Los apóstoles del nuevo milenio

La millonaria industria del optimismo, la que no fabrica productos pero sí estados de ánimo la con
Lucía Rangel Flores

Se trata de una industria millonaria en la que están involucrados cientos de personas como industriales y cientos de miles como clientes. A diferencia de otros sectores, en el del optimismo no se fabrican productos tangibles, se trabaja con la palabra y con ella se llenan libros, casetes, videocasetes, aulas y hasta programas de televisión.

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En los últimos años se ha presentado un auge de conferenciantes y líderes emocionales porque la gente necesita creer en algo, saber más, conocer mejor. En síntesis, la industria del optimismo ha florecido ante la suma de todas las crisis, que provoca que la gente busque llenar sus vacíos.

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Esta necesidad ha propiciado el boom de un sector que produce grandes ganancias tanto a los organizadores como a los conferenciantes. En una conferencia tipo, los libros y casetes de las doctrinas o filosofías que ahí se exponen son parte de toda una estrategia de mercadotecnia bien estudiada y dirigida, que ha mostrado sus bondades mediante jugosos resultados.

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Además de los recursos que generan los boletos de entrada a cualquier seminario o conferencia, hay que considerar los ingresos por la venta de estos artículos, que se calcula pueden dejar utilidades de hasta 30% sobre las entradas. Se dice que se han llegado a vender hasta 5,000 libros en una sola conferencia.

- -PSICÓLOGOS Y SACERDOTES
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Carismáticos, con facilidad de palabra, algunos con estudios de oratoria, poseedores de recetas y herramientas concretas, con estudios superiores en la mayoría de los casos y dueños de una agilidad mental bien desarrollada, los predicadores de la era moderna están supliendo en cierto sentido y de varias formas a los psicólogos, a los sacerdotes, a los consejeros de distintas corrientes y religiones.
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Sin embargo, no todos los angustiados y desubicados ciudadanos de este país pueden acceder a las prédicas de quienes con frases como “La motivación no es suficiente”, “Hay que saber cómo”, “El ser excelente”, “Superación personal”, “El ser asertivo”, entre otras, logran atraer a un público de hasta 3,000 personas en el Auditorio Nacional, como lo hizo Miguel Ángel Cornejo en noviembre pasado.

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En un rápido y ligero estudio sobre la tipología de quienes acuden a conferencias de este género, la doctora en antropología social María Josefa Santos Corral, miembro del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, dice que se compone generalmente de gente de clase media o media baja que pueden pagar lo que cuesta asistir a escuchar a un conferencista. La gente con recursos suficientes recurre al psicoanálisis para tratar de resolver sus problemas emocionales o existenciales, mientras que las personas de pocos recursos no pueden asistir ni con unos ni con otros, pues el costo de un boleto para acceder a una conferencia de superación personal oscila entre $400 y $1,500 pesos, según el nivel del conferencista.

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Por lo regular, observa la doctora, se trata de personas con alguna crisis, ya sea económica, laboral, de pareja, emocional, o de identidad, o que tienen problemas en su empleo y creen requerir de alguna fórmula que les ayude a resolver sus problemas.

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Es gente que siente que todavía tiene oportunidades y de momento se encuentra insatisfecha o frustrada con algún aspecto de su vida. En su mayoría, el público asistente se conforma por personas en edad productiva.

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“La filosofía de estos cursos no es mala, están centrados generalmente en la seguridad de que cualquier individuo puede controlar su vida, el problema es que no toman en cuenta los factores externos”, dice el doctor en comunicación de la Universidad de Illinois, Ilya Adler, catedrático de la United States International University, instalada en México.

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La directora de esta misma institución, Susane Wagner, considera que la actividad de los conferenciantes por sí sola es buena. Sin embargo, existe un lado malo: la motivación dura muy poco tiempo y generalmente no hay seguimiento, por lo tanto no existen bases para hacer una evaluación concreta de los resultados de las conferencias.

- -LA PROLIFERACIÓN
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En Estados Unidos, donde estas actividades se llevan a cabo desde los años 70, no existe reglamentación alguna. En el estado de California, por ejemplo, los llamados “conferencistas del optimismo” están presentes prácticamente en todos los canales de televisión abierta a partir de la una de la mañana.
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En México tampoco está reglamentada esta actividad, por lo que la responsabilidad de los resultados recae en el asistente, dice Wagner, quien señala que ninguna universidad seria ve con buenos ojos esta industria, ni en Estados Unidos ni en México.

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A pesar de que las conferencias están fundamentadas en las relaciones humanas y en lo emocional, el mensaje final recae en la cuestión económica porque se trata de cómo hacer mejor las cosas para progresar, “y el progreso en sociedades como la nuestra se mide en lo económico”, comenta Santos.

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“El crimen más grande es estar quebrado”, asevera Antonio de la Serna, director general del Centro de Dirección Efectiva de Negocios, donde se imparten conferencias abiertas de superación personal con un costo de $700 pesos y con una duración de 10 horas.

