Los CEOS hacen sus maletas

Jóvenes y flexibles, los nuevos ejecutivos dejan pronto las empresas, dice Peter Cappelli, de Whart
Hernán Iglesias–Illa/ Nueva York

Peter Cappelli, profesor de management y director del Instituto de Recursos Humanos de Wharton School, la escuela de negocios que habitualmente ocupa el primer puesto en el ranking mundial de MBAS, ve con escepticismo las tendencias actuales sobre cómo se relacionan las empresas con sus empleados, y las dos palabras que con más frecuencia usa para describirlas son “velocidad” e “impredecibilidad”.

- Cappelli me recibió en su discreta oficina del campus de la Universidad de Pennsylvania, en Filadelfia. “Hay muchos movimientos aleatorios. Puedes tener un jefe mucho más viejo que tú, o mucho más joven. Se está haciendo todo muy impredecible”, dice Cappelli, comentando la película Mi nuevo jefe  (In Good Company), estrenada en Estados Unidos en Navidad y en la que Dennis Quaid, gerente de publicidad de una revista de deportes al estilo Sports Illustrated, tiene que reportar a un tiburón de 26 años (Topher Grace, de la serie That 70’s show) que fue designado su nuevo jefe después de que la revista cambia de dueños.

- Cappelli dice que Mi nuevo jefe (In Good Company) no solamente refleja la tendencia de que los ejecutivos son cada vez más jóvenes, sino que también muestra la inseguridad laboral, la sensación de que todo puede cambiar de un día para el otro.

- ¿Qué está pasando en el mundo de la organización empresarial? ¿Dónde quedó el ruido de hace algunos años?
Bueno, nadie sabe muy bien. Da la impresión de que en el futuro cercano  veremos cambios totalmente impredecibles en todos los sectores. Una de las cosas más claras es que los directores mundiales de las grandes firmas son cada vez más jóvenes, y que eso se debe a que los sistemas tradicionales para escalar en una compañía requerían que uno hiciera durante cierto tiempo determinado trabajo, y que elaborara lentamente su crecimiento y eso se ha debilitado.

- ¿Y ha sido reemplazado por…?
Bueno, ése es el tema. No sabemos bien qué es lo que lo reemplazó, pero sí está claro que las jerarquías y los organigramas se han aplanado tanto que casi desaparecen. La otra gran transformación que se está observando es que las personas se están cambiando mucho más de una compañía a otra.

- Hemos visto eso en la fuerza laboral normal y también en los ejecutivos. Se mueven, buscan nuevas oportunidades: hace algunos años, cuando uno pensaba en cómo hacer avanzar su carrera hacia la cima pensaba en las políticas de ascenso dentro de la empresa. Ahora es mucho más que eso, en estos tiempos también se contempla cambiar de puesto para encontrar la oportunidad de subir y así se decide cuándo es el momento correcto para dejar el empleo actual.

- Otra gran tendencia es que las relaciones laborales están modificando mucho. Cada vez es menos probable que la gente tenga un trabajo tradicional. Hoy pueden hacerlo como contratistas, como consultores, contratados para un proyecto especial, como free-lance, cada vez más gente trabaja con estos esquemas.

- ¿Son personas que ya trabajaron formalmente en las empresas?
En general, sí. Parece haber un camino más o menos predecible, en el que la gente empieza a trabajar en una compañía grande, después de la universidad, a través de una agencia de empleo temporal, y después del empleo momentáneo son contratados por la gran compañía. Posteriormente, con los años, se acercan al rango gerencial y en algún momento, por la razón que fuera, son despedidos. Son estas personas las que inician consultorías o pequeñas empresas.

- Observando a los altos ejecutivos: si los directores generales tienen 40 años, ¿a qué se dedican sus colegas que quedaron en el camino? Porque no todos pueden ser altos ejecutivos.
Lo que percibo es que personas que son nombradas vicepresidentes operativos, manejando una división importante de una empresa importante, aprovechan esa oportunidad al máximo, hasta que la compañía cambie de director general o de estrategia y despidan al equipo completo.

