Los primeros 100 días

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Alfonso Zárate

Esto apenas comienza… Y lo que hemos visto en los primeros tres meses de gobierno foxista es, diría José Alfredo, “la enorme distancia” entre lo que se quiere y lo que se puede.

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Buena parte de estos 100 días han sido, para Fox y su equipo, un periodo azaroso de aprendizaje: desde el inventario de las oficinas, hasta el conocimiento de las funciones de cada botón de la maquinaria del Estado.

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Poco a poco, el Presidente y su grupo disputan al ancien régime los hilos del poder. Fox ha tenido que enfrentar resistencias autoritarias (Tabasco y Yucatán), inercias burocráticas y reacciones “antisistémicas” de actores parapetados en la ilegalidad (narcotráfico, grupos armados).

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Además del aprendizaje y la consolidación del mando, el gobierno ha enfrentado problemas cotidianos, ha dado sus primeros pasos y tropiezos, ha hecho y dejado de hacer.

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El balance preliminar es ambiguo. La luna de miel de los primeros días incluyó las decisiones presidenciales para avanzar hacia la paz en Chiapas ––la designación de Luis H. Álvarez como comisionado, la presentación ante el Congreso de la Unión de la iniciativa sobre derechos y cultura indígenas, el repliegue del Ejército en varios puntos de la zona del conflicto––; la respuesta eficaz (y efectista) frente a la emergencia del volcán y la negociación del presupuesto.

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Llegó la cuesta de enero. La rebelión de los caciques del sureste (conflictos electorales en Tabasco y Yucatán), el antimetichismo como nueva filosofía política;  el golpeteo de los medios, en particular hacia su secretario de Gobernación, Santiago Creel; la crisis de las instituciones penitenciarias y de seguridad que detonó con la fuga de el Chapo Guzmán; la polémica inclusión de cuatro empresarios en el Consejo de Administración de Pemex y el retorno de los zapatistas a los reflectores de la política.

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Por último, las señales encontradas de febrero. La “revisión integral” de la Constitución, que representa la respuesta foxista al reclamo de acompasar el cambio político con la puesta al día de nuestras instituciones y leyes; luego, la cumbre anticlimática entre Bush y  Fox, ensombrecida por el humo que dejó el bombardeo de las fuerzas aliadas ––encabezadas por Estados Unidos–– a Irak y el boom zapatista provocado por la marcha hacia la ciudad de México, que coloca al gobierno en una posición delicada: como responsable de la seguridad de los comandantes zapatistas, pero sin la interlocución directa con el grupo armado.

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Todo lo anterior envuelto en una costosa ofensiva massmediática (“hay que pagar para comunicar” ha dicho) de un primer mandatario que critica al viejo presidencialismo omnipresente, pero ejerce una Presidencia que copa todos los espacios y que sigue en campaña.

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El autor es director general de Grupo Consultor Interdisciplinario, S.C.

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