Las mujeres más buscadas en América La

Violy McCausland y Stormy Byorum están detrás de las transacciones financieras de mayor impacto e
Javier Martínez Staines

La teoría del caos organizado se comprueba a diario en las oficinas de Violy, Byorum & Partners (VB&P), un banco de inversión neoyorquino - sui generis. Sus principales accionistas y orquestadoras se llaman Violy McCausland y Stormy Byorum (quienes comparten por partes iguales dos tercios del capital de la firma). La primera, una colombiana de 42 años avecindada en Manhattan, desde hace dos décadas es el ojo de una gran parte de los huracanes corporativos acaecidos en el cada vez más prolífico mundo de las fusiones y adquisiciones de empresas en América Latina.

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La aventura independiente de Violy comenzó apenas en enero pasado. En estos nueve meses ha cerrado transacciones por más de $1,700 millones de dólares, entre las que se cuentan las adquisiciones de Cementos Diamante y Cementos Samper en Colombia por parte de Cemex y la asociación de Coca-Cola con Organización Cisneros, el que fuese el grupo embotellador estelar de Pepsi-Cola en Venezuela.

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No extraña, pues, que esta mujer esté constantemente en boca de las grandes celebridades de la política y los negocios en Estados Unidos y América Latina. “Conozco muchos banqueros de inversión. He trabajado con ellos por años. Violy es la más efectiva que he conocido, la más magnética y aplicada; me inspira su energía y su forma implacable de actuar, es -fenomenal.”

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Lo anterior lo dice nada menos que Vernon E. Jordan Jr, el abogado de más altos vuelos en Washington DC y el asesor “no oficial” más cercano al presidente William Clinton. Para completar su descripción de la “mujer maravilla” de los -M&As (manera económica de referirse a los mergers and acquisitions, fusiones y adquisiciones), agrega: “Ahora que trabaja por su cuenta y no está sujeta al burocratismo y a superiores, simplemente ha despegado. Yo debería dejar las leyes para irme a trabajar con ella”.

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Calificada como la “Superestrella Latinoamericana de 1995” por la publicación estadounidense -Global Finance, Violy es ya una leyenda en la región. No es para menos: en los últimos ocho años ha lidereado transacciones financieras (M&As y colocaciones de capital) por más de $19,000 millones de dólares en América Latina, entre las que destacan la inversión de la canadiense John Labatt en Femsa-Cerveza; la compra de Martini & Rossi por parte de Bacardí; la adquisición de Gamesa por parte de Pepsi; las compras de Cemex en México, España, Venezuela, República Dominicana y Colombia; la adquisición de Bancomer por parte de VISA-Femsa; la asociación entre Grupo Elektra y Western Union; y la colocación de capital de Corporación Geo, entre muchas otras.

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Ciertamente, esto sólo lo puede hacer una persona que sabe estar donde debe estar, con una mezcla perfecta de tiempos, lugares y circunstancias. Desde 1979 hasta 1993 trabajó para JP Morgan, donde como directora operativa le dio un sentido sin precedentes al área de Reestructuración de Deuda en América Latina. En enero de 1994 se unió a James D. Wolfensohn Inc, a donde el mismo Jim Wolfensohn —hoy día presidente del Banco Mundial— la invitó como socia para echar a andar el negocio latinoamericano. Pero el gusanito de crear algo propio era demasiado fuerte...

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Dos mujeres, un camino
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Las vidas de Violy McCausland y Stormy Byorum se cruzaron en el verano de 1995. Quien tendió el puente del encuentro fue James D. Robinson III, el hombre que dirigió durante 16 años los destinos de American Express y que hoy, además de presidir compañías de inversión y asesoría estratégica (RRE Investors y JD Robinson Inc), funge como -chairman de VB&P.

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¿Cómo es que un hombre de la talla de Robinson se aventura a poner su nombre y parte de su capital en otra firma de asesoría financiera? “Violy es una de las banqueras más efectivas que he conocido en mis 35 años de trabajo en Wall Street —señala el también consejero de Coca-Cola, Bristol Myers, First Data y presidente del Memorial Sloan Kettering Hospital—. Tiene una persistencia increíble, muy buenos instintos, es aventada y trabaja 24 horas al día y siete días a la semana.”

