Las amenazas esperadas

Los instrumentos para atenuar los riesgos macroeconómicos apuntan a un encarecimiento del dinero y
Mauricio González

Se cumple una década de la gran crisis de 1994-1995 y el hábito cotidiano oculta los costos que, a 10 años de distancia, seguimos pagando por una mala apreciación de los riesgos macroeconómicos en su momento. El sector público registra una abultada deuda (de más de $100,000 millones de dólares), que sirvió para rescatar a los ahorradores bancarios y representa una carga futura para los contribuyentes. Por otra parte, las remuneraciones laborales aún no recuperan el poder de compra que percibían antes de la crisis mencionada, como ocurre en el sector manufacturero, cuyas percepciones son hoy en día aproximadamente 5% menores en términos reales a las de 1994.

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Por fortuna, la estabilidad económica es una divisa de nuestro sistema desde hace varios años, lo que evita ciertos peligros más no los elimina completamente. La percepción de los analistas sobre las amenazas para los próximos meses es muy compacta. La gran mayoría coincide en tres riesgos principales en el frente externo: el elevado (y creciente) precio internacional del petróleo; las presiones inflacionarias en  Estados Unidos y el debilitamiento del dólar. En el frente interno la inflación no cede al nivel deseado y la tensión política en ascenso amaga el desempeño económico. Cuando los riesgos se materializan ejercen un impacto directo en la economía empresarial, acorde con la naturaleza de cada uno. No obstante, su efecto pleno en los estados de resultados corporativos no se detiene ahí, ya que depende de la reacción gubernamental frente a las dificultades anticipadas.

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Durante décadas, las acciones del gobierno se orientaron a contrarrestar los riesgos económicos, o más bien su materialización, con medidas de todo tipo. Cómo olvidar que en la administración de José López Portillo, el director de Pemex (Jorge Díaz Serrano) fue removido de su cargo por tratar de seguir la disciplina del mercado al desplomarse el precio internacional del crudo y se forzó a mantener elevado (por decreto), el precio de las exportaciones correspondientes, sin importar que los clientes cancelaran los pedidos. Y qué tal en ese mismo sexenio cuando la macro devaluación del peso se acompañó de un aumento salarial considerable. Esta elevación se hizo con el pretexto de no dañar el poder de compra de los trabajadores por el brote inflacionario derivado del aumento de la paridad, que únicamente logró exacerbar lo que pretendía evitar.

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En la década pasada, la estabilidad económica ha ocupado un lugar privilegiado en la escala de valores gubernamentales y ha tornado predecibles las acciones oficiales para atenuar los peligros potenciales, aunque ello no significa que sean inocuas para las finanzas empresariales.

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El “paquete de riesgos” previsibles implica un endurecimiento adicional de las políticas monetaria y fiscal en los próximos meses. Además del impacto en las finanzas empresariales de las contingencias mencionadas, habrá que blindar los presupuestos de las empresas frente a la posibilidad de que las tasas de interés domésticas de corto plazo (Cetes 28 días) regresen a niveles de dos dígitos, quizá en un rango de 11-12%.

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Asimismo, la astringencia de circulante en la economía se recrudecerá, ya sea porque el Gobierno Federal no ejerza plenamente el gasto autorizado, o se atrase más de lo normal en el pago de sus adquisiciones. Estas situaciones van a frenar el repunte de la actividad económica. La magnitud del ‘atorón’ dependerá de la percepción de los riesgos en el Banco de México y en Palacio Nacional, pero hay que estar claros que en el fondo no  hay más armas que éstas en el arsenal económico del gobierno para preservar la estabilidad.

Economista. Comentarios a magg01@hotmail.com

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