La vida difícil de un director financie

Esta es una invitación a comprender a esos impopulares y temidos personajes que responden a las sig
Javier Martínez Staines*

¿Te has puesto a pensar cuán desdichada puede ser la vida del director financiero de tu empresa? Este personaje, tan amigo de la aritmética, suele transformarse en enemigo acérrimo de los seres humanos que habitan una compañía. Solitario incurable y analítico empedernido, raramente es candidato a ganar alguna mención en los concursos de simpatía entre la diversa fauna corporativa.

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Por supuesto, el siempre temido Chief Financial Officer (CFO) es dueño de un talento difícilmente replicable: una visión estratégica capaz de convertir océanos numéricos en panorámicas confiables. Nadie en la organización puede ignorarlo, pese a las ganas que a veces dan de hacerlo. A fin de cuentas, hacer oídos sordos a sus sugerencias o reclamos es el camino más corto a ver vaciadas las arcas de tu presupuesto.

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Aunque no lo creas, este sesudo ingeniero (o contador) disfruta con sospechoso ánimo de enredarse en tablas de Excel, construir escenarios a distintos plazos y crear presupuestos. ¿Puede ser esto normal? Es arduo saberlo, pero lo que sí me consta es que este tipo de seres sufre. En verdad, muchísimo. Aunque se aparezca en tu oficina para darte malas noticias (nunca olvides que para él tú representas un costo), cosa que aparentemente disfruta, créemelo: sufre. En el fondo (muy en el fondo), desea ser popular y querido. Sacrificaría un poco de respeto por una pizca de amor.

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Por eso hoy salgo en su defensa. Aunque estas líneas puedan ser malinterpretadas, llevan la intención de rendir a los CFOs un breve, emotivo y sincero homenaje. Necesitan muestras de aprecio, como cualquier otro ser humano. Que al menos por esta vez sientan que reciben afecto de alguien que no es una calculadora. Es una cuestión de enfoques: detrás de su actitud pesimista con tintes de sensacionalismo –su filosofía fatalista pone en tela de juicio hasta los más sonados aciertos de la gente–, ellos sólo buscan generar en ti un asomo de conciencia. A través de su republicana austeridad –a fin de cuentas son los banqueros centrales de la firma–, tratan de hacerte entender que un Calinda  puede estar a la altura de un Four Seasons. Mediante su enfoque sobre los costos y su tendencia a transmitirte sus cuentas de carnicero con modales poco amables, sólo pretenden hacerte comprender una formulita muy sencilla, a menudo olvidada por los demás: las compañías nacieron para ser rentables y tu proyecto, que cuesta $10 millones de pesos echar a andar, no siempre es tan bueno como imaginas.

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No creas más en aquello que se pregona de “desconfía de una persona que confía más en los números que en la gente”. A mí me parece que esa máxima fue creada por los típicos resentidos que alguna vez fueron víctimas de problemas con el flujo de efectivo.

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* El autor es director editorial de Grupo Expansión y piensa negociar muy pronto un presupuesto más generoso. Retroalimentación: jstaines@expansion.com.mx.

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