Labastida y el mínimo común denominado

En los sistemas igualitaristas se premia la ineptitud y el servilismo.
Ricardo Medina Macías

¿Cuántas veces en su vida profesional ha obtenido una raíz cuadrada o cúbica “a mano”?

- La pregunta viene a cuento porque el candidato del PRI, Francisco Labastida, dibujó un escenario promisorio sobre la educación remota: “que toda familia que tenga interés pueda tener en su casa una caja de éstas, en donde se colocan 50 canales de televisión (…), una caja interactiva, en donde le consulte a la central de respuestas las dudas que tenga sobre cómo sacar raíz cuadrada a algo (sic) (…) o una inquietud que tenga sobre sujeto, verbo y complemento en una frase, cómo se construye cualquiera de estas cosas”.

- Y se imagina uno al chiquillo en Guamuchil, frente a la televisión interactiva para saber cómo se saca una raíz cuadrada, cuando por una pequeña parte del valor de la televisión interactiva puede tener una calculadora de bolsillo.

- ¿No es más importante que el chiquillo aprenda lo que es una raíz cuadrada, para qué sirve, y que no hay raíces cuadradas o cúbicas de “algo”, sino de números? ¿Qué matemáticas le enseñaron a Labastida en la escuela de economía de la UNAM? ¿En qué mundo trabaja que no sabe que sacar raíces cuadradas “a mano” es una destreza inútil, cuando existen calculadoras y computadoras?

- A algunos les parece una pérdida de tiempo que se hagan notar las deficiencias de los políticos, incluso de un candidato presidencial con oportunidad de triunfar como Francisco Labastida. Es “ridículo”, dicen, señalar las deficiencias notorias en un discurso del candidato o su ignorancia sobre temas cruciales (como la educación moderna).

- Pero no es ocioso. Detrás de la broma o del sarcasmo puede esconderse algo mucho más serio: los mecanismos de selección de dirigentes de organizaciones que hacen gala de principios igualitaristas (no confundir con principios de igualdad ante la ley) parecen diseñados para llevar al poder a los menos competentes.

- Uno de los libros más importantes para entender el siglo XX es Camino de servidumbre de Friedrich A. Hayek. En el capítulo 10: “Por qué los peores se colocan a la cabeza”, se analizan los efectos morales del colectivismo. El epígrafe que encabeza el capítulo es la célebre cita de Lord Acton: “El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. En buena medida esa es la respuesta: sistemas diseñados para alcanzar el poder, bajo los lineamientos de un igualitarismo salvaje, premian la ineptitud y el servilismo; castigan la competencia y la independencia.

- A diferencia del principio liberal de la igualdad ante la ley, el igualitarismo salvaje pretende la igualdad en los resultados y, para ello, tuerce la ley y la hace excluyente. La ley, en el igualitarismo, deja de ser ciega y distingue a priori entre “buenos” y “malos”.

- La novedad del “nuevo PRI”, que desde su origen es una organización igualitarista, es que la selección del candidato presidencial fue acotada en este sexenio por “candados” anti-tecnocracia –un ejemplo de legislación con dedicatoria personal–, justo lo que no puede suceder en un sistema de libertad e igualdad jurídica. Resultado: el sistema llevó a la cabeza a los más incompetentes.

- ¿Por qué? La inteligencia y preparación son una amenaza indeseable en un sistema igualitarista, en la medida que distinguen entre los más y los menos capaces. Un sistema igualitarista se funda sobre el “falso consenso” del mínimo común denominador, es decir sobre las ideas más vagas, menos originales y diferenciadas. En un sistema igualitarista, que detesta las diferencias, es más sencillo encontrar un común denominador negativo, que cohesione a un grupo heterogéneo, que una propuesta positiva.

- Hitler encontró al enemigo común en el “judío”. Algunos huérfanos del muro de Berlín, lo buscan en la globalización o el “neoliberalismo”. Labastida tiene bien identificado a su enemigo fantasmal: el “salinismo”.

- Habrá que meditar si nos conviene entrar en esta dinámica perversa de la igualación hacia abajo.

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