- Estas personas, que tienen entre 45 y 55 años, cuentan con mucha experiencia, pero su carrera laboral tradicional está terminada. Se juegan toda su vida por tener un rol líder durante cinco años y después saltan hacia fuera.

- ¿Invirtiendo quizá en pequeñas compañías?
Muchos lo hacen, sí. Otros prefieren dar clases, se convierten en profesores de la universidad. Pero el hecho es que están afuera del mercado corporativo y, muchas veces, fue voluntariamente a fuerzas, nunca  fue una elección propia. Es como que después de su último trabajo, la opción es ser director general o no ser nada. No quedan opciones para los que nunca llegan hasta el último escalón.

- ¿Se están adaptando estas personas a esta nueva tendencia o es algo difícil de aceptar?
Creo que se están adaptando, pero es difícil. Aunque se está haciendo más fácil, especialmente porque son ricos. Si quisieran jugar el juego corporativo otra vez, tendrían que dar un par de pasos hacia atrás y aceptar un sueldo más bajo. Me decían el otro día que en IBM casi nadie se retira, que la inmensa mayoría de la gente deja la empresa antes, para probar suerte en pequeños proyectos personales o en start up (puesta en marcha de proyectos) tecnológicos.

- ¿Qué tipo de persona hay que ser para llegar rápido a la cima?
Son muy diferentes de los jefes comunes de hace 20 años. Entonces se hablaban del hombre de empresa (organization man), alguien que trabajaba toda su vida en la empresa, se identificaba con sus valores, alguien que trataba de no ser demasiado visible, que trataba de adaptarse. Todos los hombres de empresa usaban la misma ropa, eran callados y reservados: no presumían, no llamaban la atención, eran casi como empleados públicos en una empresa privada. Ahora es todo lo contrario. La gente que llega a la cima tiene que ser hábil para auto promocionarse y venderse a sí mismos, encontrar algo de ellos que llame la atención de los demás. Incluso si esa atención no es lo que la empresa quiere.

- Los jefes suelen decir que quieren empleados que sean críticos y tengan iniciativa propia, pero al final siempre tienen debilidad por los obedientes y los halagadores.
Es verdad. Mi sensación es que las compañías quieren empleados un poco más agresivos, y que esto lo consiguen mejor cuando contratan gente nueva, pero es algo contradictorio porque en sus políticas internas siguen valorando la obediencia y la rutina. De todas maneras, si uno ve a las personas que llegaron a la cima, ve ejecutivos agresivos, con mayor tendencia a la confrontación que a decir “sí, señor”.

- ¿De qué área provienen los CEOs?
De finanzas. Los financieros son los que más rápido llegan hasta la cima. Refleja lo importante que es para estas compañías mantener felices a los inversionistas y accionistas, ése el asunto principal. Porque otra cosa que cambió es la estructura salarial, que antes estaba bloqueada, mismo puesto, mismo sueldo, y ahora está completamente abierta. Todo, hasta las prestaciones y el rango de sueldos.

- ¿Es cierto que las nuevas generaciones están menos preocupadas por el dinero y que piden a sus empresas compensaciones de calidad de vida, como más vacaciones?
Bueno, en 1999-2000, cuando el mercado laboral estuvo muy dinámico, gracias al crecimiento de las firmas de internet, los candidatos empezaron a reclamar este tipo de cosas, y las empresas desesperadas por conseguir buenos empleados cedieron. Ahora, que el mercado laboral está mucho más apretado, aunque los empleados siguen preocupados por la calidad de la vida, por lo menos nuestros estudiantes ya no piden nada en las entrevistas, porque tienen miedo de quedarse desempleados. La mayoría de nuestros estudiantes tienen una historia laboral de cuatro o cinco años, y casi todos han trabajado como perros. He sido profesor aquí durante 15 años, y he visto el cambio. Antes, uno podía ver que los jóvenes banqueros de inversión trabajaban como perros, pero en estos momentos todos trabajan excesivamente, con 70 u 80 horas por semana. Entonces, cuando llegan a los 28 años están muy cansados, están quemados, y buscan un balance entre el trabajo y la familia. De todas formas, cuando la economía no crece lo suficiente, aceptan lo que les ofrecen.

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