Los medios y los presidenciables

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Jorge Zepeda Patterson

Si alguien dudaba de que los votos ahora se ganan en los medios de comunicación y no en los mítines, en la mercadotecnia y no en los proyectos de país, ahí están la visita de Fox al programa de Eugenio Derbez y la de Madrazo al show de Adal Ramones. Según una muestra, 51% de los telespectadores que vieron este último programa asegura que su opinión sobre el tabasqueño mejoró luego de la entrevista en la que los huevos, el chile y el plátano fueron los principales ingredientes. Son suficientes votos como para compensar el riesgo de quedar en ridículo.

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Los medios no constituyen sólo la plataforma que permite tener acceso a los votantes, también se convierten en el árbitro que, en buena medida, dictamina y evalúa las posiciones que cada uno guarda en la carrera presidencial. Las principales encuestas y sondeos de opinión son realizadas por encargo de periódicos y canales de radio y televisión. Además del festival de números resultante y las dudas sobre cobertura y metodología, todas dicen representar a la opinión pública.

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En las últimas elecciones se ha puesto de moda hacer “monitoreos” a los medios de comunicación con el objeto de revelar la cobertura que cada medio otorga a los candidatos. Es un procedimiento útil porque obliga a los medios a pluralizar sus reportajes. Sin embargo, deja de lado algo más sustancial: un gesto de Javier Alatorre o una entonación de Pedro Ferriz son más importantes que el número de palabras.

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La relación cada vez más estrecha entre prensa y procesos electorales es recíproca. Así como los medios de comunicación definen en gran medida la lucha por el voto, las campañas provocan efectos importantes en las empresas periodísticas. Para empezar, todos quieren un pedazo de los enormes presupuestos publicitarios de las campañas. Pero como los recursos proceden de todas las fuerzas políticas, algunos periódicos y radiodifusoras han tenido que perder o disimular su filiación oficialista para poder anunciar al PAN y al PRD, y eso sólo se consigue pluralizando la cobertura.

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También hay efectos negativos. La profusión de candidatos y los recorridos por todo el país obligan a las empresas periodísticas a destinar recursos crecientes para cubrir los muchos frentes noticiosos. Esto ha terminado por separar a las grandes empresas de las pequeñas.

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La buena noticia es que progresivamente se va eliminando el dedazo como método para elegir a nuestros gobernantes y cada vez más la opinión pública adquiere un papel decisivo; la mala es que la opinión pública hace esta tarea a través de los medios y la publicidad. Es un fenómeno reciente por su intensidad que abre zonas inéditas muchas de ellas peligrosas para la vida pública. Es demasiado lo que está en juego y muy poca la atención que ha merecido esta vinculación entre prensa y elecciones. Convendría seguirla de cerca.

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El autor es subdirector del periódico El Universal

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