Lágrimas de cocodrilo

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Son muchos los que envidian la privilegiada posición que guardan las empresas de tecnología. Lo que no es envidiable es la presión a la que están sujetos los directores generales (o CEOS). Dígalo si no Eckhard Pfeiffer, ex CEO de Compaq, que sorpresivamente anunció su renuncia como mandamás de la fabricante de PCs. Durante los ocho años que duró la gestión de Pfeiffer, esta empresa multiplicó por 10 su valor de mercado, pasando de una facturación anual de $3,000 millones de dólares a unos $30,000 millones. En el mismo lapso, Pfeiffer –quien fue el artífice de la compra en 1998 de Digital Equipment– logró que Compaq quintuplicara su participación de mercado de 3.5% a 15.4%, lo que la coloca en el primer lugar. La renuncia de Pfeiffer vino al tiempo que esta fabricante de PCs reportó utilidades para su primer trimestre fiscal por $281 millones de dólares, calificados como “decepcionantes e inaceptables”. El ex CEO se quejó de falta de tiempo para ofrecer mejores resultados y de las expectativas y las presiones por parte de Wall Street. Pero no hay mal que por bien no venga: tras su despido, Pfeiffer tiene derecho a recibir unos $320 millones de dólares en ejercicio de opción a acciones de la compañía a su valor actual.

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