrá altos los precios”, advierte Baker.

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La fuerza de México
Hay una lección en el mercado. “Los precios del petróleo no se definen por una voluntad político-militar –dice Luis Téllez, vicepresidente ejecutivo de Desc y ex secretario de Energía–, sino por los efectos de esas circunstancias en la oferta del petróleo mismo y sobre las expectativas de su futuro, el almacenamiento que puede haber en los distintos lugares.”

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Un desequilibrio en la oferta que viene del Medio Oriente desplaza los flujos del hidrocarburo a otros lugares y los precios relativos cambian. “Eso es lo que va a pasar, pero nada más”, asegura el ex funcionario.

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Según Baker, los actuales precios del petróleo mexicano tienen un premio, gracias a que el país es completamente independiente de los problemas de Medio Oriente y tiene su suministro seguro.

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Una ventaja cuando se vive a las puertas del principal consumidor del energético en el mundo. En periodos de estancamiento económico, Estados Unidos quema 18 millones de barriles diarios, pero en fases de crecimiento consume hasta 27 millones. México es ya el segundo proveedor de la vecina nación del norte, después de Arabia Saudita, abasteciendo 16% de sus compras externas.

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La supremacía de la unión americana se ha convertido también en su mayor debilidad. Para atender su demanda ha aumentado sus importaciones exponencialmente, lo cual la hace muy susceptible de sufrir una crisis energética. El 76% de sus compras foráneas de crudo en 2002 provinieron de Arabia Saudita, México, Rusia, Noruega y Venezuela. Durante la crisis energética de 1973 el porcentaje era de 63.8%. Un estudio de WRTG Economics califica esta situación como una vulnerabilidad “de niveles históricos”.

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La inestabilidad política en sus fuentes de abastecimiento se ha convertido en el principal problema para los estadounidenses, según un estudio publicado en el Middle East Economic Survey en abril de este año.

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En Venezuela, el enfrentamiento entre el gobierno del bolivarista Hugo Chávez y la oposición encontró en PDVSA, la petrolera estatal, un campo de batalla que llevó en diciembre de 2002 a una huelga que paralizó la producción. En Nigeria, los conflictos políticos provocaron una interrupción de la extracción de crudo en plena guerra.

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Para Estados Unidos es fundamental que los precios del petróleo bajen, con el fin de tener mayor margen de maniobra para diversificar sus importaciones.

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La clave está en Irak. La reincorporación del hidrocarburo iraquí determinará el comportamiento del mercado petrolero en los próximos meses. Antes, la unión americana debe fortalecer el control político en Bagdad: administrar los yacimientos petroleros, inyectar un mayor volumen de crudo al mercado y así bajar los precios.

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La debilidad de México
La administración del presidente Bush mueve las aguas. En su gira de julio por África, en donde se encuentran las mayores reservas de petróleo y gas natural, aseguró que ese continente será parte de su agenda de política exterior. También pidió al Congreso $87,000 millones de dólares para reconstruir Irak y acelerar su reincorporación a la OPEP.

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Tras el ataque del martes negro, dio la orden de llenar al máximo las reservas estratégicas, estimadas actualmente en 620 millones de barriles. Es la respuesta guardada para una verdadera y prolongada escasez de petróleo si la inestabilidad geopolítica persiste.

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Un déficit de entre tres y cuatro millones de barriles diarios provocaría un severo estrago para la economía mundial –la pasada guerra generó un déficit de 2.5 millones de barriles diarios–. Irak exportó 900,000 barriles diarios en agosto, según cifras de la Irak State Oil Marketing Organization, la empresa que comercializa el crudo de esa nación. De acuerdo con la delegación de Bagdad en la OPEP, para finales de diciembre las exportaciones serán de 1.4 millones de barriles por día y esperan llegar a dos millones a finales del primer trimestre de 2004 –aunque para ello tendrán que negociar con sus socios un espacio en una plataforma exportadora en la que países como Rusia sueñan con incrementar su cuota–.

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Arabia Saudí, el aliado tradicional de Estados Unidos, se ha convertido en la válvula de seguridad para el mercado petrolero mundial. Produce 8.6 millones de barriles por día y tiene la capacidad de inyectar al mercado hasta 10 millones si fuera necesario.

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Aguas en Pemex
Expertos de Global Oil Policy aseguran que cuando el precio internacional del hidrocarburo llega a $20 dólares, las ganancias de las petroleras de América del Norte, incluyendo Pemex, son mínimas.

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Si los factores geopolíticos cambian, el petróleo mexicano enfrentará serios problemas,  como ya puso de manifiesto la calificadora Moody’s al revisar a la baja la calificación de Pemex. El principal problema de la paraestatal es que la mayor parte de sus reservas están en yacimientos profundos, los que implica una desventaja competitiva frente a Arabia Saudita e Irak, cuyos costos de producción son los más bajos del mundo.

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La tercera parte de los depósitos iraquíes están a sólo 600 metros de la superficie. Las extractoras pueden  producir un barril de crudo iraquí o saudita por $1 dólar, –incluyendo los costos de exploración, desarrollo y producción– y tener un retorno de inversión de 15%, de acuerdo con Oil & Gas Journal. En México y Rusia, los gastos son de cuando menos $6 u $8 dólares por barril.

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Pemex invertirá $10,300 millones de dólares este año en exploración y producción  –41% más que el año pasado– para aumentar su producción y contener la disminución que han presentado las reservas en los últimos 20 años.

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Desde 2000 la obtención de petróleo mexicano aumentó 11%, a 3.4 millones de barriles diarios. El objetivo de la empresa dirigida por Raúl Muñoz Leos es producir cuatro millones de barriles de crudo al día para 2006. Insuficiente para contender con Irak, que tiene depósitos probados aún sin explotar de 112,500 millones de barriles.

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Si México va a ser competitivo a escala mundial tiene que cumplir con una condición necesaria: abrir el sector energético, según los analistas. Pemex no tiene suficientes recursos para invertir.

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“Estamos metidos en una discusión que le va a costar al país muchísimo –considera Luis Téllez–. No somos los suficientemente flexibles para entender los beneficios de una apertura más amplia en el sector energético, más allá de la electricidad y el gas.”

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Los vientos ya soplan fuerte y el mar está agitado. La discusión entre México y la OPEP inicia un pulso de consecuencias impredecibles –el barril de petróleo se encareció $1 dólar en 10 días a finales de septiembre–. Otros países invierten en infraestructura petrolera. Rusia levanta la mano y exige mayores cuotas de exportación. Las petroleras chinas, impulsadas por una fuerte demanda interna y un crecimiento económico de 7%, buscan su expansión internacional. Pemex  mira al horizonte temiendo lo que se perfila como la tormenta perfecta.

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