Las llaves del reino

-
Javier Martínez Staines

Paty es inagotable. Trabaja jornadas extenuantes de 10 a 12 horas diarias, ha renunciado a buena parte de su vida personal y sufre cotidianamente momentos de estrés que a muchas otras personas le volverían insoportable la vida...

-

Pero Paty es feliz. La razón es muy sencilla: es la secretaria del jefe. Dicho de otro modo, ella tiene las llaves del reino. Y lo sabe. En toda organización mexicana que se respete, las secretarias ejecutivas concentran tal nivel de poder que, de hecho, se vuelven la envidia de gerentes, supervisores y coordinadores de las diferentes áreas. No importa qué tan jerárquica y vertical es una empresa, las asistentes de la alta dirección (en México la inmensa mayoría siguen siendo mujeres) son las propietarias de los códigos de acceso a la cúpula. Como es natural, al saberse poseedoras de ese poder, utilizan magistralmente un depurado sistema de “me cae bien”-“me cae mal” para abrir huecos en la agenda de su jefe.

-

Pero se engaña quien piensa que es fácil seducir a estas mujeres. Las tretas de las palabras bonitas, las flores y los chocolates no surten efecto si no van acompañados de autenticidad. Ellas son inteligentes y reconocen muy bien entre gestos honestos y lambisconería utilitaria. Sobra decir que quien sea catalogado en este segundo grupo ya perdió, de antemano, todas las batallas. Ser tachado de la lista de los afectos de una poderosa asistente es asegurar un lugar en el infierno. Es el camino directo a la exclusión. Es como perder, de golpe, la membresía del selecto club de las decisiones importantes. La información fluye, o se detiene, con la persona que se sienta justo afuera de la oficina del jefe.

-

La secretaria defiende a su jefe con mayor efectividad que la de un rottweiller entrenado para la Agencia Federal de Investigación. Esculpe su imagen con mayor pericia que un publirrelacionista. Cuida su espalda mejor que un guardia de Buckingham. Le lee la mente con más conocimiento que una pitonisa. Lo dibuja ante los demás como un tigre feroz o un cordero manso, según convenga. Bloquea llamadas que anticipa inútiles, intrascendentes o impertinentes. Jamás transmite información, de ninguna índole, que perciba que puede ser mal utilizada. Y no importa si su jefe está jugando golf o tomando un tratamiento en el spa, ella dice que está en una reunión importante o en un viaje de negocios y que, lamentablemente, no puede tomar llamadas. Está bien: valga toda esta exageración para fines didácticos.

-

Lo que aún no entiendo es cómo es que los gurúes y los estudiosos de la vida organizacional en México no se asoman al complejo microcosmos de la actividad secretarial, cuando es ahí donde se pueden analizar, a profundidad, las relaciones interdepartamentales y la salud del ambiente de trabajo de una empresa. ¿Las áreas funcionales se han convertido en castillos feudales donde nadie puede entrar a asomarse y opinar? ¿Se han construido murallas chinas para tener contacto y poder llegar a acuerdos con algún directivo? ¿La empresa se ha plagado de trabas burocráticas dignas de alguna dependencia pública? Los mejores diagnósticos pueden partir de estudiar, a fondo, actitudes y acciones de las secretarias. Hay más secretos ocultos ahí de los que uno podría imaginarse, en el mejor estilo de serie televisiva en horario estelar.

El autor es director editorial de Grupo Expansión y tiene pensamientos suicidas cuando su asistente está de vacaciones.
Comentarios:
jstaines@expansion.com.mx

Newsletter
Ahora ve
México y otros 13 países se unen al llamado que la OEA hace a Venezuela
No te pierdas