Los buenos vecinos

¿Puede un grupo de mexicanos ahorrar para ayudarse unos a otros?
María José Martínez Vial

No es sólo uno de los municipios con mayor crecimiento demográfico en el país. Valle de Chalco, en el Estado de México, fue famoso el sexenio pasado como uno de los laboratorios del programa Solidaridad de combate a la pobreza. Cuentan sus habitantes que hasta entonces ninguna de sus calles estaba pavimentada, pero también hablan con demasiada frecuencia de familias numerosas que subsisten, más mal que bien, estirando como pueden el salario mínimo.

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Desde 1992, se dibuja una posibilidad de desarrollo. Ese año empieza a gestarse CAME (Centro de Apoyo al Microempresario), cuyo objetivo es apoyar al microempresario por medio de “micro financiamientos”, e impulsar el ahorro, en el Valle de Chalco, Chalco, e Iztapalapa. Y cuando se habla de micro financiamiento es en serio: el primer préstamo otorgado a un individuo no supera los $600 pesos. Suficiente, a juzgar por los resultados, para iniciar un pequeño negocio. El sistema es muy sencillo. Los interesados forman un grupo y se dirigen a CAME, que previa aportación de $40 pesos destinados al ahorro interno de los miembros, concede entre $400 y $600 pesos a cada “socio” del grupo. De este modo la persona puede, de manera individual o colectiva, iniciar su pequeño negocio: venta de dulces, de productos por catálogo, de antojitos, etcétera... Se trata de un crédito sin ningún tipo de fiador tradicional, pero que goza de una garantía quizá superior. El grupo se reúne cada semana, y pone las cuentas claras. Paga lo que deba a CAME, mete sus ahorros a la caja común, y puede pedir, si así lo desea, un crédito interno superior... que se va a ver condicionado por sus resultados, y por la constancia en sus pagos al centro de apoyo. Ganan la solidaridad, y la vigilancia del vecino...

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Después del primer crédito (a pagar en 16 semanas), y si todo marcha bien, CAME concede un segundo préstamo, más elevado: en función del éxito obtenido y de las necesidades del socio, la cantidad puede variar entre $800 y $7,500 pesos. El plazo de pago es siempre de 16 semanas, y la tasa de interés depende del mercado: en este momento, es de 5.5%.

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En el último año, el número de miembros de CAME ha pasado de 4,000 a casi 10,000; y el índice de mora ha sido nulo. “Era una cuestión de confianza –explica José Torales, Director Operativo de CAME–. Al principio la gente no entendía por qué les dábamos dinero a cambio de nada... Hay que pensar que tratamos con personas que no tienen acceso a la banca tradicional, y mucho menos a cualquier tipo de crédito. En esas circunstancias es lógico que no acabáramos de convencerlos. Pero una vez que van viendo que funciona, que el vecino vende comida y le va bien, se animan y llaman a la puerta... En este momento tenemos más de 250 grupos”. De los que, es importante señalar, 80% son mujeres con hijos.

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María Elena es miembro de CAME desde hace ahora dos años. Es casada y tiene dos hijos pequeños. Con un poco de dinero, y un mucho de ganas, ha instalado una pequeña pollería en la tienda de abarrotes que su mamá tiene en casa... Y ha aprendido mucho: ella misma va a la granja a comprar vivos los pollos, porque le salen más baratos si los mata y los pela por su cuenta; y de vez en cuando, echa un ojo a los precios del mercado municipal, para ajustar los suyos. “Estoy muy contenta, porque además de que tengo un trabajo, no descuido a los niños, que están todo el día conmigo”. “Funciona –añade Torales–, en seis años de trabajo hemos demostrado que los pobres no sólo pagan, sino que además tienen capacidad para ahorrar, y en lo fundamental cumplen sus compromisos”.

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