Las estrellas del FMI

Luego del vendaval financiero originado en Hong Kong, y que aún cimbra los mercados internacionales
Andrea Gutiérrez

El pasado mes de septiembre, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) –los eternos vigilantes de las economías del mundo– realizaron su Asamblea Anual Conjunta en Hong Kong, ciudad que –paradójicamente– poco después fue el centro del torbellino que convulsionó los mercados bursátiles del mundo. Así, una vez más quedó en evidencia que las “estrellas” que encumbran los Gemelos de Bretton Woods se vuelven dolorosos mitos poco después de su consagración. Y para muestra, un botón: México.

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De la memoria de muchos mexicanos quedó borrado que en octubre de 1994 –seis meses después del asesinato de Luis Donaldo Colosio–, el secretario de Hacienda, Pedro Aspe Armella, y el gobernador del Banco de México, Miguel Mancera Aguayo, se encontraban en Madrid escuchando halagos sobre el milagro mexicano, aquel que había permitido al país ingresar al “club de los países ricos” y atraer capitales extranjeros en cifras exorbitantes.

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Dos meses más tarde, la crisis del peso rebasaba las expectativas y ponía en jaque a México, al “socio del norte” y a todos los mercados mundiales. ¿La solución? Un préstamo de emergencia del FMI y otro más del gobierno de Estados Unidos, rematado con el compromiso de desembolso del Banco Internacional de Pagos, que permitió a México allegarse unos $50,000 millones de dólares apenas 50 días después de la devaluación.

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Tres años después, el director-gerente del FMI, Michel Camdessus, ofrecía reveladores adelantos sobre la economía recién transferida a China, que ofrecía su territorio como sede para la discusión de 181 países en busca de convergencias en el manejo de sus políticas económicas y sociales. Ante unos 2,000 representantes de los gabinetes económicos, banqueros centrales y estrategas financieros de todo el mundo, el economista francés habló de la fortaleza de Hong Kong –evidencia clara del milagro asiático– pese a los trastornos registrados por Tailandia y Malasia.

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Esta vez sólo bastaron 30 días para dejar de lado las palabras y pensar de nuevo en el otorgamiento de un crédito emergente. El lunes negro del 27 de octubre pasado, Hong Kong arrastró a prácticamente todas las bolsas del mundo, registrando en un solo día una caída superior a 10%, más grave incluso que la registrada en 1989 cuando ocurrió la matanza de Tiananmen. Las previsiones de los economistas –como las de los meteorólogos– quedaron rebasadas una vez más por la realidad.

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MÁS SABE EL DIABLO...
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Ambiciosos, el FMI y el Banco Mundial se cansaron de intervenir sólo en asuntos de corte económico, luego de muchos años de diseñar la política cambiaria y monetaria de sus países miembros. Había llegado el momento de participar y escudriñar las entrañas de sus integrantes para calificar los “niveles de avance” que tienen en materia de corrupción, ineficacia de los poderes judiciales, combate al narcotráfico y reducción de la pobreza extrema.

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En los trabajos de este año de la Asamblea, los reflectores no fueron para México. De hecho, la crisis tailandesa –con sus más diversas aristas– fue el centro de la discusión, y la delegación de México, encabezada por el secretario de Hacienda, Guillermo Ortiz, y el gobernador del Banco de México, terminó convirtiéndose en la vieja y experimentada nación consejera bajo la consigna de “más sabe el diablo por viejo…”

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Presionado en el ámbito político por la pluralidad del nuevo Congreso, el gobierno mexicano se vio obligado a suspender temporalmente la negociación de un nuevo crédito por unos $6,000 millones de dólares con el FMI, que serviría para ampliar el margen de maniobra del sector público en los dos últimos años de gobierno.

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La negociación de este crédito había iniciado hace un año y garantizaba la solvencia del gobierno mexicano, que este año no tendrá problemas con el FMI. De hecho, se pagarán unos $3,500 millones de dólares a esta institución antes de que concluya 1997 ($800 millones que se debían liquidar y unos $2,500 millones de dólares de prepago). El problema vendrá a partir de 1999, ya que en ese año y el 2000, México debe pagar más de $7,000 millones de dólares al organismo internacional.

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Sin embargo, para evitar presiones por parte del Congreso, que habría rechazado cualquier compromiso que asumiera México ante el FMI, la administración del presidente Ernesto Zedillo prefirió esperar.

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Inusualmente cordial y conciliador, pero con un matiz fuertemente político, el FMI manifestó su disposición para hacer contacto y dialogar con la oposición mexicana –más claramente con el PRD y el PAN– para discutir los asuntos básicos de la política económica en 1998.

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Un déficit público superior a 1.3% del Producto Interno Bruto (PIB) tampoco conviene al FMI, que ve en México a una suerte de hijo pródigo dispuesto a mantenerse en la casa de su padre, disfrutando de sus riquezas una vez que le fueron perdonados sus errores.

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Sin embargo, el organismo dejó clara su opinión sobre el PRD y el nuevo proceso mexicano, al afirmar que este partido se fortaleció tras las elecciones de julio de 1997, pero que aún tiene trecho por andar. “Cuauhtémoc Cárdenas es un líder que ganó espacios luego de casi 10 años de trabajo al frente de la oposición, pero tras la jefatura de gobierno del Distrito Federal se terminan sus oportunidades en el ámbito político. Ahora tiene 63 años y no es suficientemente joven para las elecciones del 2000”, refieren los neoestrategas políticos del FMI.

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PUEBLOS FELICES
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América Latina dejó de ser lo que era, aseguró Camdessus en una de las reuniones de trabajo. “Hace un mes, mientras estaba de vacaciones en un pequeño pueblo de mi patria preparando lo que serían las principales ideas de mi discurso inaugural, por primera vez en 11 años la palabra Latinoamérica no me salió espontáneamente. Al principio me preocupé y luego recordé un viejo dicho francés: los pueblos felices no tienen historia; eso está pasando con América Latina.”

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Camdessus aseguró que las previsiones de crecimiento del FMI establecen que la economía mundial avanzará 4.5% en 1998. De este promedio, los países en desarrollo crecerán 6.2%, los países en transición, 1.8% y las naciones desarrolladas, 2%.

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En este contexto, el director-gerente del FMI agregó que “por mucho tiempo, los latinoamericanos han sido las superestrellas del firmamento financiero; han estado en el ojo del huracán y creo que ahora extrañan eso. Pero yo les aseguro que para los ministros de sus países es mucho mejor trabajar tranquilamente en sus oficinas, sin grandes sobresaltos. Ahora nos ocupa y preocupa Asia. A diferencia de México, Tailandia no contagió a sus vecinos porque el problema se resolvió correctamente desde el principio. Esperamos una recuperación más rápida”.

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Obviamente, Camdessus no previó el golpe que recibiría Brasil –como parte de las secuelas de Hong Kong– y las presiones del gobierno de Fernando Henrique Cardoso para presentar un programa económico de emergencia, que obligará a un recorte en el gasto público y austeridad absoluta para evitar una crisis de la magnitud de la mexicana.

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El economista dijo entonces que “llegó la hora de entender lo que es realmente la globalización”. Esta vez, la globalización hizo que Asia contagiara a Brasil y éste a Argentina, debido al fuerte intercambio comercial que existe entre las dos naciones.

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Mientras tanto, el FMI seguirá celebrando con champaña y grandes recepciones las políticas económicas que diseña, aplica y dosifica. Lamentablemente, muchas veces la euforia impide prever las crisis que amenazan a las “estrellas”.

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