Lo barato sí es negocio

Pese a los aranceles de 1,000%, la empresa nacida en Tijuana vende millones de artículos asiáticos
Zacarías Ramírez Tamayo

Si las fronteras son santuarios de lo marginal, Tijuana es una típica ciudad fronteriza. En uno de sus linderos, el Bulevar Insurgentes, avenida que corre al pie de una meseta de tierra, se ubican las oficinas corporativas de Waldo’s Dollar Mart de México (WDMM), un negocio minorista que abrió aquí su primer establecimiento y que florece a la sombra de los tratados comerciales.

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En sus austeras instalaciones, que en otro tiempo ocupó una maquiladora, un grupo de ejecutivos de distintas nacionalidades, encabezados por el fundador y socio de la cadena, el iraquí nacionalizado estadounidense Saad J. Nadhir, traza el plan de conquista de barrios pobres y de alta concentración demográfica en el país. En pequeños locales rentados (59 por ahora, 70 al terminar el año), distribuidos a partes iguales entre Baja California y municipios y ciudades del centro del país, se ofrece mercancía producida a costos mínimos en naciones como China, Tailandia, Indonesia, Taiwán, Turquía e India. A un precio de $11.50 pesos –el valor aproximado de un dólar más IVA–, los consumidores pueden adquirir refrescos enlatados estadounidenses, figurillas chinas de resina, utensilios de cocina indios, recipientes de plástico canadienses o jugos de frutas mexicanos.

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La fórmula de precio único es posible en dos circunstancias: las importaciones, para lo cual es condición que la moneda sea estable, o los altos excedentes que por alguna razón no agotan los canales formales.

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El de los costos bajos es más que un tema gerencial. Para la compra de mercancías generales, las de mayor venta, los negociadores de WDMM dirigen sus pasos directamente a las fábricas. La introducción de los artículos asiáticos es absolutamente legal, dice Nadhir, pero omite referirse a las cuotas compensatorias. Las importaciones de aquel continente son blanco de este gravamen, que en algunos casos puede ser superior a 1,000%.

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En virtud del TLCAN, la mercancía procedente de Estados Unidos y Canadá está libre del tributo. La firma aprovecha todo: los refrescos enlatados y cereales vienen del primero. “Recorremos el mundo en busca de las mejores oportunidades”, asienta el empresario, lo cual es posible gracias a una base de datos de más de 10,000 productores.

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El hecho es que, de dólar en dólar, las ventas han crecido a un ritmo de 50% a 100% a partir de su apertura, en 1999, y este año la compañía espera cerrar con ventas de entre $100 y $110 millones de dólares.

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Pese a que en las tiendas los productos nacionales no parecen ser los dominantes, Nadhir asevera que éstos aportan entre 65% y 70% de los ingresos totales –cifra que se reserva, pues “no hablamos acerca de nuestros números, somos empresa privada”–. La propiedad de 90% de la organización pertenece a un grupo de 10 inversionistas (del que él forma parte, pero que declina identificar) de origen mexicano y estadounidense.

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El entrevistado declara que operan con márgenes mínimos, aunque hay casos que dicen lo contrario. The Wall Street Journal documentó una de las operaciones del consorcio con un fabricante de aromatizantes para el ambiente en Canadá; por cada lata pagaron $0.60 dólares canadienses, o $0.45 dólares estadounidenses, más $0.05 por el traslado a Tijuana.

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También se proveen de productores locales. Uno que lo es desde hace ocho meses es Astermex, fabricante de escobas, trapeadores y mechudos. Los pedidos han ido en aumento; ahora son mensuales y oscilan entre $7,000 y $28,000 dólares.

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WDMM también se alimenta de los excedentes que arrojan los cambios de temporada, el lanzamiento de una nueva presentación o simplemente un mal desempeño de venta. Los inventarios de Frutsi y néctares de un litro de Jugos del Valle se desahogan en WDMM. Se les venden artículos de línea, dice una fuente de esta firma mexicana, y sin problemas de caducidad; hasta ahora los volúmenes son pequeños, pero es un cliente que va a crecer, predice.

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Nadhir alienta tal percepción. En estos momentos analiza la apertura de un nuevo centro de distribución, que se sumará al par que ya tienen, para atender las sucursales que abrirán en Monterrey y Tamaulipas. Acaban de invertir más de $10 millones de dólares, añade, en nuevos equipos para agilizar la logística de distribución. En 2003 planean abrir tiendas en Chihuahua, Torreón, Querétaro y Puebla, entre otras ciudades, y aumentar las ventas a entre $150 millones y $200 millones de dólares.

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El crecimiento acelerado ha sido enfermedad letal en los anteriores proyectos del empresario. Antes de venir a México, él y un grupo de socios fundaron Blockbuster (que luego vendieron envuelta en las llamas de las deudas) y una firma de restaurantes de pollo frito (que terminó en las fauces de McDonald’s).

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