Las reglas del juego

Si la ruleta y el black-jack se legalizan, ¿llegará una época de prosperidad fabulosa? Tal vez no
Omar López Vergara

En una casa de Las Lomas, en la Ciudad de México, hay un “brinco”. La casa está protegida con un fuerte enrejado y un sistema de seguridad de alto voltaje. Una vez adentro, y después del ritual cateo, se accede a la sala principal de la casa por una puerta con un vitral de cisnes. Aquí sólo entran hombres. El olor a puro es intenso. Apostados en estratégicos pilares, se encuentran los encargados de la seguridad. Las únicas mujeres son las meseras, que se encargan de servir amablemente los tragos. Hay tres decenas de mesas de paño verde o dorado, en las que se juega prácticamente a todo: ruleta, bacará, póquer, black-jack. Tragamonedas no hay. Las apuestas son de $100 dólares como mínimo.

- Hace menos de tres años la Secretaría de Turismo reconoció que en México había cerca de 1,500 casinos clandestinos, o “brincos”, como este. Estos locales, instalados en casas o en hoteles están preparados para que, en caso de que llegue la PFP o la policía municipal, “se trasladen con todo y mesas a otro local”, dice Carlos Mora Álvarez, vicepresidente de Casinos de la Concanaco.

- Mientras eso sucede en Las Lomas y en muchas otras zonas del país, en los pasillos del faraónico Congreso de la Unión se ven también correr las apuestas. A favor. En un Congreso poco inclinado a legislar, la reforma a la Ley de Juegos con Apuestas y Sorteos de 1942  tiene el raro privilegio de haber provocado una alianza entre el PRI y el pan. El grupo del PRI, comandado por Francisco Javier Bravo –diputado por el Estado de Jalisco–, se encargó de redactar las 64 cuartillas de iniciativa de decreto para reformar la añeja ley. ¿Vuelven los casinos 66 años después de la prohibición del presidente Lázaro Cárdenas?

- El argumento de los partidarios, entre cuyos defensores está Rodolfo Elizondo, secretario de Turismo y promotor del tema desde sus tiempos como legislador sería, según se lee en el anteproyecto de ley, “modernizar y diversificar la oferta turística nacional, y promover la generación de empleos, el incremento del turismo internacional y la consecuente captación de divisas”.

- El optimismo del gran pacto del periodo legislativo no duró. Un grupo de empresarios e intelectuales mexicanos exigió que un estudio independiente respaldara las optimistas previsiones de los defensores de los casinos. Varios informes independientes las cuestionan desde un punto de vista puramente económico.

- El Congreso estadounidense creó una comisión independiente en 1996. Su informe concluyó que la proliferación del juego creó empleo bien remunerado en algunas comunidades en crisis, pero lo hizo a un alto costo. Tres millones de estadounidenses son jugadores patológicos. Sólo ellos, según otro estudio de la Universidad de Chicago, generan 15% de los ingresos brutos de la industria. La comisión pidió un receso en la autorización de permisos para evaluar correctamente el impacto de los casinos.

- El mito del crecimiento
La promesa de “generación de empleos” llevó a 95% de los encuestados en toda la república en una consulta de la Cámara de Diputados a respaldar la aprobación de la ley. Esta hipótesis no es defendida universalmente. “El crecimiento de una economía con casinos puede ser o bien negativo o, en el mejor de los casos, igual a cero”, sostiene Earl Grinols, profesor emérito del MIT y de la Universidad de Illinois y firme opositor al juego por su impacto económico negativo.

- La cuestión es determinar el saldo neto entre los empleos que se crean y los que se destruyen. Si en una población de 800,000 habitantes (como Acapulco) se construyen dos grandes casinos que generan, cada uno, 1,000 empleos directos, dice Grinols, habría entonces 2,000 nuevos trabajos en el municipio. Pero la gente encerrada en los dos casinos perderá el interés en saltar desde el Bungy, comer en los restaurantes de mariscos del centro o ir a las discotecas. Esto provocaría la quiebra de otros giros y por lo tanto un número considerable de desempleados. En este escenario, el crecimiento del sector de los casinos se compensa con una disminución igual del resto de la economía.

- El mito de las divisas
La diputada panista Elizabeth Yáñez, integrante de la Comisión de Turismo de la Cámara de Diputados y ex secretaria de Turismo del Estado de Guanajuato, comenta a título personal que “la instalación de los casinos se limitará a destinos turísticos muy específicos, con una inversión mínima de $600 millones de pesos por sitio”.

