Lecciones orientales

Aunque enfrentan fuertes problemas financieros, los países asiáticos cuentan con la capacidad para
Alejandro Castillo

En los últimos años, el éxito económico de los países asiáticos ha sido una referencia inevitable para las economías que, como la mexicana, después de múltiples fracasos buscan la fórmula que les permita resolver –en el menor tiempo posible– los rezagos acumulados, que ya son una carga que no pueden ignorar.

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Los problemas que han presentado esos países en los meses recientes podrían llevar a suponer que no son el ejemplo adecuado. Sin embargo, no se puede ignorar que el desarrollo alcanzado por la región Asia-Pacífico es una valiosa experiencia que debe asimilarse para hacer frente a los efectos del ajuste que provocará en los mercados la crisis por la que atraviesan actualmente.

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Quienes quieran encontrar en esas experiencias una fórmula única fracasarán. Y es que, independietemente de la religión o el tipo de régimen político en que se desenvuelven y que van desde aquellos de origen socialista hasta las dictaduras de derecha –incluso algunos con una pesada carga de corrupción, como Indonesia–, lo cierto es que todos esos países han demostrado una gran capacidad para diseñar y aplicar con -pragmatismo medidas orientadas a alcanzar mayores rangos de competitividad.

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Aunque algunos promotores del neoliberalismo los han querido adoptar como ejemplo, lo cierto es que el proceso de desarrollo seguido por Japón y los tigres y dragones asiáticos se caracterizó porque no se basó en una receta preestablecida. Esos países supieron combinar –con excelentes resultados– los esquemas de diferentes escuelas económicas, desde el estatismo hasta el libre mercado. Siempre a su favor. Cuando les convino, fortalecieron las empresas públicas, protegieron sus mercados, subsidiaron a sus productores o devaluaron sus monedas. No se abrieron totalmente a la inversión extranjera y sólo atrajeron capital foráneo a las ramas que les interesaba desarrollar, dependiendo de sus intereses.

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Existen países con una economía centralmente dirigida, como China, que avanzan en la apertura de regiones de su territorio a la expresión más evolucionada del libre mercado. O como Singapur, comprometidos con el libre mercado, pero en donde el Estado controla a la única administradora de fondos para el retiro y la aprovecha para financiar obra pública, así como infraestructura de educación y salud.

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En medio de esa estrategia ecléctica en lo económico, se puede decir que sí hubo una fórmula que, en general, ha estado presente en el éxito de esos países. Esta fórmula consistió en la educación y un alto grado de identificación de la población con las perspectivas de su país. Es tan importante este elemento que incluso las economías más globalizadas, como Singapur, impulsan el compromiso de los ciudadanos con el concepto de patria. (Nada que ver con las condenas que han hecho los neoliberales mexicanos a conceptos como el de soberanía y nación.) Con esa base, las economías asiáticas supieron conciliar los intereses de la mayoría con la búsqueda del beneficio individual, destacando el aumento de la productividad como el factor clave para mejorar el bienestar.

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GRANDES AVANCES
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Los logros de Japón y de los tigres y dragones se expresan en hechos concretos. En la mayoría de los casos, como lo reseñó ampliamente José Gutiérrez Vivó en su reciente gira de prensa a Tokio, Shangai, Hong Kong y Singapur, se basan en la aplicación de nuevas tecnologías para alcanzar mayores niveles de bienestar. Fuera de algunas excepciones, en esos países vastos sectores de su población han logrado mejorar su condición de vida. Las estadísticas reflejan esos avances. Entre 1980 y 1992, el Producto Interno Bruto (PIB) - per cápita en México y Argentina cayó a una tasa promedio anual de 0.2 y 0.9%. En cambio, en Corea, Hong Kong, Tailandia y Singapur creció a una tasa promedio anual de 8.5, 5.5, 6.0 y 5.3%, respectivamente.

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En ese mismo periodo, mientras que el PIB de Argentina, Brasil y México creció a una tasa promedio anual de 0.4, 2.2 y 1.5%, en ese orden, el de Corea aumentó a una tasa de 9.4%, en tanto que el de Hong Kong y Singapur lo hizo en 6.7% y el de Tailandia en 8.2%.

