Lorenzo Díaz Campos

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MP

director general Grupo DI
34 años

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Cuando chico fue un estudiante notable y afortunado. A los 15 fundó su primera empresa: daba clases de computación a niños menores de 10 años, con máquinas prestadas que en dicho momento tenían 14 KB de memoria. En ese entonces había ganado un certamen tecnológico del CREA-Conacyt (por la creación de un plan de submarino, que hoy le parece inocente, y que se expuso en varios museos) y había obtenido la medalla Francisco J. Mújica y el Premio Nacional de la Juventud.

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Entre los 17 y los 20 años, becado por United Word Colleges —una institución educativa multicultural—, convivió con algunos de los más inteligentes estudiantes del mundo. Acostumbrado como estaba a ser la cereza del pastel, sufrió al recibir calificaciones mediocres frente a chicos mejor dotados. Hoy tiene la lucidez de agradecerlo y la inteligencia de hacerlo con humor.

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No se redujo. Empezó a estudiar diseño industrial porque era la carrera más vinculada al giro de la empresa familiar: fabricar mobiliario de oficina. Sin embargo, en el tercer semestre denostó la carrera.

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Indudablemente la maestría y el doctorado de Lorenzo fueron su madre. También la licenciatura. Ella inició la empresa un par de meses después de que él naciera. Son tan estrictamente contemporáneos que él ahora, con sinceridad, no encuentra diferencia entre vivir y trabajar.

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Más de 40% de lo que vende está orientado a grandes corporativos. En el terreno más lujoso, casi no tiene competencia. El restante 60% es muy competido. En 1994 facturó más de $6 millones de dólares. Entre 1999 y 2000 fueron $8 millones. En 2003 acumuló $4 millones de dólares que, considerando la situación de la industria, fueron oro molido para la compañía.

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Lo más importante de Lorenzo no es su apego a la familia ni su honesta adhesión al trabajo. Tampoco es su historia de nerd desmentida por sus amigos. Es esa pasión parecida a lo más cool: alguien que no sólo quiere vivir bien, sino que también le interesa superarse junto con su gente. Es como una competencia, pero más humana y sensata que la de otros.

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“Siempre tengo tiempo. Es mi mejor logro como empresario.”

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