Lo que el viento traerá

México no sólo es rico en petróleo sino también en recursos eólicos. Con un buen plan energéti
Andrés Piedragil Gálvez

En primera instancia, los escenarios tienen un sabor surrealista: grandes espacios al aire libre, donde alguien sembró enormes columnas que están coronadas por turbinas con hélices –parecidas a las que se observarían en las alas de una avioneta–. Estos parajes, sin embargo, poco tienen de fantástico. Para el futuro energético del orbe, las zonas dominadas por estos extraños pilares representan una alternativa importante: generar energía aprovechando la fuerza del viento. Producir potencia eólica (eólico: relativo al viento, que funciona por la acción del viento; en referencia a Eolo, el dios de los vientos en las mitologías griega y romana).

- Explotar el poder de las ráfagas de aire no es una idea nueva. Basta recordar que, gracias a la fuerza del viento que impulsó las velas de su flota, Cristóbal Colón descubrió un nuevo continente. Hoy, a los vendavales se les encomienda una labor igual de importante: convertirse en una fuente de energía que contribuya a disminuir la dependencia energética en recursos no renovables (como el petróleo) y, al mismo tiempo, evite el deterioro ambiental que causan los actuales medios de generación de energía. En muchas naciones, el recurso energético del viento empieza a destacar como alternativa.

- Potencia amigable
La alternativa del viento difícilmente desplazará el uso de otros elementos como el petróleo o el carbón. No será fácil encontrar, al menos pronto, casos como el de Dinamarca: nación donde, según el Global Wind Energy Council (GWEC), 20% del total de la electricidad producida tiene su origen en mecanismos eólicos. En realidad, la meta es complementar los sistemas eólicos con otras alternativas ecológicas de generación de energía –como la solar–, con el fin de disminuir la explotación de recursos no renovables y altamente contaminantes.

- Y desde la perspectiva ambientalista, el viento es una apuesta que sugiere beneficios. De acuerdo con estudios del GWEC y de la Conferencia Europea de Energía Eólica (CEEE), cada kilovatio/hora (KW/h) producido por energía eólica en lugar de carbón evita la generación de 60 gramos de dióxido de carbono, 1.33 gramos de dióxido de azufre y 1.67 gramos de óxido de nitrógeno; tres elementos químicos muy contaminantes. Las investigaciones también señalan que un parque eólico con capacidad de 10 MW (megavatios; miles de vatios) produce energía eléctrica para 11,000 familias; puede sustituir a 2,447 toneladas equivalentes de petróleo, y previene la emisión de 28.48 toneladas anuales de bióxido de carbono.

- Las críticas a los sistemas eólicos se reducen  principalmente a tres: las instalaciones ‘afean’ los paisajes donde se instalan; son una fuente de contaminación auditiva (producen mucho ruido), y no es raro que las rutas migratorias de varias clases de aves pasen por zonas ocupadas por parques eólicos (causando la muerte de muchos pájaros que chocan contra las columnas). Y la limitación natural: no hay un lugar donde la velocidad del viento sea constante a lo largo de todo el año; lo que implica un grado de intermitencia en la generación de poder.

- En términos de costo, la producción de energía eólica, apunta el estudio Wind Force 10, se ubica en el promedio de los 0.047 dólares por KW/h, un monto competitivo frente a otros recursos energéticos más utilizados. Incluso, para 2020, el costo descendería a los 0.025 dólares por KW/h –siempre y cuando las instalaciones eólicas conserven su actual tasa de crecimiento anual, que se ubica en el rango de 29 a 32%–. De igual forma, el estudio señala que, para 2020, se estima una producción de casi 3,000 TW/h eólicos (TW: teravatios, billones de vatios); lo que representaría 11% del total de energía que se consumirá mundialmente en dicho año. Hacer realidad esta previsión, según el estudio Wind Force 10, implicaría una inversión anual promedio de 3,000 millones de dólares, hasta alcanzar el monto de 78,000 millones de dólares en 2020. Asimismo, señala Carlos Garza Ibarra, subsecretario de Planeación Energética y Desarrollo Tecnológico de la Secretaría de Energía (Sener), las energías renovables –como la eólica– “son consideradas como un medio de cobertura con grandes beneficios financieros; ya que su costo no se ve afectado por los vaivenes del mercado internacional (como ocurre en el caso de los hidrocarburos)”.