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Stormy, por su parte, tiene un currículum tan brillante como el de Violy, pero en Citibank, al que ingresó en 1972 en la División de Inversión Institucional, en 1986 se convirtió en la jefa del -staff para América Latina, después fue una de las dos personas -encargadas de todo el negocio corporativo del banco en Estados Unidos, directora del comité operativo y, finalmente, a principios de 1996 fue promovida a directora del negocio global de las grandes empresas de Citicorp. “Amo mi carrera en Citibank, donde me dieron la oportunidad de crecer —cuenta esta ávida equitadora—. Fueron 24 años, un tiempo largo en el que siempre me dije a mí misma: ‘si yo dejara esta organización, sería para hacer algo por mi cuenta’. No se había presentado una oportunidad lo suficientemente retadora, hasta que llegó Violy. Yo había trabajado por varios años en asuntos de América Latina y me emocionaba la región, tanto en sus aspectos financieros como humanos. La decisión me costó trabajo, pero pensé que podríamos construir algo -especial, hacer una diferencia real en el trabajo en América Latina.”

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Gracias a la gestión de Robinson, viejo amigo de ambas, Stormy se convirtió en socia y directora operativa de VB&P. La pareja perfecta quedaba unida, con un abanico de contactos en el subcontinente que cualquier otro banquero envidiaría. En este negocio, al fin y al cabo, lo que cuenta es tener (y saber cultivar) los mejores contactos: acudir a la fiesta adecuada, sentarse en el asiento preciso del -Concord, en fin, desempeñar magistralmente el feeling de las relaciones. Y vaya que Violy es la protagonista de la película a este respecto. “No hay director que no le tome la llamada. La comunidad financiera internacional se cuadra cuando oye el nombre de Violy”, dice Harish Dadoo, director de Dadoo y Asociados, firma de asesoría en inversión afiliada a VB&P en México.

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En realidad —en parte por lo anterior— a Violy ya le daba vueltas la idea de crear una firma de asesoría financiera desde sus tiempos en JP Morgan. “Muchos amigos —recuerda— me veían la vocación y el estilo al trabajar con los clientes. Me decían que una firma muy enfocada, especializada, podía funcionar muy bien. La mejor forma de hacerlo es con una compañía privada, que responda más a los intereses de sus clientes que a los de sus accionistas, porque este trabajo, de tanta cercanía con el cliente, difícilmente tiene cabida en una institución pública y enorme.”

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Este “contacto con el cliente”, que siempre suena tan trillado, adquiere otro sentido cuando uno escucha a Manuel Cutillas, presidente mundial de Bacardí, referirse a Violy: “Ella conoce Bacardí mejor que yo”. Ciertamente, esto no se puede lograr si el asesor financiero se sienta un par de horas con el cliente y lo vuelve a ver el día de la firma de un convenio de adquisición.

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“No nos vemos como una firma de transacciones, sino como un asesor que trabaja con sus clientes para definir y ejecutar estrategias corporativas y financieras. La manera en que enfocamos el negocio va por la relación a largo plazo con el cliente”, apunta Javier Macaya, quien ha sido el brazo derecho de Violy desde JP Morgan y, hoy, a sus escasos 26 años de edad, es socio y director-gerente de VB&P.

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Por lo mismo, los socios de esta firma se inclinan por un crecimiento bastante controlado, que permita desarrollar de manera óptima el -modus operandi. Stormy explica: “Hacer esto demasiado grande implicaría perder la habilidad de dar un servicio mucho más personalizado. Mientras más pequeño eres, puedes ser más selectivo. Pero pequeño no quiere decir insignificante”.

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Este involucramiento con sus pocos pero selectos clientes se hace tangible cuando uno se encuentra a Lorenzo Zambrano, director general de Cemex, bailando alegremente con Violy y Stormy al ritmo salsero de Gloria Estefan, durante uno de los conciertos que la estrella latina ofreció en el Madison Square Garden de Nueva York. “La relación que he tenido con mis clientes es muy intensa —describe Violy—. Son los verdaderos reyes del pastel en una firma chica. Y es que el retorno de la inversión en esta compañía se da si los clientes regresan y regresan y regresan.”

