Los años del Acapulcazo

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Andrés Piedragil Gálvez

¿Por qué algunos aviones cargados de turistas extranjeros estaban aterrizando lejos de México? Hace 23 años, como lo señala el artículo de portada de la edición 309 de Expansión (febrero 18 de 1981), la industria turística del país intentaba responder a esta pregunta. Después de varios años de cifras alentadoras, los resultados del sector empezaban a mostrar síntomas negativos.

- Un análisis de la Dirección de Estudios Económicos de Banamex indicaba que durante 1980 se había registrado un superávit turístico valuado en $600 millones de dólares; 18.5% inferior al conseguido en 1979 y que implicó un monto de $736.6 millones de dólares (un crecimiento de 22.3% con respecto al resultado de 1978). Asimismo, en el rubro de visitantes extranjeros, 1980 arrojó una cosecha de 4,300,000 turistas, apenas 4% por arriba de la cifra obtenida en 1979.

- Para los especialistas consultados en ese momento, la explicación de estos datos insólitos se encontraba en tres factores: la sobrevaluación del peso, el encarecimiento de los servicios turísticos y la saturación de las instalaciones hoteleras. Y la industria nacional ya sentía los efectos negativos de las estrategias de países como Japón, tradicionalmente proveedores de clientes, para promover su turismo interno.

- Hoy, el sector turístico mexicano enfrenta retos muy diferentes. Dos, por lo menos, que exigirán una gran dosis de talento: devolver la vitalidad a unos consumidores asustados –alentar los viajes en un contexto de constante amenaza terrorista– y desarrollar productos que vayan más allá de la playa y del vistazo a las joyas históricas. El Acapulcazo ya no es un as bajo la manga.

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