- México: paraíso eólico
México es un país rico en petróleo, pero también lo es en potencia eólica. Lo que implica una gran ventaja: a diferencia del combustible fósil, el viento difícilmente se acabará. De acuerdo con varios estudios –realizados por el Instituto Politécnico Nacional (IPN), la Comisión Federal de Electricidad (CFE), el Instituto de Investigaciones Eléctricas (IIE) de la UNAM y el citado GWEC–, el país cuenta con uno de los mejores recursos eólicos del mundo.

- En especial, el poder energético que se genera en la zona sur del Istmo de Tehuantepec (Oaxaca), lugar donde la velocidad promedio del viento puede alcanzar hasta los 25 kilómetros por hora, durante prácticamente todo el año. Investigaciones de la CFE y el IPN estiman el potencial del área entre los 2,000 MW eólicos al año –lo que equivale a la cuarta parte de lo que se consume en el Valle de México, según el IPN–y los 8.76 GW/h (GW: gigavatios; millones de vatios) anuales.

- El análisis de la potencia eólica del territorio mexicano, labor encabezada por el IIE, revela cuatro principales fuentes de energía: corriente de chorro durante el periodo otoño-invierno en la zona norte del país; vientos alisios durante el verano en la región central; vientos del norte durante otoño, invierno y primavera en la zona sur del Istmo de Tehuantepec, y vientos del este, noreste y norte en la costa del Caribe.

- Las buenas condiciones del país, señala la Asociación Mexicana de Energía Eólica (AMDEE), permiten realizar cálculos halagadores: capacidad técnica para generar hasta 10,000 MW de electricidad de origen eólico.

- Si la previsión de la AMDEE resulta correcta, Garza considera que dentro de 15 años, cuando el sistema nacional de energía esté en el orden de los 70,000 a 80,000 MW de capacidad instalada, tendría la posibilidad de iluminar la Ciudad de México con los mv eólicos disponibles en ese momento. Sin embargo, a pesar de la potencialidad descubierta, en México las estrategias para aprovechar el poder de los vientos aún son de alcance limitado. Universidades e institutos de investigación son los principales promotores de esta opción energética. El primer proyecto de generación de electricidad eólica, de acuerdo con la Comisión Nacional para el Ahorro de Energía (CONAE), se remonta a febrero de 1997, cuando el IIE y CFE instalaron una planta eoloeléctrica en la localidad de El Gavillero, en las cercanías de Huichapan, Hidalgo.

- Pero más allá de estos esfuerzos de carácter académico o experimental, y como lo muestran datos recientes de la CFE, la electricidad originada por el viento tiene una participación menor en la producción nacional de potencia. Bajo tutela de la Comisión, tan sólo hay dos plantas eólicas en operación: una en La Venta, Oaxaca –capacidad instalada de 1,574 MW– y otra en Guerrero Negro, Baja California Sur –0.600 MW de capacidad–, que ofrecen una aportación mínima a la red pública de energía.

- Aun así, hace unos días sopló una brisa de esperanza: la Secretaría de Energía (Sener) arrancó la construcción de la planta eoloeléctrica La Venta II, que se ubicará en el estado de Oaxaca y contará con una capacidad de 83.3 MW. La obra está respaldada por una inversión de 111 millones de dólares, la cual, señalan previsiones de la CFE, debería traducirse en abastecimiento de electricidad para 12,500 hogares oaxaqueños durante los próximos cinco años.

