Los empleos y la base de la pirámide

Si logramos que los jóvenes estudien con el objetivo de crear su propio negocio, podremos resolver

La gran mayoría de los jóvenes estudian su carrera con el propósito de encontrar un espacio en las filas de las grandes corporaciones. La mala noticia es que llevamos muchos años generando un déficit de plazas de trabajo y no hay señales que nos hagan suponer que esta realidad cambiará. No hay ni habrá empleos suficientes para los mexicanos que, año con año, salen de la universidad.

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Baste con observar lo que ocurre en Estados Unidos: un fenómeno que los analistas llaman jobless recovery (la recuperación sin empleo). La locomotora económica del mundo está de regreso, no así las fuentes de trabajo. Hasta septiembre pasado, ya en medio de la reactivación, la economía del país vecino ocupaba a 2.7 millones de personas menos que en marzo de 2001, fecha en que inició la recesión. No hay nada que deje vislumbrar una tendencia generosa con quienes pretenden contratarse.

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Con estos escenarios, más vale que modifiquemos la óptica con que formamos a los jóvenes. No podemos continuar con un sistema educativo que propicia la cultura de buscadores de trabajo e ignora la de creadores de empleo. Nuestra economía está urgida de emprendedores que se contraten a sí mismos, y que poco a poco generen plazas para otros. La industria manufacturera, tradicionalmente intensiva en mano de obra, pasa por malos momentos, por lo que las nuevas generaciones deberían concentrar su talento en otros ramos, como turismo, construcción de vivienda e infraestructura, comercio especializado, hospitales privados, servicios financieros no bancarios, desarrollo de software, bioquímica, ingeniería genética, etcétera. Con esa óptica está trabajando la Fundación ProEmpleo Productivo, por ejemplo, que en muy poco tiempo ha apoyado a más de 11,000 personas (la mayoría desempleadas) con capacitación y asesoría para el autoempleo y la creación o mejora de microempresas.

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El mercado interno ahí está, pero debe desarrollarse. A esto, mentes como las de José Bernardo Toro (Centro Colombiano de Responsabilidad Empresarial), Daniel Servitje Montull (Bimbo), Enrique González Torres (rector de la Ibero), Clemente Serna Alvear (Grupo Editorial Expansión), Juan Enríquez Cabot (Life Science Project de Harvard), Alfredo Achar (Comex), Francisco Gil Díaz (secretario de Hacienda), Marcia Carvalherias (Avon Brasil), Jorge Vergara (Omnilife), Manuel Arango (Grupo Concord) y Ted London (Base of the Pyramid Laboratory de la Universidad de Carolina del Norte), entre muchos otros, dedicaron tres días de vigorosas reflexiones, en el encuentro Empresa y Sociedad: la oportunidad invisible. La llamada base de la pirámide, el sector que no tiene acceso a los bienes y servicios del mercado, puede ser un factor exponencial de crecimiento en México. Cerrar los ojos a estas posibilidades refleja una miopía grave. Aquí hay una verdadera oportunidad.

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