Los dolores del crecimiento

Más que la amenaza de una crisis política, el mayor peligro que enfrenta el crecimiento de China e
Thomas L. Friedman

SHANGAI, China – Esto no se ve todos los días: recientemente un columnista de The China Daily escribió un ensayo proponiendo que los chinos consideren la posibilidad de comer con las manos y abandonen los palillos. ¿Por qué? Porque, escribe Zou Hanru, “ya no contamos con abundante cubierta forestal, la tierra ya no es tan verde, se están agotando nuestras fuentes de agua y nuestras cifras se expanden más rápidamente que nunca. China usa 45,000 millones de palillos desechables al año, o 1.66 millones de metros cúbicos de madera o 25 millones de árboles”. A medida que los chinos elevan poder adquisitivo, agrega, “aumenta la demanda de casas más grandes con una variedad más amplia de muebles y los periódicos tienen más páginas en su apuesta por atraer una parte mayor del mercado publicitario”.

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Ante las presiones ambientales, dice, China tiene la obligación de abandonar los palillos de madera y optar por el acero inoxidable o usar las manos.

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Zou pone el acento en que, si bien el crecimiento económico de 9% año tras año puede ser económicamente sustentable para China, el país está alcanzando su límite ambiental. Esta presión es lo primero que sorprende cuando uno pone un pie en  Shangai. Se puede sentir en los 90 minutos de espera para que sellen su visa en el aeropuerto, aplastado entre turistas chinos e inversionistas de visita, que uno está en un país comprometido con el capitalismo extremo. Cada una de las personas en la fila de visas habla por su celular o usa su PDA como si no pudieran esperar a terminar con los controles aduaneros para comenzar a hacer negocios.

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Sucede que China no sólo ha dejado de ser un país comunista, sino que se ha transformado en el país más capitalista del mundo en el sentido más literal. Creo que la historia va a recordar al capitalismo chino como el fin del socialismo europeo. Europa ya no puede sostener su semana laboral de 35 horas ni sus estados pueden derrochar asistencia social debido a la competencia en aumento de China (con bajos salarios y grandes aspiraciones), al igual que India y Europa del Este.

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¿Pero hay algo que pueda frenar al capitalismo chino? Sí, el capitalismo chino.

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Más que la amenaza de una crisis política, el mayor peligro del crecimiento es el medio ambiente. El año pasado el Sam’s Club de Shenzhen vendió 1,100 acondicionadores de aire en un fin de semana caluroso. Los líderes chinos son conscientes de ello y han estado tomando medidas para revertir la deforestación y encontrar alternativas energéticas que reemplacen las plantas de carbón que convirtieron a ciudades como Shenzhen en una gran nube gris.

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Algo que está haciendo el gobierno es cambiar el modo de juzgar a sus funcionarios. El crecimiento del PIB ha dejado de ser la única medida. “Durante el periodo de transición de una economía planificada a una economía de mercado, hubo un periodo en el cual los indicadores económicos eran los únicos criterios, porque teníamos que desarrollar la economía”, me comentaba Feng Guoquin, alcalde comisionado de Shangai. Sin embargo, hoy los ciudadanos chinos exigen que sus funcionarios locales “presten igual atención al desarrollo económico y la protección ecológica”.

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Pero ante el hecho de que la legitimidad del partido comunista se basa en su habilidad por mantener el alza en los estándares de vida, no puede darse el lujo de una recesión y  desempleo masivo, y los funcionarios van a optar siempre por el desarrollo puro. El partido no puede permitirse una recesión, y también tiene que extender el crecimiento a las áreas rurales que siguen siendo sectores pobres. Pero muchos de estos pueblos ya están ardiendo, porque si bien su gente desea empleos, también no quieren la deforestación, los diques y ríos contaminados con los que las grandes ciudades ya los han afectado.

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Si China continúa creciendo a este ritmo, su impacto en el medio ambiente global será, sin duda, desastroso: tanto para China como para el mundo.

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Las leyes más estrictas no van a salvar el medio ambiente chino o el del mundo. Desde que en 1998 se prohibió la tala de árboles en la mayoría de los bosques de este país, el deseo de China de madera importada ha llevado a la devastación de los bosques en Rusia, África y Brasil. China simplemente subcontrató su degradación ambiental en otros países.

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Es por eso que se necesita una solución integral. Y por esta razón es que la estrategia principal que EU y China deben buscar, de manera conjunta, es la que reúna a empresas, gobiernos y organizaciones no gubernamentales en un proyecto para lograr formas de desarrollo sustentable para que China pueda generar un modelo para sí y para los otros países acerca de cómo hacer más cosas con menos elementos y menos emanaciones. Éste es el tema económico, ambiental y de seguridad nacional de nuestros días. No hay otro tema que ni siquiera se le aproxime en importancia.

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©.2005 New York Times News Service

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