Los errores se pagan

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Arturo Damm Arnal

El autor es economista egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana. Realizó también estudios de filosofía en la Universidad Panamericana, donde actualmente es profesor en la Escuela de Economía y en la Facultad de Filosofía.

- Tres fueron los principales errores que, en materia de política económica, cometió el gobierno salinista. Primero: haber utilizado el tipo de cambio como ancla del programa antiinflacionario. Segundo: haber dependido de manera excesiva de la inversión extranjera financiera, por naturaleza especulativa y, por lo tanto, inestable y desestabilizadora, sobre todo ante el tipo de eventos que vivimos en el país el año pasado. Tercero: haber permitido (consecuencia directa del primer error) la sobrevaluación del tipo de cambio, lo cual quiere decir que el deslizamiento diario de no más de 40 viejos centavos (y la devaluación de 11% que el mismo ocasiono del 1 de enero al 19 de diciembre del año pasado) fue insuficiente. Llegó un momento en el cual la inversión financiera huyó del país, en que la sobrevaluación fue insostenible, y en el cual el ancla antiinflacionario sirvió precisamente para lo contrario: hoy las presiones inflacionarias las originó la devaluación. La lección vuelve a ser la misma: tarde o temprano los errores se pagan. El problema en la economía mexicana es que siempre acaban pagando justos por pecadores.

- Las consecuencias de los errores, hasta el momento, han sido: la devaluación y la crisis financiera que ésta desató, y las presiones inflacionarias y recesivas que, consecuencia de lo anterior y del programa que el gobierno viene aplicando, ya se dejan sentir en la economía.

- Este será un año de estancamiento con inflación: según las proyecciones del gobierno, el PIB decrecerá en 2% y los precios al consumidor aumentarán en 42%. Comparemos: el año pasado la inflación fue de 7.01% y el crecimiento de la actividad económica fue de 3.5%. Ello implica que este año la inflación será 500% mayor que la de 1994, al tiempo que el crecimiento del PIB será 157% menor. La estanflación (neologismo que significa "estancamiento con inflación") ha vuelto a aparecer después de nueve años de ausencia. Fue en l980, en plena época delamadridista, cuando en la economía mexicana se registró por última vez un crecimiento negativo del PIB, combinado con un repunte inflacionario. En aquel entonces el repunte inflacio-nario fue de 63.7% (ahora será de 500%) y la desaceleración del crecimiento fue de 242% (ahora será, únicamente, de 157%).

- La estanflación que el gobierno proyecta para este año implica, además, que se perderá la tendencia correcta que ya había observado la economía mexicana, después de cuatro años de no hacerlo, durante 1994. El año pasado fue, en comparación con 1993, un año de mayor crecimiento (3.5% contra 0.4%), y de menor inflación (7.01 % contra 8.01 %). Tal combinación no la teníamos desde 1989, año que, comparado con 1988, fue de mayor crecimiento y menor inflación. 1990 fue un año de mayor crecimiento pero de mayor inflación; los tres años posteriores fueron de menor inflación pero, también, de menor crecimiento. Fue hasta 1994 cuando se logró la combinación de mayor crecimiento con menor inflación, lo cual nos puso (desafortunadamente por muy poco tiempo) en el camino correcto hacia inflaciones anualizadas no mayores a 3% y hacia crecimientos del PIB no menores a 6% por año. Todo ello se ha vuelto a convertir por enésima vez en los últimos 20 años- en una meta lejana.

- Lo importante es que los errores no se vuelvan a repetir. Al respecto cabe preguntarnos si el Programa de Acción para Reforzar el Acuerdo de Unidad para Superar la Emergencia Económica, dado a conocer por el gobierno el pasado 9 de marzo, cuenta con los elementos para evitar esta repetición. La respuesta es doble. En primer lugar, mientras el tipo de cambio siga flotando libremente en el mercado, resulta imposible, primero, convertirlo en ancla de la estrategia antiinflacionario y, segundo, que se sobrevalúe. De tal manera que con la libre flotación se evitan los errores uno y dos, lo cual no es poco, pero tampoco es todo.

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- Falta evitar el volver a depender excesivamente de la inversión extranjera financiera, para lo cual hay que transformarla (ante la necesidad que tenemos de los capitales del exterior) en inversión directa. Los recursos que integran el fondo de rescate financiero ($50,759 millones de dólares) se utilizarán íntegramente para apoyar a los deudores mexicanos (fundamental mente el gobierno y la banca comercial) en el cumplimiento de sus obligaciones para con los acreedores extranjeros.

- De tal manera que para complementar el insuficiente ahorro interno, y para generar la inversión productiva que nos permita crecer y crear empleos productivos en el sector formal de la economía, necesitamos incentivar los flujos de inversión extranjera directa hacia la economía mexicana. Y son estos incentivos los que brillan por su ausencia en el nuevo programa económico. Se comete el error de volver a privilegiar la inversión extranjera financiera sobre la directa, de darle prioridad a la especulación sobre la producción. Muestra de ello son los niveles que han alcanzado las tasas de interés, y los niveles que de las mismas se han proyectado para todo el año, que sólo favorecen al inversionista financiero y perjudican a la planta productiva. ¿Cuánto nos puede llegar a costar este error?

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