Los ex presidentes

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Alfonso Zárate

Es tiempo de derrumbes. La ex presidencia, como la conocimos, es otro tabú que aparece arrumbado, desvencijado.

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Tocó a Lázaro Cárdenas recuperar para la institución presidencial los enormes atributos que le había expropiado el Jefe Máximo. La expulsión de Plutarco Elías Calles fijó la regla: los ex presidentes tenían prohibido meterse en política. Debían pasar de la gloria al purgatorio.

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Gustavo Díaz Ordaz vivió los seis años posteriores a su mandato exiliado en su propio país; Echeverría –quien llegó a pensar en establecer un Minimato–, debió mudarse, con todo y guayaberas, a las Islas Fidji; López Portillo no podía aparecer sin correr el riesgo de enfrentar ladridos; Miguel de la Madrid deambula casi ignorado y Carlos Salinas intercambia, entre Dublín y La Habana, su lugar para el destierro.

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Otra regla no escrita obligaba a los ex presidentes a guardar silencio en torno a los mecanismos de la sucesión. Testigos, historiadores y estudiosos ofrecieron sus testimonios, hallazgos o hipótesis en torno a ese hoyo negro. Pero el Gran Elector preservaba el enigma. La política como cábala y esoterismo: poca democracia y mucho misterio.

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Don Adolfo el viejo descorrió tímidamente el velo: “Corresponde al Presidente de la República la grave responsabilidad de interpretar qué es lo que quiere y necesita el pueblo de México”. Echeverría, en sus conversaciones con Luis Suárez, admitió sin rodeos la paternidad del niño.

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En sus memorias, José López Portillo describió su proceso de iniciación y la manera en que el 17 de septiembre de 1975, luego de un acuerdo rutinario, su jefe y amigo entrañable le preguntó: “¿Aceptaría la responsabilidad de todo esto?”

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Hoy los ex presidentes hacen presencia de muy diversas maneras en la vida pública... El propio Zedillo los convoca (salvo al señor de Dublín) al aniversario del PRI. Echeverría, el inasible, el que no controla ni a sus nietos, le tuerce la mano a su sobrino y aparece robando cámara junto al nuevo líder del PRI... De la Madrid advierte sobre el riesgo de fracturas... Salinas, desafiante, envía señales que decodifica su destinatario.

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Los ex presidentes exhiben crudamente en sus palabras, en sus silencios, pero, sobre todo, en su legado, la erosión del presidencialismo y del régimen político. Acumulación y sobreposición de excesos: el autoritarismo de Díaz Ordaz, el populismo de Echeverría, la frivolidad de López Portillo, la mediocridad delamadridiana, la astucia megalómana de Salinas.

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Y uno tiene que preguntarse si en este tiempo político los ex presidentes son un “activo” del régimen. Su activismo de última hora introduce un elemento adicional de incertidumbre al agitado escenario de fin de sexenio. ¿Qué quieren los ex mandatarios que declaran un día sí y otro también? ¿Qué le suman, sino descrédito, a su partido y al gobierno de la república? En el México de hoy el tamaño de la frustración social corresponde al desprestigio de los ex presidentes.

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Finalmente, dos preguntas en prospectiva. ¿Cómo será la ex presidencia de Ernesto Zedillo –personaje crepuscular, le llama Consuelo Sáizar?–. La segunda (que ya debe estarse haciendo): cuando sea ex presidente, ¿quién podrá defenderlo?

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El autor es director de Carta Política Mexicana

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