Las galeras

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Héctor Zagal

Todo mundo quiere seguir viajando y las aerolíneas lo saben. Los boletos se abaratan y en consecuencia se atiborraron los aviones de pasajeros. Pero poco a poco se han transformado en una especie de galera para esclavos. No puedo evitar hacer una comparación con los camiones que llevan animales de engorda. Pronto, sospecho apocalípticamente, el lujo en los aviones no será una toallita húmeda para la cara, ni un vaso de champaña, sino que te alcance el chorro de agua de las mangueras.

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Tan sólo hay que ver los últimos ajustes: American Airlines y Delta Airlines ya no dan almohadas, mientras que Aeroméxico quitó la comida caliente en varios de sus vuelos. La europea Ryanair llegó al extremo: quitó las cubiertas para recargar la cabeza. La rentabilidad va en nuestra contra: A mediados de 2003 American Airlines aumentó el número de asientos, quitando siete centímetros de espacio para las piernas.

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El espacio en los aviones es un lujo, sujeto a las cartera del cliente. En clase turista, la que conocemos el común de los mortales, el espacio promedio entre asiento y asiento es de 70 centímetros (de respaldo a respaldo). Si usted midiera, digamos, 1.70 metros, el espacio promedio de su rodilla al asiento delantero será de 8 a 10 centímetros. United introdujo su clase Economy Plus con el mismo servicio, pero con 90 centímetros de espacio. A cambio triplicó el precio a $1,100 dólares por un vuelo Chicago-Nueva York. Todos estamos al tanto de los problemas vasculares provocados por la inmovilidad prolongada. A veces tengo la impresión –acaso infundada– de que se utiliza ese conocimiento como un acicate para vender mayor espacio. No estoy en contra de vender espacio, es el negocio. Pero me temo que a veces, las líneas áreas se mueven en la delgada línea entre la incomodidad y el riesgo para la salud. Una solución es sentarse justo en las mamparas, dicen que otorga unos centímetros extra. Lo he intentado, pero termino con las piernas hinchadas porque no las puedo recargar. Cerca de las salidas de emergencia sucede que también se está cerca de los baños y después de un rato comienzan, sí, a oler.

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-EL AUTOR ES CONSULTOR Y CONFERENCISTA

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