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La gente que se dedica a impartir este tipo de conferencias es de buena voluntad y desea compartir sistemas exitosos, asegura De la Serna, que cuenta en su empresa con tres instructores para los cursos de superación personal, 14 consultores y un supervisor.

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El Centro de Dirección Efectiva de Negocios está asociado a Wise International, con sede en Los Angeles, una firma que da servicios de consultoría administrativa a grandes corporaciones de Europa, Canadá, Estados Unidos, Japón, México y Sudamérica.

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La actividad de la consultoría ha crecido considerablemente. En 1985 se contaban en México 122 empresas dedicadas a esta actividad; el último censo indica que existen 1,623. Sólo en la Ciudad de México hay 1,120.

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LAS DOS CARAS DE LA MONEDA
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Los conferenciantes mexicanos, por sus características especiales, podrían dividirse en dos tipos: “los profesionales de la motivación, quienes buscan lograr una mejora en la productividad y en las relaciones humanas dentro de una empresa o grupo determinado; y los que podríamos llamar líderes emocionales”, explica Santos.

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En el primero de los casos hay muchos especialistas con alto grado de profesionalismo y un fuerte carisma que sí repercute en el logro de ciertos objetivos, sobre todo en lo referente a la motivación de los trabajadores para dar lo mejor de sí mismos en beneficio de esa comunidad a la que pertenecen: la empresa.

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En el otro caso, el de los líderes emocionales, la situación es diferente. A decir de la investigadora, estos conferenciantes de la superación personal son una especie de predicadores con cierto carácter mesiánico. De alguna manera suplen, aunque sea por unas horas, la labor de los sacerdotes.

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Adler considera falso que un individuo pueda hacer grandes transformaciones de su vida en corto tiempo, como se plantea en algunas conferencias o cursos de superación personal, que a lo sumo duran un fin de semana. “El cambio de cualquier individuo es un proceso que debe desarrollarse y está comprobado que una actitud o conducta que se ha seguido por más de 15 años es difícil de erradicar”, asegura.

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Considera también que la mayoría, si no es que todos los que se dedican a dar este tipo de conferencias, ofrecen recetas obvias y superficiales y aseguran a sus oyentes que con un poco de esfuerzo podrán cambiar las actitudes negativas.

- -DIFERENCIAS Y SIMILITUDES
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Los conferenciantes de la superación personal coinciden, no obstante, en que cualquier persona puede ser mejor si lo decide, todo depende de la frase mágica “querer ser”. Difieren, sin embargo, en las formas. Para Cornejo, “lo fundamental es que el individuo encuentre la excelencia por medio de la motivación”. Para Santiago Jaimez, “la motivación no es suficiente, hay que saber cómo”.
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También tienen sus coincidencias: ambos opinan, junto con otros conferenciantes menos conocidos, que el sistema educativo mundial (especialmente en México) es malo y que la gente está urgida de saber más, de conocerse a sí misma y a la sociedad.

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“Investigador de la excelencia humana”, como él mismo se define, Cornejo considera que los principales problemas del mundo y de las empresas son la falta de valores y la deficiencia en los sistemas educativos, pues en las universidades sólo se enseña a cursar cualquier carrera para ganar más dinero. “No todo puede resumirse a sumas y restas (SIC), el pasaporte para el siglo XXI son los valores”, sentencia convencido.

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Rector fundador del Colegio de Graduados de Alta Dirección –que cuenta con 70 investigadores y 200 trabajadores en total–, Cornejo dice que su filosofía nada tiene que ver con religiones o sectas “raras”. En realidad, subraya, adoptó el concepto asiático de trabajar en grupo. “Es una combinación de sistemas estadounidenses con experiencias japonesas en las que baso mi enseñanza”, explica.

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Se sabe criticado e ironizado, incluso por gente que él admira, como Germán Dehesa, quien en uno de sus espectáculos incluyó un número en el que se refiere en forma cómica al estilo de predicar la excelencia. “En México el éxito nos produce envidia, no admiración. Los que me llaman peyorativamente motivador lo hacen por envidia, y la esencia de la envidia es la ignorancia.”

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Abunda: “¿Motivador yo? Ojalá lo fuera. México necesita de más motivadores. La palabra motivador viene de mover, de movimiento. Este país sería otro si una sola persona, el Presidente, fuera un motivador.” En la filosofía de Cornejo el factor humano no es una parte, sino la esencia del todo y, dice, “eso es lo que tratamos de introducir en las empresas mexicanas. 85% de las fallas que se tienen en una empresa de cualquier tamaño es producida por el líder o jefe. El pescado, recuerda, empieza a pudrirse por la cabeza”.

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LA RIQUEZA COMO SOLUCIÓN
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En una charla llena de frases muy a su estilo, Cornejo dice que cada vez hay más empresas mexicanas que han logrado la excelencia y pone de ejemplo a Bimbo y a Posadas de México. Entre las internacionales menciona a Sony, Bayer, Gillette y Disney. Ésta última, agrega, gana más del doble de lo que vende Pemex.