- La Venta II, que estará en operación en noviembre de 2006, contará con 98 aerogeneradores –de la firma española Gamesa– y su potencia energética de 83.3 MW eólicos evitaría la explotación de 19,784 toneladas equivalentes de petróleo al año, así como la emisión anual de 124,950 toneladas de bióxido de carbono.

- La buena noticia es que la planta oaxaqueña, según la Sener, forma parte de una política más agresiva en torno a las fuentes de energía renovable. “En el Plan Nacional de Desarrollo se establece la meta de avanzar en MW generados por energía renovable. Y se está avanzando en dicha materia. En México ya hay conciencia de que se tiene que diversificar el portafolio energético; el actual está muy concentrado en hidrocarburos”. El aparente descuido en el fomento de proyectos basados en energías renovables, dice Garza de la Secretaría, poco tiene que ver con la indiferencia y mucho con la ausencia de buenas condiciones. Gracias a diversas circunstancias, nacionales y determinadas por el contexto internacional, el potencial eólico del país podría escribir una nueva historia.

- Entre las nuevas condiciones, el funcionario destaca: el beneficio de la depreciación acelerada a las inversiones realizadas en energías renovables –instrumento fiscal, ya contemplado en las leyes y que implica la deducción inmediata de gastos realizados–; un programa del Banco Mundial para apoyar proyectos de energía renovable a gran escala (iniciativa de 70 millones de dólares, muy enfocada a opciones eólicas, diseñado para cubrir la brecha de costos que exista entre un proyecto basado en energía renovable y uno sustentado en sistemas tradicionales; y que en México beneficiará a iniciativas eólicas a desarrollarse en Oaxaca) y el Protocolo de Kyoto –política mundial de desarrollo limpio– impulsado por la ONU (y en la que México está adscrito– que reconoce el desarrollo de proyectos energéticos no contaminantes y brinda certificados y beneficios a los países que trabajan en ese sentido).

- Otro factor que detenía el desarrollo de nuevos proyectos era el carácter intermitente de la generación energética por medio del viento. “Las energías renovables también tienen desventajas –comenta Garza– Por ejemplo: no todos los días existen las condiciones de viento ideales, el sol se marcha a determinada hora. Si se es el principal responsable de abastecer de electricidad al país, como la CFE, pues es normal que se busquen alternativas que brinden mayor certidumbre”.

- Adicionalmente, en el Congreso ya se encuentra una iniciativa de Ley para el Fomento de las Energías Renovables, proyecto que fue presentado por el Partido Verde Ecologista de México, y no por el poder ejecutivo que contempla, entre otras acciones, la creación de un fideicomiso que impulse el desarrollo de plantas no contaminantes. El proyecto de Ley ya está en poder del Congreso; esperando su análisis, discusión y posible aprobación. “Es un mecanismo que, en términos generales, cuenta con consenso. Si se nos pidiera un aval, pues lo tiene completamente, tanto en lo técnico como en lo moral”, apunta Garza.

- El fideicomiso, de aprobarse la iniciativa de Ley, coordinaría los recursos económicos y materiales de distintos niveles de gobierno (federal, estatal y municipal), así como los aportados por organismos internacionales. Esta instancia ayudaría a cubrir el diferencial de costos que exista entre una tecnología convencional y una basada en energías renovables. Si el fideicomiso se convierte en realidad y cumple con sus objetivos planteados, para 2012, se podría esperar que México contara con una capacidad instalada de 3,700 MW eólicos. Idealmente, según Garza, los sistemas basados en energías renovables deberían aportar 20% del total de producción eléctrica.

- En México debería cumplirse este concepto. “Un buen portafolio energético incluye 20% de generación basada en energías renovables. Sería sano tener una participación mayor, pero un sistema de energía no debe basarse en una sola tecnología; y menos si tiene un grado de intermitencia”. El interés se explica en términos sencillos: el petróleo, el valioso oro negro de México, algún día dejará de ser generoso. Impulsar el desarrollo de potencias renovables, como la energía eólica, nos augura una posibilidad: la dependencia en el petróleo nos haga “lo que el viento a Juárez”.

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