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Como un ejemplo de la importancia que tuvo para esas economías el posicionamiento en los mercados internacionales, se puede mencionar que las exportaciones de Singapur significaron 174% de su -PIB en 1992; las de Hong Kong 144% y las de Malasia 78%.

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No obstante, hoy la gran mayoría de esas economías se encuentra en dificultades. En general, parece que llevados por su éxito y la globalización incurrieron en algunos excesos que ahora tienen que corregir. Aprovechando los excedentes de capital en los mercados internacionales, Tailandia, Malasia, Indonesia y Corea dejaron sobrevaluar sus monedas y permitieron un creciente déficit en cuenta corriente, fomentado en algunos casos por un excesivo gasto público o crédito bancario; finalmente tuvieron que devaluar. Hong Kong, Singapur y Taiwan –que mantuvieron una economía relativamente sana– no pudieron escapar de la especulación, por lo que también se verán obligados a devaluar para no perder competitividad.

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Eso no debe llevar a suponer que el modelo pragmático que se ha aplicado en esos países haya fracasado. Cabe recordar lo que sucedió en 1982. Mientras que la crisis de la deuda llevó a las naciones latinoamericanas a una década de muy bajo crecimiento económico, los países asiáticos aprovecharon la crisis para consolidar las bases de su posterior desarrollo y su posicionamiento como grandes exportadores. No sería improbable que en esta ocasión también pretendan utilizar la crisis para mejorar su posición en los mercados internacionales.

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¿Y MÉXICO?
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Indudablemente, los países asiáticos están preparados para superar esta crisis. Quienes deberían preocuparse por los efectos de los ajustes en el corto plazo y las consecuencias en los mercados de bienes y servicios a mediano y largo plazo son los países que, como México, podrían sufrir otro frenazo y acumular más rezagos por carecer de una visión de largo plazo y disposición para actuar con pragmatismo.

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Aunque la crisis fue un tema que se impuso en la reunión del Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC) –realizado en la segunda quincena de noviembre en Vancouver, Canadá–, la información que trascendió lleva a suponer que no se trató con suficiente profundidad. De cualquier modo, siguiendo el ejemplo de los exitosos países de Asia, México requiere analizar con más cuidado qué puede suceder con los problemas financieros que los afectan y de qué manera pueden repercutir en las perspectivas de su economía. Asimismo, debe preparar medidas para absorber los efectos de la crisis a menor costo. Por lo pronto, cabría evaluar si es objetiva la apuesta que aparentemente han hecho las naciones industrializadas y latinoamericanas, acerca de que el ajuste financiero no trascenderá y sólo implicará la aplicación de los paquetes que ha diseñado el Fondo Monetario Internacional (FMI) para esas naciones. Pero, aun si así fuera, de todos modos existen riesgos para México:

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Después de la devaluación que afectó a las economías de Asia, éstas ganarán competitividad y sus productos podrían desplazar a los exportadores mexicanos del mercado estadounidense, e incluso invadir el mercado interno. Aunque las mercancías procedentes de Asia permitirán mantener bajas las tasas de inflación en Estados Unidos, también impulsarán un fuerte crecimiento de su déficit con el exterior y quizá el cierre de empresas.

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La mayor competitividad de Asia podría generar más presiones sobre la cuenta externa de Brasil, que en 1998 realizará elecciones presidenciales. Eso podría ser aprovechado por los especuladores y obligar a esa nación a ajustar su tipo de cambio, dando lugar a una nueva crisis.

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La crisis hará más intensa la competencia por captar capitales. En caso extremo, podría suceder que para hacer frente a sus problemas Japón decida retirar los más de $200,000 millones de dólares que tiene invertidos en bonos del Tesoro de Estados Unidos. Seguramente las tasas internacionales se dispararían.

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Otra probabilidad supone que la crisis financiera asiática no se detendrá, los contribuyentes de los diversos países desarrollados se opondrán a ampliar los recursos de rescate y el capital del -FMI será insuficiente. En esas condiciones, sería inevitable la revisión de los términos de la globalización.

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La situación se prevé complicada y es necesario que México retome la experiencia asiática para adelantarse a los hechos.

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