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“La excelencia no se logra explotando al trabajador y, a riesgo de parecer loco, creo que los empleados deben percibir tres salarios: el económico, el espiritual y el moral. Desafortunadamente en la mayoría de las empresas mexicanas sólo se otorga el primero, por lo que hacen de sus trabajadores una especie de mercenarios, de manera que nunca se sienten comprometidos con sus empresas. Las firmas más exitosas han sido aquellas que se comprometen con sus trabajadores y los hacen sentir parte de ellas.”

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Cornejo, quien reconoce ser el conferenciante que cobra más caro sus servicios –$20,000 dólares por conferencia–, ser dueño de autos importados y gustar de la buena vida y el buen vestir, asegura que explotar a otros seres humanos –“como se hizo en la antigüedad”– ya no es la forma de hacerse rico. “Me acusan de ser light, superficial y critican mi estilo, pero estoy seguro que no hay ninguna persona en México que logre recaudar $3 millones de dólares al año para beneficiar a niños desamparados en Latinoamérica.”

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Egresado del Instituto Politécnico Nacional en la carrera de Administración, Cornejo ha recibido reconocimientos de universidades, empresas y gobiernos en Francia, Alemania, Colombia, España, Estados Unidos, Honduras, Japón y México. Con 25 años como consultor de empresas y 15 como conferenciante de superación personal, ha dictado 3,000 conferencias en varios continentes, ha vendido más de cinco millones de libros, ha llenado el Auditorio Nacional tres veces consecutivas, ha escrito una enciclopedia, 30 libros y grabado 11 casetes. Su escuela tiene representaciones en 15 países y dicta en promedio 100 conferencias al año. “Sí, es cierto, cobro mucho, pero yo propongo la riqueza como la solución, no la pobreza”, se justifica.

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No sabe si es carismático y acepta que el hecho de llenar el auditorio se debe a una necesidad de la gente más que a su personalidad. “Mi intención es despertar la potencialidad de la gente y mi compromiso social es ayudarla a conocerse y hacerle saber que tiene aptitudes.”

- -LA COMPETENCIA
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Jaimez está consciente de la desconfianza que despierta este tipo de trabajo, “pues hay más charlatanes que gente seria”. No obstante, reconoce a Cornejo y Alex Dane como los colegas más serios y respetables.
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“Los verdaderos profesionales de la superación personal hacen un poco labor de apóstoles”, pues se sienten comprometidos a despertar a la gente y hacerla consciente de sus propias facultades, dice Jaimez.

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Alumno y admirador de Ronald Hubbard, padre de la dianética, Jaimez dirige la empresa Centro de Capacitación y Resultados, miembro también de Wise International.

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El futuro en el campo de las conferencias en México es muy promisorio, pues tanto las empresas como las personas requieren cada vez mayor preparación para competir en mejores condiciones. En este contexto, dice Jaimez, “los charlatanes irán desapareciendo. Se puede decir que ahora es una actividad incipiente, pero de aquí a 20 años será realmente importante”. De hecho, todas las empresas de este ramo ya están preparando a los futuros conferenciantes.

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“Mi futuro es promisorio, estoy trabajando para ello. La mayoría de los conferencistas que se dedican a esta actividad usan más la ‘rollología’ en lugar de dar herramientas precisas. Yo me baso más en la observación y el análisis externo, y en una tecnología del cómo hacer. Además de inyectar valores‚ me preocupo porque el beneficio sea para toda la gente.”

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Jaimez, que llena espacios de 1,200 localidades, pretende en un mediano plazo ser el conferenciante más reconocido: “El número uno ya lo soy. Dudo que en este momento haya una persona mejor preparada que yo en este campo.”

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Y acota: “El trabajo de Cornejo es valioso, aunque frecuentemente cae en estereotipos. Desarrolla una valiosa labor, pero en el futuro se necesitará de mayores conocimientos en áreas específicas porque la gente requiere de más y mejores herramientas que Cornejo no da, pues es un mero motivador y la motivación no es suficiente. Hay que decir el cómo.”

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Con licenciatura en ingeniería y 13 años de conferenciante, Jaimez dice cotizarse bastante caro, pero a cambio dicta conferencias gratuitas en su natal Guerrero. También expone que su labor social se extiende hasta las cárceles de Tijuana, donde ha redimido a varios presos.

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Sobre si los mayores beneficios se los lleva el conferenciante o el asistente, Jaimez, en un afán de honestidad, reconoce que ambos. Tanto gana económicamente el que dicta los cursos como emocionalmente el que los escucha. A veces –aquí coincide con Cornejo–, “cuando logra resolver alguno de sus problemas, gana más el asistente”.

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Convencido de los beneficios de la dianética, Jaimez lleva esta filosofía a sus conferencias, tanto a las de mercadotecnia, ventas –“mi fuerte”, dice–, cobranzas y servicios, como a las de superación personal. Y como prueba de su éxito, muestra decenas de cartas de agradecimiento que le han enviado empresas que reconocen su labor. Se pueden poner en entredicho los resultados de los cursos sobre motivación personal, se puede sospechar también de las filosofías, la tecnología y los métodos que usan para motivar a su público, pero en lo que cabe la menor duda es que los conferenciantes o líderes emocionales saben vender. Y vender bien.

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