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Zambrano, en efecto, ha regresado, regresado y regresado: su relación de negocios con Violy comenzó en JP Morgan, siguió en Wolfensohn y continúa en VB&P. Entrevistado en Nueva York por esta revista, el industrial regiomontano (quien por esos días se encontraba en Manhattan inaugurando sus posmodernas oficinas) reconoce la labor de su banquera de inversión: “Ella conoce muy bien a Cemex y ha tomado parte de muchas de las decisiones importantes de la compañía. Es una persona que conoce a sus clientes profundamente y comparte con la alta gerencia los objetivos de la empresa. Nos complementamos muy bien”.

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Las cifras no mienten. Desde 1989, cuando el consorcio neoleonés se echó al bolsillo a Cementos Tolteca —una empresa que entonces equivalía a 40% del tamaño de Cemex—, hasta la fecha, no ha habido una sola operación importante de la cementera en la que no haya estado inmiscuida Violy. Eso incluye, obviamente, las en su momento cuestionadas adquisiciones de La Valenciana y Sansón en España, la compra de Vencemos en Venezuela y las de Diamante y Samper en Colombia.

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A María Elena Mendoza, ex accionista de Vencemos, le tocó en su momento tener a Violy de contrincante. “Cuando vendimos hace dos años —cuenta—, ella fue muy honesta y justa. El resultado fue que la operación derivó en un excelente negocio tanto para Cemex como para nosotros.” Pero Violy jamás firma un papel y se retira. Por ejemplo, en este caso, siempre se ha preocupado porque los nuevos y antiguos dueños de la cementera -venezolana mantengan una buena relación.

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Otro hombre de negocios cercano a Violy es Gustavo Cisneros, presidente del consorcio televisivo y de telecomunicaciones más importante de Venezuela y socio, junto con su primo Oswaldo, en el Grupo Embotellador Cisneros, el consorcio que le cerró la puerta en la nariz a PepsiCo para ponerse a producir -Coca-Colas de la noche a la mañana en suelo araucano. “Conozco la reputación y el -profesionalismo de Violy desde hace muchos años, cuando trabajaba en Morgan —comenta Gustavo Cisneros—. Es una persona muy inteligente y rápida, con una visión extraordinaria y tácticas muy claras para afrontar los problemas sin perder tiempo en cosas secundarias.”

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Quien también ha tenido experiencias muy positivas es Miguel Gómez Mont, director operativo de Corporación Geo. “Violy se mete a fondo a la empresa. Es realmente una asesora estratégica más que una colocadora de dinero. Conoce tan bien como yo a Geo.”

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Todos estos comentarios, que dejan entrever la forma en que Violy hace los negocios, pueden resumirse con las palabras de Robinson: “De verdad, conozco muchas mujeres exitosas en Wall Street, pero nadie conoce mejor a América Latina que Violy”. Pareciera, pues, que esta colombiana está llevando a cabo el sueño (financiero) bolivariano.

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Gemelos, pero en secreto
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Las recientes transacciones de Cemex en Colombia describen más certeramente el modo de operar de estas banqueras. “A la fecha —apunta Stormy—, mucha gente piensa que la operación de Cemex fue una sola, cuando en realidad fueron dos y muy distintas. No es lo mismo el -señor Diamante que el señor Samper”.

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Tanto Zambrano como Gustavo Caballero, este último director financiero de Cemex, debieron trabajar muy de cerca con Violy y Stormy para llevar a cabo un par de transacciones, hechas de manera simultánea, que hoy consolidan a la multinacional regiomontana como líder del mercado cementero colombiano. “Ninguna de las dos compañías sabía que Cemex estaba negociando la compra con la otra. Era fundamental realizar así la operación, cuidando hasta el último detalle, para lograr el éxito”, cuenta Violy.

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¿Cómo negociar en paralelo dos compras de dos empresas en un mismo país y por un mismo cliente sin que ninguna se enterara de la negociación que se estaba llevando a cabo en la otra? Bonito asunto. Macaya, quien también participación en la operación, ofrece algunos detalles de las tácticas guerreras: “La negociación tenía que ser simultánea, con un equipo en Colombia manejando una transacción y uno en Nueva York a cargo de la otra. La comunicación tenía que ser constante para asegurarnos que el grado de avance en ambos casos era exactamente el mismo. Y, en medio, estaba Gustavo Caballero, de Cemex”.