- La idea de que los casinos implican necesariamente un impacto sustancial y directo en el crecimiento del turismo externo se ha convertido casi en un axioma. Sin embargo, un reporte de la Universidad de Nevada indica que lo más frecuente es que los casinos atraigan a los “nativos” más que a los extranjeros (con excepción de Las Vegas, ubicada en mitad del desierto). En destinos donde los casinos fueron legalizados en la década de los 70 con objeto de incrementar el turismo, como en España, Grecia, Canadá, Australia e Inglaterra, sus asiduos han sido, hasta la fecha, fundamentalmente los locales. “En general, los clientes de los casinos prefieren los lugares que se encuentran cercanos a su lugar de residencia” afirma William Eadington, director del Institute for the Study of Gambling and Commercial Gaming.

- El mito de los impuestos
En el título séptimo de la iniciativa priísta-panista-verde se establece que la recaudación de impuesto se repartirá en tres partes, una para la federación (20%) y las otras dos para la entidad federativa y el municipio (30 y 50%, respectivamente). A pesar de que reafirma su oposición a la ley (a título personal), Nancy Cárdenas, secretaria de la Comisión de Turismo del Congreso, del PAN, admite que de existir candados suficientes para evitar el lavado de dinero –en su opinión no los hay–, el incremento en los impuestos sería un beneficio natural para la economía mexicana. “Hasta ahí estamos de acuerdo, no hay nada que discutir”, comenta la diputada.

- En realidad, para algunos teóricos todo depende de la tasa de impuestos que se le aplique a los casinos. “Si son gravados a las mismas tasas que otros negocios, entonces el incremento de los impuestos derivados de los casinos es compensado por una caída comparable con los impuestos de los otros negocios que dejarán de funcionar por el casino. Y si los impuestos son excesivos, el negocio no le interesa a nadie”, señala Grinols.

- Otro problema es que según la Universidad John Hopkins, aproximadamente 4% de la población es jugadora patológica, lo cual hace que en México existan automáticamente unos cuatro millones (32,000 solamente en Acapulco). El costo social de una persona de esas características para el Estado es de aproximadamente $1,000 dólares anuales (tomando en cuenta factores como comisión de delitos, productividad perdida para las compañías, costos de cobranza, suicidios, abuso monetario y otros). Tendríamos un costo social nacional para México de $4,000 millones de dólares, $8 millones de dólares tan sólo en Acapulco.

- Un informe de la Secretaría de Seguridad Pública elaborado a partir de la presentación de la iniciativa de ley en abril apunta en sus conclusiones que “la instalación de casinos puede significar un golpe severo a la seguridad pública y a la justicia”, dada su incidencia sobre el robo, la prostitución y la drogadicción.

- Por este motivo, los opositores a los casinos critican que el excedente en impuestos se tendría que destinar al costo social derivado de los jugadores problema.

- El estudio y las prisas
Tras la aprobación de la reforma a la ley, se seguiría un proceso muy largo. Primero, se formaría la Comisión Federal de Juegos con Apuestas y Sorteos, presidida por el secretario de Gobernación e integrada por once miembros, entre los cuales habrá “cinco ciudadanos con prestigio moral y honorabilidad reconocida”. Faltaría que esta Comisión fuera ratificada por el Senado. A mediados de 2006 se comenzarían a recibir las primeras solicitudes de los empresarios, las cuales tardarían como mínimo 18 meses en ser dictaminadas. El primer casino mexicano estaría funcionando a partir de 2008.

- Mientras tanto, las 1,500 casas de apuestas en Las Lomas, Tepito o Tijuana seguirán funcionando. Quizás valga la pena experimentar y legalizar los casinos en el territorio mexicano. Quizás en efecto implique desarrollo económico. Pero “¿cuál es entonces la prisa por aprobar la ley sin hacer un estudio previo?”, se pregunta Eduardo Sánchez Navarro, defensor de la creación de un estudio.

- ¿Cómo se comparan los beneficios del juego contra los costos? La respuesta puede no ser tranquilizadora. La Comisión Nacional estadounidense de Estudio sobre el Impacto del Juego resumía la situación en una frase, tras dos años de investigación: “La pregunta no puede ser contestada definitivamente”. La moneda gira en el aire.

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