Lo juguetones son más felices

-

Una y mil veces se ha oído la sugerencia, por parte de terapistas y psiquiatras, de “ponerse en contacto con el niño que todos llevamos dentro”. Hoy, la pasión por las motos, la soft adventure y hasta el afán por coleccionar juguetes, son inclinaciones bien vistas en los adultos, por más maduritos que sean. Es más, ninguna de estas prácticas es juzgada como un inequívoco signo de inmadurez, peligroso ridículo o criticable falta de responsabilidad.

-

Para corroborarlo, la industria editorial estadounidense ya comienza a editar las primeras obras en defensa del juego y de sus propiedades terapéuticas (se asegura que quien sabe jugar está mejor equipado para resolver problemas, pensar creativamente y manejar el estrés cotidiano).

-

Uno de los primeros libros sobre el tema –Más allá del amor y el trabajo: ¿Por qué los adultos necesitan jugar?–, califica el juego –sea coleccionando Barbies o tirando a los bolos– como el gran antídoto contra la vida adulta. La razón es que, se trate de actividades sedentarias o de otras más agitadas, sólo el juego permite perderse en el momento, transformándose entonces en una “distracción productiva” que permite enfocar la atención en el placer, olvidando todos los deberes. Basta observar a un niño que juega para convencerse de ello. Así que, ¿a qué jugamos este fin de semana?

-

Newsletter
Ahora ve
El camino de Trump para revocar el programa de salud propuesto por Obama
No te pierdas