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Pero, ¿por qué debía hacerse de esta manera? Zambrano responde: “Colombia y Chile son los únicos países latinoamericanos que tienen grado de inversión, por lo que el pasivo que compra una empresa colombiana es más barato que si se adquiere por una firma extranjera. Fue una estrategia financiera para ubicar más al pasivo en la compañía operadora y menos en la tenedora”.

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El resultado fue todo un éxito: Cemex optimizó el costo de capital.

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La región más compleja del planeta
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Violy y Stormy han trabajado durante años con empresarios latinoamericanos, muchos de ellos mexicanos. Saben que la región es especialmente compleja en lo político, en lo económico y en lo social. Pero saben también que una multitud de inversionistas y de consorcios multinacionales ven en el sur del río Bravo mercados viables para crecer. Y ahí está, de hecho, el corazón de su negocio: para que un extranjero tenga éxito en la América hispanoparlante requiere de servicios de -asesoría. “Con una formidable sofisticación global y experiencia local, VB&P atiende esta necesidad”, expresa Stormy.

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Al participar de lleno en el desarrollo de estrategias financieras, VB&P puede anticipar eficazmente los riesgos e identificar oportunidades para la creación de valor, labor que se complica sobremanera en latitudes con ambientes siempre cambiantes. Con tantos años de trabajo en países de frecuentes altibajos, como México, Venezuela, Colombia, Brasil y Argentina, estas dos mujeres no pueden tener un ojo más sensible para encontrar compañías con las cualidades suficientes para prosperar aún en medio de grandes adversidades. “Nuestra experiencia —subraya Stormy— nos permite distinguir entre tendencias de base y desviaciones temporales. En el actual ambiente de negocios, incluso las empresas más grandes están sujetas a ser rebasadas por la competencia. Los cambios tan vertiginosos exigen un oportuno desarrollo de estrategias de crecimiento.”

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Sin embargo, el costo del capital en México es un enorme obstáculo cuando se aspira a crecer con mayor agresividad. Por tanto, hay que conseguir el dinero afuera. Desde luego, la calificación del riesgo-país también encarece los créditos externos, pero la volatilidad del mercado mexicano puede ser neutralizada con una buena labor de venta del concepto de la compañía ante la comunidad financiera internacional. Ahí está el caso de Corporación Geo, que fue una de las dos empresas mexicanas que logró colocar capital ($50 millones de dólares) en los mercados foráneos durante 1995, con la asesoría (¿de quién más?) de Violy y Macaya.

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Stormy realmente se entusiasma al hablar de Geo: “Es uno de esos casos en donde el concepto se vende solo: un sistema muy eficiente y rentable de construcción, de altísima calidad y tecnología, con un equipo gerencial que entiende —desde el primer ladrillo— cómo se hace una casa, en un mercado que pide vivienda a gritos. Y Geo hace casas que, incluso en este -momento, el mexicano sí puede comprar”.

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Jonathan Pollack, profesional asociado de la firma y muy cercano a las transacciones de la constructora mexicana, califica de “asombrosa, increíble, fuera de serie” la forma en que se ha desarrollado Geo. “De ser una pequeña empresa hace poco tiempo, hoy es el líder del mercado mexicano y tiene todo para comenzar a regionalizar su concepto. La dirige gente con mentalidad ganadora”.

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La realidad es que todavía se cuentan con los dedos los consorcios mexicanos que despiertan admiración en los círculos financieros de la “gran manzana”. En los últimos cinco años, Violy ha atestiguado cómo varios empresarios latinoamericanos trabajan cada vez más enfocados hacia el crecimiento, con mejores márgenes y mayor competitividad. “Poca gente le ha dado el crédito debido a los gerentes (entiéndase como directores financieros, operativos, de producción...) de estas compañías, que han sabido competir adecuadamente, en un ambiente adverso, contra monstruos multinacionales que tienen grandes economías de escala, costos de capital menores, acceso instantáneo a tecnología de punta y mejor infraestructura”.

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En menos palabras, estas banqueras homenajean la creatividad de los hombres de negocios latinos. Stormy lo sintetiza así: “Cemex tiene un margen de -rentabilidad dos veces mayor al de Holderbank, el productor de cemento más grande del mundo”.

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Las ciencias de la confianza y el valor
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A Stormy le gusta enfatizar el término “confianza”. Por supuesto, sin este factor un asesor financiero no puede hacer un solo negocio. “Si le sugerimos a alguien que es buena idea comprar una compañía, expandirse a determinada región, es fundamental que crean en nosotros”, señala.

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Sin una confianza casi ciega en la manera en que Violy y Stormy se manejan por el mundo financiero no podría explicarse que los Cisneros les encargaran la negociación final con Coca-Cola, en Atlanta, para firmar todos los contratos de una espectacular y muy controvertida operación sin la presencia de ninguno de los venezolanos.

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Habla Gómez Mont: “Son diferentes a todo lo que yo he visto en Wall Street. Te dan confianza absoluta, porque sabes que tienen un interés de largo plazo contigo. Me siento muy asesorado y protegido”. El empresario mexicano recuerda bien lo que Violy alguna vez le confesó: ‘Si ustedes se dedicaran a vender pizzas, ni siquiera los hubiera recibido’.

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“La confianza no se gana de la noche a la mañana —apunta Violy—. Se gana con años de trabajo. Sólo es posible cuando el servicio que ofrezco a mi cliente va más allá de lo que él espera, cuando mis ideas se transforman en valor agregado.”

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Valor. He ahí la cuestión. La razón de ser de una empresa es la creación de valor. De esto depende la viabilidad de largo plazo de cualquier negocio.

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La semilla que debe sembrarse, y regarse constantemente, para hacer de las nociones de valor y confianza un árbol frondoso es la del talento humano. De ahí que el reclutamiento de personal sea la base de todo en este banco de inversión. “La gente es vital. En este trabajo hay que dedicar mucho tiempo para armar bien un equipo, para hacer lo imposible realidad”, asegura Violy.

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Julie T. Katzman, directora de Banca Mercantil de la firma, abunda: “Somos un verdadero equipo, en el que nos apoyamos y complementamos de acuerdo con áreas específicas de fortaleza”.

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El pequeño ejército juvenil de VB&P es de 50 personas, de los cuales 25 son ejecutivos; pareciera que las canas están prohibidas. Habla Jorge A. Azpurua, un venezolano de 22 años de edad que ingresó al banco hace tres meses como analista financiero: “Me tocó participar en la operación de Coca-Cola con Cisneros y tuve la oportunidad de experimentar la responsabilidad que otorga Violy a los jóvenes: te da todo lo que puedes hacer y, cuando llegas a ese punto, te da un poquito más para ver hasta dónde respondes”.

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Así se las gasta, pues, esta nativa de Barranquilla, que hoy es divorciada, madre de dos hijos (Henry Michelle y Carolina) y que suele escaparse a tomar sus únicos recesos dos o tres veces al año a Palma de Mallorca, a la casa de descanso de Cristina Macaya, una de sus mejores amigas y madre de Javier Macaya, el joven compañero de mil batallas de Violy. “Es una persona muy inteligente —dice cristina— llena de vida y muy buena amiga. En su vida familiar parece más padre que madre, porque le ha tocado jugar ese papel.”

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María Elena Mendoza se enorgullece también de ser cercana a la reina latinoamericana de los M&As: “La conozco desde hace 15 años. Es una gran amiga, de grandes detalles, con todo y que trabaja 24 horas al día. No hay muchas como Violy”.

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Vernon Jordan lanza una flor más: “Es una gran bailarina y una gran madre”.

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Ni duda cabe; esta emprendedora colombiana se divierte y va dejando huella en el mundo financiero. “Haber creado una firma donde todos comparten mi pasión es increíble. Es un reto mantener motivadas a personas con el talento que tienen mis colegas y he tenido la gran suerte de -encontrar una socia tan brillante como Stormy. Hacer proyectos innovadores y creativos, con base en un trabajo analítico profundo, es lo que más me motiva.”

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Lo cierto es que vendrán muchos más huracanes en el mundo corporativo -latinoamericano, y para nadie debe ser extraño si Violy está en el ojo de la mayoría.

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